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El Eco Detrás De La Cortina

El Eco Detrás De La Cortina

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Edad media / Romance / Completas
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Para la alta sociedad de Mayfair, Lady Lysandra Ashford lo tiene todo: belleza, fortuna y un compromiso idílico con el codiciado Lord Lucian Prescott. Sin embargo, la ilusión se quiebra la noche en que descubre que su prometido solo buscaba ganar una apuesta de club y acceder a la riqueza de su padre. Con el corazón endurecido por la traición, Lysandra rompe el compromiso y jura no volver a entregarse a las redes del amor romántico.
​Obligada a regresar a los salones de baile para limpiar el nombre de su familia, su camino se cruza con el de Lord Gideon Ravenscroft, el nuevo e inmensamente rico Duque del Norte. A pesar de su imponente presencia física y su estatus inalcanzable, Gideon oculta un defecto catastrófico: una incapacidad total para desenvolverse en la hipocresía social de la capital. Lo que comienza como un pacto de conveniencia —donde ella le enseña a navegar por las garras de la aristocracia a cambio de mostrarse juntos— pronto despierta una atracción incontrolable.

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La confesión bajo el crepúsculo

​Sin decir una sola palabra, Lysandra se giró y caminó rápidamente hacia las dobles puertas de cristal que conducían a la terraza exterior. El aire fresco de la noche la recibió, pero no hizo nada para enfriar el calor de rabia y agitación que le devoraba las entrañas.

​Gideon la siguió inmediatamente. Sus pasos largos y pesados resonaron sobre la piedra de la terraza hasta detenerse a poca distancia de ella.

​—Lysandra... ¿sucede algo malo? —preguntó él con tono preocupado, observando la rigidez en los hombros de la joven—. ¿Se siente mal? Si es por la multitud, podemos marcharnos ahora mismo.

​Lysandra se giró bruscamente hacia él, con los puños apretados contra la tela de su vestido esmeralda.

​—No es la multitud, Gideon —dijo ella con la voz temblando por la emoción contenida—. Era esa mujer. La forma en que lo miraba, la forma en que lo tocaba... No pude soportarlo.

​Gideon parpadeó, completamente desconcertado por la reacción.

​—Ella solo estaba preguntando por las propiedades del carbón en el norte... Intenté aplicar la lección de indiferencia que me enseñó...

​—¡No me importa el maldito carbón! —lo interrumpió Lysandra, dando un paso impulsivo hacia él. La fachada de compostura aristocrática se agrietó por completo, dejando al descubierto la vulnerabilidad cruda de su corazón—. No pude soportarlo porque sentí celos. Unos celos espantosos, egoístas e incontrolables.

​Gideon se congeló. Sus ojos grises se abrieron de par en par, fijos en el rostro de Lysandra.

​—¿Celos? —susurró él, como si la palabra fuera un concepto extranjero en su mente.

​—Sí, celos —admitió ella con una mezcla de desafío y devoción, mirándolo directo a los ojos—. Cuando regresé a la sociedad, me prometí a mí misma que jamás volvería a entregar mi corazón a un hombre. Pensé que el amor era una farsa, una trampa. Pero usted... usted destruyó todas mis defensas sin siquiera intentarlo. Me he enamorado de usted, Gideon. De su honestidad, de su torpeza, de la fuerza de sus manos y de la pureza de su alma. Me he enamorado completamente de usted.

​El silencio que siguió cayó sobre la terraza como un manto denso. Lysandra sintió que el corazón se le desbocaba en el pecho, temiendo por un segundo haber destruido la única relación sincera de su vida.

​Pero Gideon no vaciló. No hubo tartamudeos, ni miradas al suelo, ni explicaciones meteorológicas.

​El gigante de piedra dio un paso firme hacia adelante, cerrando la distancia entre ambos. Su rostro se volvió una máscara de una intensidad absoluta, devoradora y limpia de cualquier duda social.

​—No tuvo que enseñarme a amarla, Lysandra —dijo Gideon con una voz grave, profunda y cargada de una certeza estremecedora—. Me enamoré de usted desde el primer segundo en que la vi en aquel salón de baile, parada junto a las cortinas como una reina entre plebeyos. No he mirado ni miraré a ninguna otra mujer en este mundo. Soy suyo. Absolutamente suyo.

​Las palabras de Gideon cayeron sobre Lysandra como una ola de calor abrasador. La emoción, el alivio y una pasión reprimida durante meses estallaron dentro de su pecho de forma incontrolable.

​Incapaz de contenerse un segundo más, Lysandra se alzó sobre las puntas de sus pies, colocó sus delicadas manos en el cuello de la camisa de Gideon y atrajó su rostro hacia el suyo, uniendo sus labios en un beso desesperado y dulce.

​El contacto fue suave por apenas un segundo. Pero lo que ocurrió a continuación sobrepasó cualquier expectativa o cálculo.

​Al sentir los labios de Lysandra contra los suyos, al oler su perfume de jazmines y sentir la calidez de su cuerpo entregándose a él, algo ancestral y profundo dentro de Gideon se rompió por completo. La contención, la timidez y la reserva que habían gobernado la vida del Duque del norte desaparecieron en un chasquido.

​Un rugido bajo, sordo y gutural brotó de la garganta de Gideon.

​En un movimiento fluido y aterradoramente rápido, sus enormes y poderosas manos sujetaron la cintura de Lysandra con una firmeza de hierro, levantándola ligeramente del suelo y pegando su cuerpo contra el suyo con una fuerza posesiva e irresistible. La timidez del Lord educado se evaporó; en su lugar emergió una presencia salvaje, dominante y febril.

​Gideon profundizó el beso con una voracidad dominante, aprisionando los labios de Lysandra, devorándola con un hambre contenida que parecía haber estado acumulándose durante siglos. Su lengua reclamó la boca de ella con una pasión diestra, intensa y arrolladora que le quitó el aliento a la joven por completo.

​Lysandra dejó escapar un gemido ahogado contra sus labios. Sus rodillas se volvieron de agua ante la acometida sensual y dominante del hombre que hasta hace unos minutos apenas podía mantener la mirada a una viuda. Sentir la dureza de su pecho contra el suyo, la presión implacable de sus manos en su espalda y el fuego primitivo que emanaba de Gideon le envió una descarga eléctrica por cada rincón de la espina dorsal.

​Gideon la arrastró suave pero firmemente hacia la sombra más oscura de la terraza, acorralándola contra la fría pared de piedra del palacio. Sus labios descendieron de su boca para trazar un camino de besos ardientes por su mandíbula hasta la curva sensible de su cuello, mordisqueando suavemente la piel suave mientras su respiración agitada quemaba la piel de Lysandra.

​—Mía... —gruñó Gideon contra su cuello con una voz oscura, áspera y cargada de un deseo salvaje que hizo temblar a Lysandra hasta la médula—. Di que eres mía, Lysandra.

​Lysandra echó la cabeza hacia atrás, enredando los dedos en el denso cabello negro de Gideon, completamente embriagada por el despertar del titán que yacía oculto bajo la armadura de la torpeza social.

​—Suya... —susurró ella sin aliento, rendida ante la fuerza irresistible y apasionada del verdadero Gideon Ravenscroft—. Siempre suya.

1
mar
me gusta esta novela ,, me llamo la atención el titulo y no me decepciono.
mar
hasta ahora veo una historia buena,la recomiendo
Gs GS Rubiisita
pinta bien me atrapó ,veamos que sigue☺️
Maredys Marquez
genial
Maredys Marquez
saludos amiga escritora felicidades lo que llevo leído de la obra me encanta..
lizro taon: ñm4tgf4w
total 2 replies
Gloria Rodríguez
Muy bonita
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