Valeria Wiranata creía saberlo todo sobre su vida: un matrimonio estable, un hogar donde creció, una familia que la aceptó. Pero la noche de Año Nuevo, todo se derrumba cuando descubre a su esposo Adrián en la cama con su propia hermanastra, Ámbar.
Divorciada y despojada de todo, Valeria se enfrenta a una verdad todavía más devastadora: la familia que la crió jamás la quiso. Roberto Kusuma, el hombre al que llamó padre durante años, solo la acogió por interés. Patricia, su madrastra, la trató como sirvienta. Y Ámbar, la hija consentida, le robó al marido sin remordimiento alguno.
Cuando la vida de Valeria parece tocar fondo, aparece Dominic Alexander: el CEO más temido del mundo empresarial, frío como un témpano ante todos... excepto ante ella. Dominic no solo le ofrece un puesto como directora de una empresa recién adquirida, sino que empieza a desmantelar, una por una, las vidas de quienes la lastimaron.
Pero Dominic guarda un secreto: conoce a Valeria desde la infancia. Y sabe algo sobre su verdadero origen que cambiará para siempre el tablero de poder.
Detrás de cada movimiento corporativo hay una jugada personal. Detrás de cada acto de venganza, un acto de amor. Y detrás de la mujer que todos subestimaron, se esconde la heredera de una de las fortunas más grandes del país.
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La ex familia
—Para que lo sepan, la casa en la que viven está a nombre de mi mamá, Isabel Wijaya. Ustedes dicen que me criaron, pero en realidad me dejaron buscarme la vida sola. La comida y la bebida que me daban, las pagué de sobra siendo su sirvienta gratis. ¿Qué otra deuda queda? Ya la saldé por completo —afirmó Valeria.
—¡Y ahora! Sin ningún pudor, pretenden que los considere familia. Hasta las hormigas se morirían de risa al ver esto —Valeria desahogó su rabia.
—No soy ninguna santa; soy un ser humano que tiene un límite. A partir de ahora, no quiero volver a verlos —sentenció Valeria.
—Tch, qué presumida —replicó Ámbar.
—¿Y qué? No te afecta en nada —respondió Valeria.
—Valeria es orgullosa porque tiene motivos para serlo. En cambio, ustedes... muertos de hambre y con un orgullo que no les cabe —soltó Dom con sarcasmo.
Ámbar intentó agarrar a Valeria del cabello, pero Dom se le adelantó.
Jaló a Valeria hacia su pecho, así que Ámbar solo alcanzó el aire.
Ámbar trastabilló por el impulso fallido.
—Ay, mi vientre —se quejó Ámbar con una mueca de dolor.
Valeria puso los ojos en blanco, harta de ver el enésimo drama.
El parpadeo furtivo de Ámbar no le pasó desapercibido a Dom.
—Papá, me duele el vientre —repitió Ámbar.
—Valeria, señor Dom: si algo le pasa al bebé que Ámbar lleva en el vientre, se van a arrepentir —Patricia clavó la mirada en Valeria y luego en Dom, alternando con furia.
—Ya, mamá, no vale la pena. Ella nunca va a entender algo así. Porque es estéril —comenzó Ámbar a provocar.
—Ay... me duele mucho aquí abajo, mamá —Ámbar se señaló la parte baja del abdomen.
—Vamos al hospital —Patricia se acercó a Ámbar.
—¿Quién les dio permiso de irse? —Dominic se puso de pie e hizo una seña para que sus hombres se acercaran.
—Están locos. Por culpa de esa estéril de ahí, maltratan a una criatura inocente —gritó Patricia, histérica.
Valeria intentó contener a Dominic. La furia en sus ojos era inconfundible.
—¡Llévenlos al depósito! —ordenó Dom; su ira había estallado.
—Señor Dom, usted no tiene corazón —dijo Ámbar con expresión de dolor.
—Tch, ver el drama de su familia me da asco.
Los guardias arrastraron a los tres a la fuerza.
Ámbar fingió desmayarse.
El hombre que la sostenía le revisó de inmediato el pulso y la respiración. Alzó la vista hacia su jefe. Dominic captó la señal.
—¡Pátele el vientre! —ordenó Dominic.
—¡Todos ustedes están dementes! —gritó Patricia.
Ámbar yacía inmóvil en el suelo.
—Uno...
—Dos... —el guardia se preparó. Patricia se puso aún más histérica, forcejeando para detener al hombre que estaba a punto de patear a su hija.
—Tr... —Dom hizo una pausa.
El pie del guardia tomó impulso...
Ámbar, al sentir la corriente de aire a su costado, se levantó de un salto; no pensaba quedarse a recibir la patada de aquella bota.
—¿Lo ven? Drama —exclamó Dominic.
—Por favor, Valeria, déjanos ir. No volveremos a meterte en tu vida —suplicó Roberto.
Después de pensarlo mejor, antes que vérselas con Dominic, era preferible alejarse con vida. Roberto cambió de opinión.
—Papá...
—Papá...
Patricia y Ámbar protestaron al unísono. Vivir en la miseria era el peor enemigo de ambas.
—¡Valeria!
—Valeria, por favor... —las dos le rogaron con las manos juntas sobre el pecho.
Valeria no respondió. En el fondo, no tenía ganas de perdonar, pero cargaría con la culpa si no les daba una oportunidad.
Dominic intervino al ver que Valeria empezaba a flaquear.
—¡Procésenlos! —ordenó Dom.
Dom se llevó a Valeria de ahí.
Los tres —su ex familia— gritaron y le suplicaron a Valeria, pero Dominic no les hizo el menor caso.
—¿Qué vas a hacer con ellos? —preguntó Valeria mientras caminaban.
—Llámame "señor" una vez más y te beso diez veces —advirtió Dominic. Valeria se tapó la boca por reflejo.
—Acuérdate de lo que prometiste enfrente del tío —le susurró Dominic. Su aliento contra la piel de Valeria le provocó un escalofrío.
—Yo no prometí nada —en realidad, nadie había acordado cómo debía llamarlo dentro de la mansión de Wiranata.
—Prometiste llamarme "cariño" —dijo Dominic, muy serio.
—¿De dónde sacas eso? —Valeria no lo podía creer.
—Hay un testigo: el tío Wiranata —aseguró Dominic.
—Estás inventando —replicó Valeria.
—Claro que estoy inventando. Porque esto es solo una novela, cariño —bromeó Dominic.
—Tsk, no tiene gracia —Valeria se enfurruñó.
Dominic le pellizcó la mejilla con ternura; las tenía sonrosadas.
Todo aquello lo había dicho para distraer a Valeria de las tres personas que ya no importaban.
Lo que fuera a pasar con ellos sería asunto de Dominic y de Wiranata, sin involucrar a Valeria.
* * *
El celular de Dominic sonó cuando iban en el auto.
—¿Quién es? —preguntó Valeria.
Dominic le mostró la pantalla. Aparecía el nombre "Asistente Bruno".
—Ah —fue todo lo que dijo Valeria.
—Hola —saludó Dominic.
Dominic le había delegado todos los asuntos de la empresa a Bruno mientras él se ocupaba de sus temas personales.
—Señor, la señora Alexander vino a la empresa. No piensa irse hasta que usted se presente —le informó Bruno.
Un chasquido de fastidio escapó de la boca de Dominic.
¿La señora Alexander? Eso quiere decir que es la mamá de Dominic. La señora que me abofeteó, pensó Valeria.
—Dile que estoy ocupado —cortó Dominic.
—Ya se lo dije, señor. Pero insiste en esperarlo —continuó Bruno.
—Tsk, qué fastidio —masculló Dominic.
—Está bien, voy para allá —concluyó Dom.
—Deberías agradecer que todavía tienes una mamá que se preocupa por ti —le dijo Valeria cuando Dominic colgó.
Dominic le tomó la mano con fuerza.
—¿Estás lista para enfrentarlos? —le preguntó, mirándola a los ojos en busca de una respuesta.
—¿A qué te refieres? —quiso saber Valeria.
—A la familia Alexander —respondió Dominic.
—Mientras estés a mi lado y confíes en mí, estoy lista —dijo Valeria con convicción.
—Gracias —Dominic le besó el dorso de la mano.
—Pero antes de ir más lejos, quiero preguntarte algo —Valeria lo miró de frente.
—¿Qué?
—¿Estás preparado para todas las consecuencias de estar conmigo? —la mirada de Valeria se volvió aún más seria.
Dominic asintió.
—¿Con el hecho de no poder tener hijos? ¿La familia Alexander lo aceptará? —Valeria necesitaba asegurarse.
—Quien se va a casar contigo soy yo, no la familia Alexander —afirmó Dominic.
—Casarse significa que también hay que construir una buena relación con la familia del otro —replicó Valeria.
—Cierto. Eso aplica cuando la familia se porta bien. Pero si no lo hace, les respondemos igual, cariño —contestó Dom.
—Ya no le des más vueltas. La familia Alexander es asunto mío —añadió Dom.
—No voy a permitir que la familia Alexander arme un escándalo —el apretón firme de Dominic le dio fuerzas a Valeria.
—Gracias.
El trauma de su relación pasada era la principal preocupación de Dominic en ese momento.