Un trágico accidente dejó al multimillonario Alexei Von Krahn en silla de ruedas, arrebatando su autonomía y rodeado por la traición de quienes dijeron amarlo. Consumido por el rencor y ante la delicada salud de su madre, cuyo último deseo es verlo acompañado, Alexei decide buscar una esposa por contrato.
Por su parte, Emilia San Martín enfrenta una situación desesperada: la grave condición de su madre y la imposibilidad de saldar las deudas, la llevan al límite. Para salvar a su única familia, acepta casarse durante un año con un desconocido amargado a cambio de una suma millonaria y el traslado inmediato de su madre a una clínica privada.
Sin embargo, lo que comenzó como un acuerdo frío se transforma en un torbellino de sentimientos encontrados.
Atrapado por un profundo complejo de inferioridad y el miedo a la dependencia, Alexei oculta su amor y monta una despiadada farsa para distanciar a Emilia de su vida, ignorando que la verdadera amenaza aun acecha entre las sombras.
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Capitulo 6
Emilia
— Las coincidencias suelen parecer increíbles para quienes no las viven, Bruno — respondí con un tono suave pero firme — Alexei asistió a esa jornada de voluntariado en el hospital público donde mi madre estuvo internada en sus primeros meses. Él no buscaba prensa ni cámaras, simplemente estaba revisando los programas de donación de la fundación Von Krahn. Yo estaba allí, desvelada y sobrepasada por la situación de mi familia. Cruzamos palabras en un pasillo, compartimos un café de máquina y descubrimos que, a pesar de venir de mundos completamente distintos, teníamos una visión de la vida muy similar
Hice una breve pausa, deslizando mi mano sobre el hombro de Alexei con un gesto lleno de afecto ensayado pero visualmente impecable. Sentí cómo la musculatura de su espalda se contraía sutilmente bajo la tela de su saco antes de relajarse al comprender la solidez de mi respuesta
— Cuando ocurrió su trágico accidente — continué sin perder la compostura — no me alejé como lo hicieron muchos de sus supuestos amigos. Me quedé a su lado porque entendí el valor del hombre que hay detrás de la tragedia. Si eso te parece fascinante o difícil de creer, habla más de tu concepto sobre las personas, que de la realidad de nuestro vínculo
Beatriz suspiró conmovida, llevándose una mano al pecho mientras miraba a su hijo menor con una leve mueca de reproche
— Ya lo ves, Bruno. No todos se mueven por intereses superficiales en este mundo. Emilia demostró tener una lealtad y un corazón que pocos en tu círculo poseen — declaró la mujer mayor con la voz cargada de emoción
Bruno apretó los labios, forzando una sonrisa ligera para enmascarar la derrota momentánea. Se acomodó en su sillón y levantó las manos en gesto de paz
— Por supuesto, madre. No pretendía poner en duda la nobleza de Emilia. Solo me sorprendía la discreción con la que llevaron todo. En la empresa nadie sabía nada, y como comprenderás, la estabilidad personal de Alexei influye directamente en la percepción de los accionistas
— La empresa no tiene por qué entrometerse en mi vida íntima, Bruno — intervino Alexei con una voz profunda y cortante — Mis decisiones personales las tomo yo. Y mi capacidad para dirigir el grupo Von Krahn no depende de mi movilidad, sino de mi cabeza. Algo que a algunos parece olvidárseles con demasiada frecuencia
La tensión en el aire se volvió tan densa que por un momento solo se escuchó el murmullo del viento entre los árboles del jardín. Bruno no retiró la mirada de su hermano, pero la frialdad que cruzó por sus ojos reveló el odio visceral que guardaba hacia él. Había una competencia oculta, una sed de validación y poder que iba mucho más allá de una simple rivalidad entre hermanos
— Nadie cuestiona tu capacidad, hermano. Solo velo por el bien de la familia — concluyó Bruno, poniéndose de pie con tranquilidad — Si me disculpan, debo regresar a las oficinas de la ciudad. Tengo una reunión con la junta directiva a última hora
Se despidió de su madre con un beso afectuoso en la frente y nos dedicó a Alexei y a mí una leve inclinación de cabeza antes de retirarse a pasos lentos hacia la salida de la propiedad. Lo vi alejarse con la certidumbre amarga de que este no sería el último ataque. Bruno continuaría escarbando hasta encontrar una grieta en nuestra historia.
La tarde transcurrió en una atmósfera mucho más pacífica. Beatriz nos habló de su juventud, de los años en que su esposo aún vivía y de las esperanzas que guardaba para el futuro de Alexei. Nos escuchó hablar sobre pequeños detalles cotidianos que improvisamos con cuidado para nutrir la mentira, alimentándose de la ilusión de ver a su hijo encaminado hacia una vida compartida
Cuando llegó el momento de despedirnos, la mujer me tomó las manos con una calidez que me oprimió el corazón de culpa
— Gracias por cuidarlo, Emilia. Prométeme que no dejarás que su amargura los separe — me susurró al oído mientras nos abrazábamos
— Se lo prometo, Beatriz — mentí con el peso de la responsabilidad aplastándome los hombros
El viaje de regreso a la mansión se desarrolló en un absoluto silencio. La noche había caído sobre la ciudad y las luces urbanas se proyectaban en ráfagas de luz a través de las ventanillas del vehículo adaptado. Alexei no pronunció palabra durante todo el trayecto, pero su postura no era la de un hombre enojado, sino la de alguien profundamente agotado por la carga emocional que significaba mentirle a la persona que más amaba
Al llegar a la mansión, el chofer ayudó a Alexei a descender y los dos ingresamos al vestíbulo principal. Me disponía a despedirme para retirarme a mi habitación en el extremo opuesto del corredor, cuando la voz de Alexei me detuvo antes de dar el primer paso
— Emilia — dijo deteniéndome
Me giré para mirarlo. Estaba detenido junto a la entrada del gran salón, con la luz tenue de la lámpara de pie perfilando las facciones duras de su rostro
— Dime — respondí caminando un par de pasos hacia él
— Lo de esta tarde... lo respondiste bien — comenzó diciendo, con la mirada fija en las manos que descansaban sobre las ruedas de su silla — Mencionaste lo del hospital público de una forma muy natural. Usaste la verdad de tu origen para darle credibilidad a la mentira frente a Bruno. Fue inteligente
— No fue una actuación del todo falsa, Alexei — dije con franqueza, acercándome un poco más — Mi madre estuvo realmente en ese hospital público, en condiciones inhumanas, antes de que tú ordenaras su traslado a la clínica privada. Sé perfectamente lo que es la desesperación. Cuando hablé de la lealtad y de no huir ante la tragedia, no estaba inventando un personaje. Es lo que pienso de la vida
Alexei levantó la vista y sus ojos oscuros se clavaron en los míos. Había en su mirada un matiz diferente, una vulnerabilidad sofocada por años de orgullo y dolor que se asomaba por primera vez sin filtros
— La gente de mi mundo no piensa así, Emilia — murmuró con un hilo de voz áspera — Para ellos, un hombre en esta silla es un lastre, una figura incómoda que distorsiona la imagen de perfección que les gusta proyectar. Bruno piensa así. Mis antiguos socios piensan así. Las mujeres que antes decían quererme huyeron al primer mes del accidente porque no podían soportar la idea de estar con un inválido
— Esas personas son idiotas, Alexei — dije sin medir las palabras, dejando que mi propia indignación saliera a la luz — El accidente te quitó el uso de las piernas, no la cabeza ni el alma. Si te aíslas en esta mansión y tratas a todo el mundo con desprecio, solo les estás dando la razón. Les estás demostrando que te rompiste por completo
Un silencio helado cayó entre los dos. Esperé un estallido de ira, una orden cortante para expulsarme de su presencia o una réplica amarga sobre mi atrevimiento. Sin embargo, Alexei no gritó. Se me quedó mirando con una mezcla de asombro y desarmada perplejidad, como si nadie en su vida se hubiera atrevido a hablarle con semejante nivel de crudeza
— Eres una mujer absurdamente insolente — dijo finalmente, aunque la falta de agresividad en su tono delató que mis palabras no lo habían ofendido, sino impactado
— Soy una mujer pragmática que no va a quedarse callada viendo cómo te destruyes a ti mismo por orgullo — contesté dando un paso atrás — Cumpliré cada cláusula de mi contrato, seré la esposa perfecta frente a tu madre y frente a tu hermano cuantas veces sea necesario. Pero no esperes que me compadezca de tu amargura. No lo necesito y tú tampoco
Alexei dejó escapar un largo suspiro, pasándose una mano cansada por el rostro antes de fijar su atención en mí una vez más
— Mañana por la mañana vendrán los auditores de la empresa a revisar unas firmas que necesito autorizar. Quiero que estés presente durante la reunión — indicó recobrando su tono formal
— ¿Por qué? Mi firma no es necesaria para los asuntos de tu compañía
— Bruno estará allí — explicó con firmeza — Y quiero que vea que la señora Von Krahn no es un adorno en esta casa, sino alguien que respalda cada una de mis decisiones. Si vamos a sostener esta farsa por un año, la sostendremos con todas las consecuencias
— Estaré allí a primera hora — dije con serenidad
Me giré para dirigirme a mi habitación, escuchando cómo las ruedas de su silla comenzaban a moverse lentamente en dirección a su estudio
Al cerrar la puerta de mi cuarto y quedar en el silencio de la casa, me dejé caer sobre el borde de la cama. El peso del día se hizo sentir en cada músculo de mi cuerpo, pero por primera vez desde que firmé el acuerdo, no sentí que estuviera atrapada en una jaula. Alexei Von Krahn era un hombre complejo, dominado por un orgullo feroz y una desconfianza abrumadora, pero debajo de esa coraza infranqueable empezaba a vislumbrar a un ser humano herido que necesitaba desesperadamente recordar cómo luchar
En la oscuridad de la habitación, recordé la llamada que la clínica privada me había hecho esa tarde para confirmarme que mi madre ya descansaba en una suite médica equipada con la mejor tecnología de la ciudad. El contraste entre la miseria del hospital público y esa nueva realidad me recordó el precio de mi libertad por los próximos doce meses. Había vendido un año de mi vida a un hombre lleno de sombras, pero al menos esas sombras empezaban a mostrar grietas por donde la verdad comenzaba a colarse.