La familia de Valentina está al borde de la ruina. Para salvar el apellido y las empresas familiares, ella acepta —o es prácticamente obligada— a casarse con un ranchero millonario de un pequeño pueblo del sur. Ella esperaba un hombre viejo y desagradable. En cambio encuentra a: Ethan Blackwood Treinta y pocos. Alto. Callado. Brutalmente atractivo. Dueño de miles de hectáreas, ganado premiado y medio pueblo. Un hombre que vive con botas embarradas, monta caballos al amanecer y odia todo lo que representa la alta sociedad de la ciudad. Y ahora tiene una esposa que llega al rancho con tacones, maletas de diseñador y cero idea de cómo sobrevivir lejos del wifi.
NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Drama de pueblo pequeño
Valentina Rossi
odiaba la camioneta de:
Ethan Blackwood
No porque fuera incómoda.
Peor.
Porque era demasiado grande.
Y eso significaba que Ethan ocupaba demasiado espacio incluso sentado manejando tranquilamente a su lado.
El silencio dentro del vehículo duró exactamente treinta segundos.
Récord histórico.
—Entonces ustedes claramente tienen un drama antiguo —dijo Valentina cruzando los brazos.
Ethan mantuvo la vista al frente.
—No.
—Mentira.
—No es asunto tuyo.
Ella soltó una pequeña risa incrédula.
—Oh, ahora definitivamente sí es asunto mío.
El paisaje pasaba lentamente por la ventana mientras la camioneta avanzaba entre caminos de tierra y campos enormes.
Valentina giró apenas hacia él en el asiento.
—Vamos. ¿Qué pasó? ¿Una pelea familiar? ¿Negocios? ¿Alguien robó una vaca?
Ethan soltó una exhalación corta por la nariz.
Casi una risa.
Casi.
—Tu imaginación es preocupante.
—Mi imaginación está aburrida. No tengo internet estable, Ethan.
Eso pareció divertirlo más de lo que quería admitir.
Pero aun así negó apenas con la cabeza.
—Déjalo ir, princesa.
—No.
—Valentina—
—No puedes darme una historia misteriosa entre dos hombres atractivos de ranchos rivales y esperar que no quiera saber.
Ahora sí Ethan la miró un segundo.
—¿Dos hombres atractivos?
Ella abrió la boca.
Error.
Grave error.
—Eso no importa.
—Interesante selección de palabras.
Valentina rodó los ojos inmediatamente.
—No cambies de tema.
Él volvió la vista al camino con esa maldita calma irritante.
—Lucas habla demasiado.
—Y tú hablas muy poco.
—Funciona para mí.
Ella suspiró dramáticamente dejando caer la cabeza contra el asiento.
—Sofía va a volverse loca cuando le cuente esto.
—¿Le cuentas todo a tu amiga?
—Obviamente.
—Pobre mujer.
Valentina sonrió apenas.
—No entiendes. Para Sofía esto es literalmente una serie romántica.
Ethan levantó una ceja.
—¿Romántica?
—Sí. Pueblo pequeño. Vaquero gruñón. Vecino atractivo misterioso. Matrimonio arreglado.
Ella comenzó a contar con los dedos.
—Solo falta un secreto familiar oscuro y alguien besándose bajo lluvia para completar el paquete.
Silencio.
Valentina giró lentamente hacia Ethan.
Y lo encontró mirándola con expresión peligrosamente tranquila.
—¿Qué?
Él sostuvo su mirada unos segundos.
Demasiados.
—Tienes una imaginación peligrosa, princesa.
El corazón le dio un pequeño golpe absurdo.
Otra vez.
Molesto.
Muy molesto.
Valentina apartó rápido la mirada hacia la ventana.
—Bueno, no es mi culpa que todos aquí actúen como personajes dramáticos.
—Especialmente tú.
—Yo soy perfectamente normal.
Ethan soltó una risa baja.
Real.
Y Dios.
Ese sonido debería venir con advertencia.
Valentina intentó ignorar cómo el ambiente dentro de la camioneta se volvió extrañamente cálido.
Entonces recordó algo.
—Aunque Lucas sí dijo algo raro.
La sonrisa de Ethan desapareció apenas.
—¿Qué dijo?
Valentina lo observó cuidadosamente.
Porque esa reacción fue inmediata.
—Que ustedes aprendieron que confiar en la persona equivocada podía costar mucho.
Silencio.
Completo.
La mano de Ethan se tensó apenas sobre el volante.
Y por primera vez…
ella vio algo distinto en él.
No sarcasmo.
No calma.
Dolor.
Pequeño.
Rápido.
Pero estaba ahí.
Valentina dejó de bromear automáticamente.
—Ethan…
Él estacionó la camioneta frente al rancho antes de responder.
—No vuelvas sola a la propiedad Hayes.
El tono fue tranquilo.
Pero completamente serio.
Ella frunció el ceño.
—¿Lucas es peligroso?
Ethan finalmente giró hacia ella.
Sus ojos claros se encontraron con los suyos de una forma que le hizo olvidar respirar un segundo.
—No.
Eso la confundió más.
—Entonces—
—El problema no es Lucas.
Y antes de que pudiera seguir preguntando…
Ethan salió de la camioneta dejándola ahí sentada con el corazón acelerado y aproximadamente mil teorías nuevas listas para contarle a:
Sofía Moretti