Colter Callahan es un vaquero salvaje, de botas embarradas, modales dudosos y cero interés en una esposa.
Charlotte Walkins es sofisticada, adora los tacones, los vestidos de diseñador y considera que el barro no debería existir.
Así que, naturalmente, sus padres deciden sentarlos a cenar.
Colter fantasea con echarla de su rancho antes del primer plato.
Charlotte, después de mirarlo de arriba abajo, le sugiere que un buen corte de pelo podría hacer milagros.
Están a punto de convertirse en enemigos.
Entonces llega la propuesta de matrimonio.
Él tendrá que convivir con una princesa que probablemente se desmaye al ver una vaca.
Ella tendrá que soportar a un salvaje que cree que una camisa limpia es opcional.
Y justo cuando Charlotte piensa que casarse sería un desastre, descubre que el robo que la dejó hospitalizada podría esconder mucho más.
Ahora debe elegir entre enfrentar el misterio en la ciudad o refugiarse en el rancho de un salvaje junto a un insoportable marido.
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AGUA Y COMPLICACIONES
NARRADOR
Cuando Colter llegó al rancho lo hizo agotado.
Él llevaba años trabajando allí, observando el clima, sus cambios, todo. Sabía cuando llegaría una tormenta fuerte, cuando sería una lluvia pasajera.
Y lo que creía que llegaría era un aguacero, de esos que duran tres días como mínimo, los que lo hacían caminar por las tierras con un impermeable amarillo fluor y botas de goma que aún así acababan cubiertas de barro de punta a punta.
Le gustaba la lluvia. Era necesaria en esas tierras, pero cuando llovía en poco tiempo lo que equivalía a dos meses de sequía no era bueno. Todo se detenía, se relentizaba.
Los animales tenían comida de sobra, los caballos estaban resguardados, pero eso no significaba no ir a verlos por días hasta que se acabara el temporal.
Preparó la cena. Charlotte acariciaba a Pastelito sobre el sofá y no lo había recibido con una queja ni tenía intenciones de pelear. La paz siempre duraba poco.
Los dos cenaron y ella bostezó al terminar su plato.
Ayudó a limpiar y se fue a la cama.
Colter hizo lo mismo. No cerró con llave. Nunca lo hacía si él estaba en su habitación. Si salía si, porque no confiaba en ella y creía que podría desalojarlo en su ausencia solamente para tener señal.
Charlotte se durmió, profundamente. No escuchó cuando la lluvia empezó a caer despacio, ni tampoco cuando comenzó a diluviar. Pero lo sintió.
--Pero que...-- Tocó su rostro. Agua
Una gota tras otra. A la altura de su pecho, a medio metro de la cama.
--No...Puede... Ser. Este techo tiene más agujeros que un colador de pastas. Llueve más que afuera
Y no exageraba. Así quisiera correr la cama hacia otro lado no tenía sentido. Igual se mojaría.
Fue a la cocina. Buscó ollas grandes y las puso debajo de las goteras y cuando terminó, usando sus pantuflas rosadas y su delicado pijama de seda del mismo color fue al cuarto de su esposo. Entró sin tocar, enfadada como toda persona que es despertada con agua en medio de la noche.
Colter todavía estaba despierto. Escuchaba la lluvia. Tenía su lámpara apagada y de pronto la puerta se abrió con fuerza.
Encendió la luz en su mesa de noche y la vio. Despeinada, visiblemente enfadada y con un pijama que mostraba tanto como cubría. Lo que no se veía, lo insinuaba.
--¿Qué haces aquí y así vestida?
--Dormir. Pijama-- Cerró la puerta detrás de ella con más fuerza de la requerida y se acercó al lado vacío de la cama
--Estás loca. Vete inmediatamente-- Pretendió negarse. Recibió una mirada de completo enfado
--Tu lo sabías. Apuesto a que lo sabías-- Se metió a la cama y se tapó con más fuerza de la requerida
--¿Qué demonios? ¿Qué haces en mi cama? ¿Que es lo que debo saber?
--Ve a mi cuarto. De aquí no me voy
Colter se levantó. No entendía nada. Se puso una bata que siempre tenía a su alcance y caminó allí.
Abrió la puerta. El sonido de cada gota cayendo dentro de las ollas formaba una melodía. Tendría que reparar el techo. Urgente. No había manera de que cualquier persona durmiera allí.
Volvió a su cuarto. No sé metió a la cama.
--Ve al sofá. Te llevas una almohada, mantas y problema solucionado
--No. Vete tú
Se metió a la cama sin la bata y apagó la luz. El problema que más quería evitar estaba en su cama.
Intentó dormir. Charlotte se sobresaltaba con cada trueno. Sería una noche larga.
--Necesito dormir-- Dijo cansado
--No te estoy abriendo los ojos
--Charlotte. Te lo pido amablemente. Te callas o te vas
--No puedo dormir y no me voy a ir
--Dijiste que nunca te acostarías conmigo
--No me dijiste que había goteras. Mucho menos que había tantas
--No lo sabía. Cuando llovió la última vez no fue mucho
--No voy a hacerte nada-- ¿Acaso quiso darle tranquilidad? ¿A él? ¿Al dueño de la cama?
Ella quiso palmearle el hombro. Error de cálculo. Fue en el rostro.
--Agradece que tengo autocontrol y que llueve de esta manera
--No fue intencional
--No haces nada intencional, pero eres un desastre igual. Lo que planeas sale al revés y yo debo soportarte
--¿Tienes una almohada extra? Duermo con dos porque me gusta abrazar una
--No buscaré otra almohada
--Se un caballero y dame la tuya
--No te daré mi almohada y déjame dormir
Colter cerró los ojos. Pretendió ignorar a su esposa, el pijama sexy, sus solicitudes. Imposible.
Ella se levantó de la cama. Él se levantó a cerrar la puerta con llave, pero la llave no estaba.
Hasta que Charlotte volvió. Con sus pantuflas y una almohada abrazada contra su pecho, además de un aromatizante textil.
Roció la cama, las sábanas y a su esposo en el proceso.
--Te llevaría al granero y te encerraría ahí, pero llueve demasiado. Solamente por eso te salvas-- La miró enfadado
Charlotte se acostó igual y abrazó su almohada.
--Dime si así no es hermoso dormir-- Ella sintió el aroma del perfume
--¡No me has dejado dormir ni cinco minutos!-- Protestó
--Ahora déjame dormir
--Increíble-- Protestó
Le agarró el brazo. Lo apretó.
--Deja de tocarme. Abraza tu almohada y duérmete
Pero ese brazo fuerte le había quitado el sueño y le había dado risa. Colter consideró ir él al sofá. Su esposa se entretenía hasta cuando debía de dormir, ¿Y él? Pagaba las consecuencias.
--¿Haces pesas o sólo trabajas?
Él suspiró. Si ella no dormía, él tampoco. Había sido tan intimidante con su amenaza de que no entrara a su habitación que ella ya se había instalado, con todo y perfume.
--Trabajo. Lo sabes
--Tuve un novio-- Ella cambió el tema de repente
--¿Y?
--Es que por eso me da risa si te toco el brazo
--Que bien, Charlotte. Estás en mis tierras y te comportas de maneras imposibles. Quiero el divorcio cuánto antes
--No te enfades. No estoy aquí porque quiero, pero no deseo morir sin saber por qué. Apareció otra joya y no arrojó pistas. La policía no tiene nada, el FBI tampoco
Él no sabía la historia completa. No quería los detalles, porque si los pedía probablemente no terminara cada día rogando que se fuera. No por amor, sino porque ella podía ser insoportable, pero no parecía una mala persona y si siendo una princesa que odia la tierra soportaba ese lugar era porque volver a su vida le resultaba aún más aterrador que aquello que consideraba una vida salvaje. Y si él FBI estaba involucrado... confirmaba que ella no exageraba.
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