Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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DIA FAMILIAR
Quien mostraba mucha ansiedad, que ni había querido jugar con Briana, fue Luca. El niño llevaba desde muy temprano dando vueltas por la sala con su mochilita puesta, asomándose a la ventana cada vez que escuchaba el motor de un auto pasar por la calle.
Cuando finalmente el vehículo de la familia Acuña se detuvo frente a la puerta, Luca no esperó a que se estacionaran por completo; abrió la puerta y corrió emocionado hacia la entrada.
Detrás de él salieron Julieta, la abuela María y la pequeña Briana, todas ansiosas por verlos llegar.
Rodrigo apagó el motor, descendió rápidamente y abrió la puerta para Lesly.
“¡Al fin llegan!” exclamó Julieta cruzándose de brazos con una mueca de falsa molestia, aunque la sonrisa en su rostro la delataba “Nos tenían con el Jesús en la boca. Ninguno de los dos respondía el teléfono desde anoche”
“Discúlpanos, Juli” dijo Lesly con un leve rubor en las mejillas mientras bajaba del auto “La gala se extendió más de la cuenta y... se me agotó la batería del celular”
Rodrigo tomó a Luca en brazos, quien lo abrazó del cuello como si no lo hubiera visto en años.
“Lo importante es que están bien y juntos” intervino la abuela María con voz dulce y una mirada sabia que pareció leer más de la cuenta en el semblante renovado de la joven pareja.
¡Llegaron justo a tiempo!” exclamó Briana “La abuelita estaba por servir el desayuno”
La ancia asintió “Pasen, pasen, por favor. No acepto un "no" por respuesta” dijo mirando a Lesly.
Lesly intentó excusarse por educación, no queriendo ser una molestia, pero la amabilidad desarmante de la mujer la hizo ceder de inmediato.
Al cruzar el umbral, el aroma a pan recién horneado, café pasado y tamales calientes inundó sus sentidos.
“¡Mamá! ¡Mira, la abuelita María nos hizo un desayuno gigante!” gritó el niño con las mejillas teñidas de alegría.
“Espero que les guste” dijo la abuela María, acomodando una gran bandeja en el centro de la mesa.
“Muchas gracias, señora María” dijo Lesly con una sonrisa sincera y un toque de conmoción en la voz “Huele riquísimo. De verdad agradezco mucho su hospitalidad”
Mientras compartían el café, Briana pregunto a Rodrigo “Y bien... ¿a dónde nos vas a llevar?” acomodándose el cabello con timidez ante la presencia de Lesly.
“A un lugar muy bonito en el campo donde podremos comer rico y correr al aire libre” anunció Rodrigo, revolviéndole el cabello a su hermana con cariño “Y… iremos todos”
El grupo celebro, desayunaron apresurados y subieron a alistarse. Después se acomodaron en el vehículo entre risas y parloteo.
El trayecto hacia las afueras de la ciudad transcurrió entre las anécdotas de Julieta y los juegos de Luca y Briana. Lesly, desde el asiento del copiloto, observaba por el retrovisor la escena: su hijo reía con libertad, rodeado del cariño sincero de una familia que, sin tener grandes riquezas materiales, poseía una calidez inmensa.
El aire fresco del valle los recibió apenas cruzaron la entrada del restaurante campestre. El lugar era un extenso oasis de césped cortado al detalle, rodeado de árboles frondosos, mesas de madera al aire libre y pequeños senderos donde se respiraba una tranquilidad absoluta.
Rodrigo apagó el motor, bajó del auto y, con la agilidad de siempre, acomodó a Luca sobre sus hombros para que el niño tuviera una vista privilegiada del lugar. El pequeño reía fascinado.
Lesly, contagiada por la ligereza del ambiente, buscó a la pequeña Briana y le ofreció la mano con dulzura.
La niña le sonrió abiertamente, aceptando el gesto de inmediato y caminando a su lado mientras observaba con curiosidad las flores del camino.
Detrás de ellas, Julieta avanzaba a paso lento, ofreciéndole su brazo a la abuela María para ayudarla a caminar con comodidad sobre la hierba.
A los ojos de cualquiera que los cruzara en el recinto, formaban una estampa impecable: una hermosa familia.
“Miren allá, ¡hay caballitos y patos en la laguna!” exclamó Luca desde las alturas, señalando con el dedo entusiasmado.
“Vamos a buscar una mesa grande cerca de la sombra para pedir la comida” propuso Rodrigo, volviéndose hacia Lesly con una mirada brillante.
“Me parece perfecto, Rodri” respondió Lesly, apretando suavemente la manita de Briana y dedicándole al joven una sonrisa de absoluta plenitud.
El sol comenzó a ocultarse tras las montañas del valle, tiñendo el cielo de matices anaranjados y violetas.
Los niños, exhaustos tras una jornada entera de corretear entre los jardines, alimentar a los animales de la granja y jugar en los columpios, apenas lograban mantener los ojos abiertos.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
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