Él es el padre de su mejor amiga... Pero también el dueño de sus fantasías más prohibidas.
Cristóbal es un hombre maduro, exitoso y comprometido con su familia, alguien a quien todos ven como un ejemplo de responsabilidad. Pero desde el día que conoció a Julieta, la joven compañera de su hija, nada ha sido igual. Cada encuentro la hace más irresistible, cada mirada profundiza una conexión que no debería existir.
Ella es joven, dulce e "inocente" ... Y él lucha por no caer en la tentación.
Julieta siempre ha visto en Cristóbal algo más que el padre de su mejor amiga: un hombre que despierta en ella emociones que nunca imaginó sentir. A pesar de saber que está jugando con fuego, no puede evitar buscarlo, soñarlo, desearlo con una intensidad que la abruma.
Un amor que desafía los límites, un deseo que no sabe de reglas.
Entre secretos, mentiras por omisión y el miedo a destruir vidas enteras, Cristóbal y Julieta se ven envueltos en una pasión que amenaza con consumirlos...
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Capítulo 2.
Julieta.🌷
Cuando deseo que las clases pasen lentamente, sucede todo lo contrario. Hoy sentí que las horas volaron como hojas al viento. Miro mi reloj de mano: faltan apenas cinco minutos para que termine la última clase del día.
—Hasta aquí llegamos por hoy, chicas —anuncia la profesora Clara, cerrando su cuaderno con un leve suspiro.
Mis pensamientos se disparan. ¿Y si lo vuelvo a ver? Todo parece conspirar para que eso ocurra. Y aunque quiero… también me asusta. Si lo tengo frente a mí, siento que mi rostro se llenará de subtítulos diciendo “¡me gustas!” en neón parpadeante. Está mañana mientras veníamos de camino a la universidad, me la pasé recordando el sueño que tuve con él y no saben lo incómodo que es mirarlo y recordar todas esas cosas que soñé.
—¿Pero por qué si aún faltan cinco minutos para que acabe la clase? —pregunto en voz alta, sin pensarlo.
Las miradas se giran hacia mí como si me hubiera brotado un tercer ojo o un cuerno a mitad de la cara. Incluso Jessica me lanza una mirada desconcertada, frunciendo el entrecejo.
—¿Qué? —me encojo de hombros, fingiendo indiferencia, aunque por dentro me quiero hundir en el asiento.
La profesora solo sonríe y se despide con su elegancia habitual. Cuando desaparece por la puerta, Jessica se vuelve hacia mí.
—¿Te encuentras bien? Estás muy rara hoy, amiga.
—Estoy bien, solo un poco cansada —miento.
—Tocará creerte. Papá ya nos espera en el estacionamiento —dice, revisando su celular—. Me acaba de escribir. Vamos.
Carajo. Este hombre es: Puntual. Guapo. Irresistible. Estoy en serios problemas.
Mi estómago se encoge. Por dentro soy un manojo de nervios. ¿Por qué tenía que soñar con él otra vez anoche? Cuando tengo esos sueños húmedos, me despierto culpable, ansiosa… y, lo peor, hambrienta de verlo.
Me lo imagino bajando del auto, con su andar seguro, esos ojos negros que hipnotizan, su boca perfecta diciéndome mi nombre con esa voz grave y sensual. Me lo imagino rodeándome con sus brazos, pegándome a su torso firme… besándome. ¡Basta, Julieta!
—¿Lista? —pregunta Jessica, sacándome de mis fantasías.
—Sí, vamos —respondo, tragando saliva.
Bajamos por el campus bajo el sol de la tarde, y al llegar al estacionamiento lo veo.
Cristóbal está apoyado contra su auto, un Aston Martin negro que brilla como un espejo. Lleva una camisa blanca arremangada, dejando al descubierto sus antebrazos marcados, y un pantalón de lino beige que insinúa más de lo que debería. Sonríe al vernos, y yo siento cómo se me enciende la piel desde los tobillos hasta las orejas.
—Hola, chicas —saluda con esa voz grave que me hace temblar por dentro—. ¿Cómo estuvo la clase?
—Bien, papá —responde Jessica, dándole un abrazo. Yo me quedo de pie, conteniendo el aire.
—Hola, Julieta —me dice, mirándome directo a los ojos. Siento que todo se detiene por un instante.
—Hola, Cristóbal —respondo, con una sonrisa nerviosa.
—¿Tienen hambre? Pensaba llevarlas a almorzar. ¿Qué dicen?
—¡Sí, por favor! —responde Jessica, emocionada.
—¿Y tú, Julieta? —su mirada se posa en mí con calidez, casi ternura.
—Claro, me encantaría —respondo, rogando que no se note el temblor de mi voz.
—Conozco un restaurante nuevo que abrió cerca del centro. Dicen que es muy bueno —sugiere, mientras abre la puerta del copiloto con un gesto elegante.
Jessica me lanza una sonrisa de lado y susurra:
—¿Viste cómo te miró Theo hoy? Ese chico no te quita los ojos de encima.
—No me gusta Theo —respondo automáticamente.
—¿A ti te gusta alguien? Porque a veces pienso que eres lesbiana.
—¡Claro que no! —me río en voz baja, tratando de sonar despreocupada—. Me gustan los hombres, pero no cualquier hombre.
Jessica abre la puerta trasera y se acomoda como si fuera un sofá.
—Voy atrás. Estoy molida. Quiero dormir en el camino. Tú vas adelante, amiga.
No me da tiempo a negarme. Ya se ha tumbado a lo largo del asiento trasero, cerrando los ojos con una sonrisa de paz.
Me acomodo en el asiento del copiloto. El aire acondicionado me acaricia la piel, pero mi cuerpo sigue en llamas.
Cristóbal arranca con suavidad.
—Entonces, Julieta… ¿cómo va la universidad?
—Muy bien, por suerte. Exigente, pero disfruto lo que estudio.
—Eso es lo importante. Eres muy aplicada, y eso se nota.
Lo miro de reojo. Su mano firme sobre el volante, la línea de su mandíbula marcada, una cana solitaria brillando en su sien izquierda. Dios… qué tentación tan grande eres.
—¿Y tú cómo estás? ¿El viaje de negocios salió bien?
—Sí, por suerte. Cansado, pero satisfecho con los resultados. Aunque no hay nada como volver a casa.
Sus ojos se cruzan con los míos por un breve segundo, y yo siento una descarga eléctrica. Desvío la mirada de inmediato.
—¿Has estado en este restaurante antes? —pregunto para distraerme.
—No, pero me lo recomendaron mucho. Me pareció buena idea llevarlas.
La conversación fluye suave, con pausas llenas de tensión no dicha. Cada palabra, cada mirada, cada segundo en ese auto se convierte en una pequeña tortura deliciosa.
Jessica duerme detrás, ajena a lo que ocurre en la cabina delantera. Y yo… yo siento que este viaje será el inicio de algo que no voy a poder detener.
Que te mejores pronto te mando un abrazo de oso.