Tras ser masacrada junto a su familia por orden de su ambiciosa prima Silvia y el frío magnate Patrick, Elena muere en la ruina. Habían arriesgado todo para rescatar a Silvia de la mafia, pero ella borró todo rastro de su deshonra asesinando a sus salvadores.
Milagrosamente, Elena despierta en el pasado, justo la noche del ataque. Con el odio ardiendo en sus venas y dispuesta a todo, simula un colapso para evitar que su hermano intervenga, dejando que Silvia sufra las desgarradoras consecuencias de su propia trampa.
Determinada a no repetir su trágico destino, Elena orquesta una fría y metódica venganza corporativa. Entre alianzas estratégicas, secretos oscuros y manipulación, destruirá paso a paso a Silvia y a Patrick, arrastrándolos al mismo infierno al que la condenaron. En esta vida, las lágrimas de Elena serán el veneno de sus enemigos.
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LO QUE LOS MUERTOS CALLAN
El piso 65 de Sterling Holdings estaba en silencio a las once de la noche. Las luces de emergencia proyectaban sombras largas sobre los escritorios vacíos. Clara me esperaba en su cubículo, con el servidor encriptado encendido y una expresión que no había visto nunca en ella.
Terror.
—Señorita Vasquez —dijo, sin levantar la vista de la pantalla—, necesita ver esto.
Me senté a su lado. El monitor mostraba una carpeta etiquetada como *"RV - Comunicaciones 2019-2022"*.
RV.
Rafael Vasquez.
Mi padre.
—¿Qué es esto? —pregunté, con la voz más firme de lo que me sentía.
—Correos electrónicos. —Clara hizo clic en el primer archivo—. Entre su padre y Victoria. Fechados entre tres meses antes de su muerte y el día en que murió.
Abrí el primer correo.
*"Victoria: Necesitamos hablar. Lo que sé sobre Patrick puede cambiar todo. Te doy una semana para negociar. Si no, se lo cuento todo. RV"*
El aire se escapó de mis pulmones.
—¿Mi padre... chantajeaba a Victoria?
—Sigue leyendo —susurró Clara.
Abrí el segundo correo.
*"Rafael: No juegues con fuego. Sabes lo que soy capaz de hacer. RV: Lo sé. Por eso sé que no vas a querer que Patrick sepa la verdad sobre Marcus. Sobre el acuerdo. Sobre todo. Nos vemos el martes. RV"*
Cerré los ojos.
Porque en ese momento, todo lo que creía saber sobre mi padre, sobre su muerte, sobre mi venganza, se desmoronó.
—Mi padre —dije, con la voz quebrada—, no era una víctima inocente.
—No —Clara me miró, y en sus ojos vi lágrimas—. Estaba chantajeando a Victoria. Con información sobre Patrick. Sobre Marcus. Sobre todo.
—¿Y Victoria lo mató por eso?
—No. —Clara abrió otro archivo. Un video. Fechado el día de la muerte de mi padre—. Victoria no lo mató.
—¿Qué?
—Mire el video.
El video comenzó a reproducirse.
Era una reunión en una oficina. Mi padre, sentado frente a Victoria. Ambos tensos. Ambos asustados.
*"Victoria, necesito el dinero. Ahora."* La voz de mi padre sonaba desesperada.
*"No voy a pagarte más, Rafael. Ya fue suficiente."*
*"¿Suficiente? ¿Sabes lo que Patrick hará cuando sepa la verdad? ¿Sabes lo que hará cuando sepa que Marcus no es su padre? ¿Que tú y yo...?"*
*"Cállate."* Victoria se puso de pie. *"Esto termina hoy. Te voy a dar el dinero. Pero después, desapareces. Para siempre."*
*"No. Quiero más. Quiero una parte de Sterling Holdings. O se lo cuento todo a Patrick."*
Victoria lo miró. Largo rato. Y en sus ojos vi algo que reconocí.
Furia.
Pura. Destilada. Familiar.
*"Está bien, Rafael. Te daré lo que quieres. Pero tú y tu familia van a desaparecer. Para siempre."*
El video terminó.
Me quedé quieta. Con el corazón martillando. Con las manos frías.
—Mi padre —dije, con la voz baja—, no fue asesinado por Victoria.
—No —Clara negó con la cabeza—. Fue asesinado por Marcus Kane. Pero no porque Victoria lo ordenara. Sino porque tu padre lo amenazó. Porque tu padre descubrió que Marcus no era el padre biológico de Patrick. Y que tú... —hizo una pausa, y su voz se quebró—, tú eras la única persona que podía probarlo.
No respiré.
—¿Qué?
—Tu padre —continuó Clara, con las lágrimas cayendo libremente—, tenía pruebas. Pruebas de que Marcus Kane era estéril. De que Patrick no era su hijo. De que el verdadero padre biológico de Patrick era... —hizo una pausa, y el mundo se detuvo— Richard Sterling.
—Richard —susurré—. Pero Richard ya me lo dijo. Ya lo sabíamos.
—No. —Clara negó con la cabeza—. No lo sabíamos todo. Porque tu padre no solo sabía que Richard era el padre biológico de Patrick. Tu padre sabía algo más. Algo que Richard no sabe. Algo que Victoria no sabe.
—¿Qué?
Clara abrió otro archivo. Una fotografía.
Era una prueba de ADN. Fechada hace veinte años. Con los nombres de Richard Sterling, Victoria Sterling, y...
*"Sujeto masculino: Patrick Sterling. Resultado: NO es hijo biológico de Richard Sterling. Resultado: es hijo biológico de Marcus Kane."*
El mundo se detuvo.
—¿Qué? —La voz me salió quebrada—. Pero Richard dijo... Victoria dijo...
—Mintieron. —Clara me miró, y en sus ojos vi algo que no era solo dolor. Era rabia—. Richard y Victoria mintieron. Patrick es hijo de Marcus Kane. Y tu padre lo descubrió. Y por eso lo mataron.
Cerré los ojos.
Porque en ese momento, todo lo que creía saber sobre Patrick, sobre su padre, sobre mi venganza, se desmoronó.
—Patrick —susurré—. Patrick es hijo de Marcus. El hombre que mató a mi padre.
—Sí.
—Y yo —dije, con la voz quebrada—, estoy enamorada de él.
Clara no dijo nada.
Solo me tomó de la mano. Y apretó.
Lo suficiente.
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Salí del piso 65 con las piernas temblorosas.
Patrick me esperaba en el vestíbulo. Con esa sonrisa que usaba cuando estaba preocupado pero intentaba no mostrarlo.
—Elena, ¿estás bien?
Lo miré. Y en sus ojos vi algo que no había visto antes.
Amor.
Puro. Devastador. Inevitable.
Y supe, con esa certeza que solo viene de haber vivido dos vidas, que tenía que decirle la verdad.
Toda la verdad.
—Patrick —dije, con la voz baja—, hay algo que tienes que saber.
—¿Qué?
—Tu padre biológico —dije, con las lágrimas cayendo libremente—, no es Richard Sterling.
Patrick palideció.
—¿Qué?
—Es Marcus Kane. —Las palabras salieron como un cuchillo—. Y Marcus Kane es el hombre que mató a mi padre.
El mundo se detuvo.
Patrick se quedó quieto. Con los ojos grises abiertos de par en par. Como si acabara de ver un fantasma.
—No —susurró—. Eso no es...
—Lo es. —Saqué el teléfono. Le mostré la prueba de ADN que Clara había encontrado—. Richard y Victoria mintieron. Para protegerte. Para proteger el legado. Pero la verdad es que tú eres hijo de Marcus. Del hombre que destruyó a mi familia.
Patrick tomó el teléfono. Con manos temblorosas. Miró la imagen.
Y yo vi, en su rostro, cómo el mundo se desmoronaba otra vez.
—Dios mío —susurró.
—Patrick...
—No. —Se pasó las manos por el cabello, con un gesto que lo hacía verse completamente roto—. No puedo... no puedo ser hijo de... no puedo...
—Lo sé.
—¿Cómo puedes decir eso? —Su voz se quebró—. Después de saber que mi sangre es la sangre del hombre que mató a tu padre. ¿Cómo puedes mirarme?
No respondí.
Porque no tenía respuesta.
Porque en otra vida, le había dicho las mismas palabras. Y él me había creído. Y yo lo había dejado morir.
Patrick dio un paso hacia mí. Y entonces, sin decir nada más, me tomó el rostro con ambas manos.
Y me besó.
No con desesperación.
No con rabia.
Con *certeza*.
Con la certeza de un hombre que, después de toda una vida de mentiras, finalmente había encontrado algo real.
—No me importa —susurró contra mis labios—. No me importa quién sea mi padre. No me importa quién sea mi madre. Solo me importas tú, Elena. Solo tú.
Cerré los ojos.
Y supe, con esa certeza que solo viene de haber vivido dos vidas, que había cometido el error más grande de todas.
Me había enamorado de él.
De verdad.
Y eso, más que cualquier otra cosa, podía destruirnos a ambos.
Mi teléfono vibró.
Lo miré.
Un mensaje de Lucas.
*"Elena, necesito verte. Ahora. Es sobre Nora. Hay algo que tienes que saber. Algo que cambia todo."*
Levanté la vista. Patrick me observaba con preocupación.
—¿Qué pasa?
No respondí.
Porque no sabía qué decir.
Solo sabía que, otra vez, el juego había cambiado.
Y esta vez, no estaba segura de querer seguir jugando.
Leee