La guerra entre Elarion y Drakhar ha durado años, pero, cuando el príncipe heredero de Drakhar se fija en la santa Sylvia, de Elarion, propone un tratado de paz, pero a cambio deben entregarle a la santa como concubina. Sylvia acepta esta condición para salvar a su nación, pero, no se imagina que, al entrar al palacio de Drakhar se encontrará con las amantes del príncipe heredero, pero, aunque ella no es fácil de intimidar, pronto descubre, que, en ese palacio, tiene un aliado más poderoso que el mismísimo emperador, el dragón rojo de la calamidad, que se ha liberado del control del príncipe heredero, y que, esta dispuesto a vengarse por usarlo como una maquina de guerra.
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Capitulo 04.
Tras ver como los dragones se habían marchado del campo de batalla, los soldados de Drakhar tuvieron que retirarse. No podían arriesgarse a perder parte del territorio o sería el príncipe heredero los castigaría.
Mientras tanto, los dragones seguían al dragón rojo hasta llegar a la capital de Drakhar, todos sobrevolaron el palacio llamando la atención de los guardias, quienes de inmediato avisaron al viejo emperador.
—¿por qué ha regresado el príncipe heredero?— preguntó molesto.
—su majestad, el dragón esta solo, su alteza no ha venido con él.— respondió el guardia.
El emperador golpeo la mano en el posabrazos de su trono y se levantó de un salto. Al verlo bajar del trono, los guardias lo siguen. Recorrió todo el pasillo exterior hasta llegar a las escaleras del muro del palacio y subió de prisa.
Al estar sobre la muralla, vio como los dragones volaban en círculos, y una sombra paso sobre él, para después escuchar como algo aterriza detrás. Voltea y ve al dragón rojo que camina hacía él mientras su cuerpo se encoge hasta tomar una forma humana. Un hombre de cabello pelirrojo y ojos dorados que miraban con arrogancia se hizo presente ante el emperador.
—se acabó Veyron Thorne, tu tiempo de jugar el emperador ha llegado al final, es momento de devolver el trono al verdadero dueño.— expreso con autoridad el pelirrojo.
El emperador dio unos pasos hacía atrás al igual que los guardias que estaba impactados con lo que veían. El emperador Veyron tropezó al retroceder y cayó sobre su trasero, pero siguió arrastrándose hacía atrás mientras los guardias intentan levantarlo.
—I-imposible...no podías liberarte...— balbucea el emperador.
—pero pude.— respondió.— y ahora, tomaré de regreso lo que tus antepasados se robaron.
Los dragones bajaron, unos se posaron en las torres de la muralla, otros en el patio del palacio lanzando sus alientos de fuego. Otros, aterrizaron en medio de las calles del pueblo.
—no puedes...Drakhar es mío...el ejército jamás te obedecera.— amenazó Veyron.
—entonces los quemare y haré mi propio ejército.— respondió el pelirrojo.
Este, levanto las manos y los dragones dejaron salir un rugido.
—quien no este de mi lado, será alimento de mis dragones.— sentenció el pelirrojo.
El palacio termino siendo un caos, el pelirrojo golpeo al emperador hasta dejarlo inconsciente y lo arrastrado escaleras abajo, pasando por el pasillo hasta el salón del trono, donde, los nobles de la corte, observaban por la ventana a los dragones del patio. Al escuchar las puertas abrirse voltearon, viendo al emperador ser arrojado en medio del salón.
—de ahora en adelante, yo, Friedrich Von Alhen, soy el emperador de Drakhar.— hablo con autoridad.
Friedrich caminó hasta el trono y tomo asiento en este, ante las miradas confusas de los nobles de la corte.
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En Elarion, el sumo sacerdote se ha reunido con el emperador, y se niega a permitir que la santa sea entregada como ofrenda de paz. El sumo sacerdote, conoce la fama del príncipe heredero de Drakhar, y si la santa es enviada como concubina, sabe que le espera una vida llena de sufrimiento y abusos.
—señoría, esto es por la paz, por nuestra gente. Una chica a cambio de miles de vidas, incluyendo la de nuestros soldados.— explica el emperador.
—¿y la vida de la santa no importa?, ella es una enviada de la diosa. ¿Su majestad no teme a la irá de la diosa?— pregunta el sumo sacerdote.
—la diosa entenderá...que su elegida sea entregada para salvar al imperio, es un honor.— asegura el emperador.
—su majestad...esta faltando al respeto al templo y nuestra diosa. Debería temer, la irá de la diosa podría traerle peores desgracias que solo una guerra.— reclama el sumo sacerdote.
—suficiente...esta desafiando mi autoridad, me falta al respeto. Su señoría esta buscando que yo...
—¡basta!— una voz femenina interrumpe.— su señoría solo se preocupa por mi bienestar, ¿es acaso eso un crimen?—
Sylvia estaba de pie en las puertas del salón. La joven albina camina hacía el sumo sacerdote y le sujeta del brazo para que se ponga de pie. El hombre ya era mayor, y llevaba rato arrodillado.
—mi señorita.— habla con preocupación.— es injusto lo que su majestad pide...
—esta bien señoría.— mira al emperador.— aceptó lo que su majestad pide...pero, si la irá de la diosa cae sobre usted, el templo cierra sus puertas y no lo ayudará.
Sylvia lanzo su advertencia sin miedo, y todos en la corte quedaron en silencio. Esa joven se atrevió a desafiar al emperador.
—mujer insolente...que te entregue por el bien del imperio es un honor para ti.— reclamo el emperador furioso.
—no, no es un honor, solo es muestra de su cobardía y negligencia...— responde Sylvia.
El emperador apretó los dientes. Quería ordenar a sus guardias que le den cien azotes, pero, dañarla solo haría que el príncipe heredero de Drakhar perdiera su interés y su oportunidad de firmar la paz se acabaría.
—como esposa, tu hombre te enseñara a mantener cerrada esa boca tuya, mujer insolente.— hablo el emperador sin contener su furia.
Sylvia no dijo nada, solo ayudo al sumo sacerdote a salir de esa sala. El hombre mayor, estaba preocupado, era injusto que la joven sea enviada como ofrenda de paz a un mal hombre.
—no se preocupe señoría...estaré bien, usted sabe que no soy débil, y que ese hombre pagará por lo que hace.— asegura la albina.
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Balthazar llegó al palacio, siendo recibido personalmente por el emperador Theron, acompañado de Julian y algunos nobles de la corte. Estos saludan a Balthazar y es guiado hasta el salón del trono.
—ya que he sido recibido por el mismo emperador, he de imaginar que, su majestad ha aceptado mi petición para un acuerdo de paz.— menciona Balthazar.
—por supuesto majestad, hemos hablado con el sumo sacerdote del templo, y ha aceptado.— asegura Theron.
—perfecto, podemos negociar los términos del tratado.— responde Balthazar.
La plática tomo más de una hora, y finalmente ambos firmaron el documento del tratado de paz. Ante esto, el emperador sugirió hacer un banquete esa misma noche, para celebrar el tratado de paz y para que, la santa pueda presentarse ante Balthazar.
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Friedrich: 🎶"Yo no soy celoso, solamente cuido lo que es mío y lo que es mío no se toca"🎶
Sylvia: 🎶"Sólo es un aliado no seas tan chismoso"🎶
Friedrich: 🎶"Pero yo también era tu aliado y terminé siendo otra cosa"🎶