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El Deber Del Duque Transmigrado

El Deber Del Duque Transmigrado

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Duque / Edad media
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Tiinii_1605

Antes de morir en una sangrienta operación militar en la Tierra, la vida del protagonista tuvo un solo propósito: pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana menor. Cada noche, para calmar su dolor, le leía novelas de romance. Tras perderla, cayó en combate poco tiempo después.

Para su sorpresa, despierta como Alexander von Ashford, poderoso Duque y General del Imperio de Valerius. La transmigración ocurre un mes después de partir a una guerra absurda, tras la trágica caída de su caballo. Ahora, un nuevo espíritu toma las riendas de su destino.

Al cruzar los recuerdos del cuerpo con los conocimientos de la novela, comprende la realidad: está dentro del libro. En la historia original, tras tres años de guerra, el Duque regresaba para descubrir que su esposa Elena y su hijo Theo de tres años habían muerto trágicamente.

Con su astucia táctica y la memoria del cuerpo, el exmilitar actuará rápido para cambiar el destino.

NovelToon tiene autorización de Tiinii_1605 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sombras en la residencia Ashford

El sol de la mañana apenas lograba iluminar los fríos pasillos del palacio ducal. Desde la partida de Alexander hacia el frente de batalla, la enorme residencia de la familia Ashford se sentía más silenciosa y sombría que de costumbre.

Elena caminaba lentamente por el jardín privado mientras sostenía la pequeña mano de su hijo Theo, de tan solo tres años. El niño reía alegremente persiguiendo a una mariposa, totalmente ajeno a las presiones políticas que sofocaban a su madre.

—Mamá, ¿cuándo regresará papá del trabajo con las espadas? —preguntó el pequeño Theo, levantando sus enormes ojos oscuros llenos de inocencia.

—Pronto, mi amor. Tu padre es el General más fuerte del imperio y regresará en cuanto cumpla con su deber —respondió Elena, acariciando con dulzura el suave cabello de su hijo.

Sin embargo, la calma de la casa se había roto de forma abrupta hacía tres días, cuando la Princesa Evelyn se presentó en la mansión sin previo aviso, acompañada por un numeroso séquito de sirvientes imperiales.

La princesa justificó su presencia afirmando que venía a brindar apoyo en nombre del Emperador durante la ausencia del Duque. Aunque por fuera todo parecía transcurrir con normalidad, su actitud incomodaba profundamente a Elena.

Evelyn pasaba horas rondando por el despacho ducal, ofreciéndose con insistencia a hacerse cargo de la administración, la contabilidad y el manejo de la servidumbre, tareas que le correspondían legalmente a la Duquesa consorte.

—Duquesa Elena, debería descansar y dedicarse solo a cuidar del niño. Yo puedo encargarme fácilmente de los pesados documentos del ducado —le había dicho Evelyn esa misma mañana con una sonrisa almibarada.

«Hay algo inquietante en la forma en que me mira cuando cree que no la observo», pensó Elena, sintiendo un helado escalofrío. La mirada de la princesa hacia ella y hacia el pequeño Theo no reflejaba cortesía, sino un resentimiento profundo.

Pero la intromisión de la princesa no era la única fuente de preocupación para la joven Duquesa. El comportamiento de las personas dentro de su propio hogar se había vuelto extrañamente esquivo e inusual en los últimos días.

Julian von Ashford, el hermano menor de Alexander, a quien el propio Duque había llamado para apoyar a Elena durante la guerra, mostraba un nerviosismo constante. Se la pasaba encerrado o manteniendo largas reuniones a puerta cerrada con la Princesa Evelyn.

Elena intentó buscar el respaldo de su cuñado durante la hora del almuerzo, esperando encontrar en él la lealtad familiar que el ducado necesitaba en este momento tan crítico.

—Julian, ¿no te parece imprudente que la princesa intente modificar los horarios de la guardia ducal sin mi consentimiento? —inquirió Elena con firmeza, mirándolo al otro lado de la mesa.

Julian dio un pequeño trago a su copa de vino, evitando sostener la mirada de su cuñada. Sus manos temblaron levemente al dejar el cristal sobre el mantel.

—Elena, la princesa es la hermana del Príncipe Heredero. No debemos crear tensiones innecesarias con la familia imperial mientras mi hermano está lejos —respondió Julian con voz evasiva—. Déjala colaborar si eso mantiene tranquila a la corona.

«Alexander te pidió que te quedaras para protegernos, no para ceder nuestro hogar a extraños», pensó Elena con decepción, notando la extraña sumisión de su cuñado ante la realeza.

A eso se sumaba la actitud de Gerald, el anciano mayordomo que había servido a la familia Ashford durante más de dos décadas. En los últimos días, Gerald parecía actuar a espaldas de Elena.

Elena sorprendió al mayordomo en varias ocasiones susurrando misteriosamente con Julian en los pasillos secundarios. Además, Gerald había comenzado a darle vacaciones forzadas a los sirvientes más antiguos de la casa, reemplazándolos por personal de la princesa.

—Mayordomo Gerald, ¿por qué autorizó el cambio de guardia en la entrada principal sin informarme previamente? —cuestionó Elena esa tarde al encontrarlo en el corredor.

—Mis disculpas, Duquesa. El joven amo Julian y la princesa consideraron que los nuevos guardias imperiales ofrecerán una mejor protección para usted y el joven amo Theo —contestó Gerald haciendo una reverencia tensa.

«Siento que me están aislando poco a poco en mi propia casa», reflexionó Elena con opresión en el pecho, dándose cuenta de que cada vez tenía menos control sobre lo que ocurría a su alrededor.

La atmósfera sofocante de la mansión alcanzó su punto de quiebre al caer la noche. Mientras Elena arrullaba al pequeño Theo en sus aposentos, un leve golpeteo en la ventana del balcón la puso en alerta.

Un hombre vestido con ropajes oscuros de viaje se descolgó en el balcón de forma sigilosa. Elena estuvo a punto de llamar a la guardia, pero el sujeto se quitó la capucha de inmediato y se arrodilló con respeto.

—Duquesa Elena, soy un mensajero enviado directamente por el General Alexander. Traigo una orden confidencial para sus manos —susurró el hombre, entregándole un pergamino sellado con cera roja y el halcón ducal.

—¿Alexander? ¿Él se encuentra bien? —preguntó Elena con el corazón latiéndole desbocado.

—El Excelentísimo Duque sufrió una caída de caballo hace una semana, pero ha despertado y ha tomado el mando de las tropas. Me ordenó entregarle esto sin que pase por el mayordomo Gerald ni por el amo Julian —explicó el emisario.

Elena rompió el sello de cera con dedos temblorosos. Al desplegar el documento, reconoció la caligrafía firme e imponente de su esposo.

Leyó atentamente las palabras escritas por Alexander: «Elena, no confíes en nadie dentro del ducado. Sé bien que hay traidores a tu alrededor y, aprovechando mi ausencia, comenzarán a dejarse ver aún más. Mantén la guardia alta y protege a Theo».

Las lágrimas rozaron las mejillas de Elena, no de tristeza, sino de una profunda revelación. La frialdad habitual de su esposo se había transformado en una clara advertencia de protección hacia ella y hacia su hijo.

«Él lo sabe... Alexander presintió desde el frente de batalla la red de intrigas que se está tejiendo a mi alrededor», pensó, apretando la carta contra su pecho.

Las extrañas actitudes de la Princesa Evelyn, la conducta evasiva de Julian y la misteriosa actitud del mayordomo Gerald adquirían ahora un sentido peligroso y coordinado.

Elena se encaminó rápidamente hacia su escritorio personal, encendió una vela y tomó pluma y tintero. Tenía poco tiempo para redactar su respuesta antes de que el mensajero secreto abandonara los alrededores del ducado.

Comenzó a escribir con mano firme, volcando la realidad de lo que estaba presenciando en la residencia:

«Querido Alexander:

Recibir tu carta ha sido una luz en medio de la penumbra que empieza a envolver nuestro hogar. Me reconforta saber que te recuperas favorablemente de tu accidente.

Tus advertencias no han llegado en vano. La Princesa Evelyn se instaló en la mansión bajo el pretexto de ayudarnos, pero sus miradas hacia Theo y hacia mí son frías y amenazantes.

Julian se muestra extremadamente evasivo y atado a la voluntad de la princesa, ignorando mis peticiones. Por su parte, el mayordomo Gerald está reemplazando a nuestra servidumbre de confianza por personal desconocido.

No te preocupes por nosotros; mantendré la vigilancia sobre Theo en todo momento y no cederé mi autoridad ante la princesa. Por favor, cuídate en la batalla y regresa a salvo.

Tu esposa, Elena.»

Elena selló la misiva con su sello personal y se dirigió al balcón para entregársela al mensajero que aguardaba pacientemente entre las sombras de los árboles.

«No me dejaré vencer tan fácilmente, Alexander. Protegeré a nuestro hijo mientras tú luchas por nosotros en el frente», juró Elena con determinación, observando las estrellas nocturnas.

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Arely Castañeda
ya sospechaba algo de julina y ve estaba enamorado de Elena😱
Arely Castañeda
me encanta
que obra tan magistral
ya quiero ver arder a esos traidores
Arely Castañeda
mas por favor
ya quiero ver asustados a los traidores cuando el ya empiece a dar órdenes con el sello 👏🤭
Arely Castañeda
que emoción 🤭
Isabel Cuatindioy
👏👏👏👏👏
jaime pinto ramirez
espero que todo salga bien /Pray//Pray/
jaime pinto ramirez
cómo es posible que el emperador permita todo lo que está haciendo su hija, o no lo sabe ? /Speechless/
jaime pinto ramirez
que bueno que tenga algo de ayuda en su casa y así no se desanime
Arely Castañeda
mas por favor👏
Kira Javan
será que el hermano quería el ducado? Envidia? o quería a Elena y la casaron con el duque? mmmm buena trama suspenso 🙈
Kira Javan
🤷 creo yo que vamos bien y no tan larga pliss 🙏 🙈😂
Arely Castañeda
/Angry/
malditos como los odio y ese Julian su envidia y ambición lo destruiría y esa bruja ya me cae bien mal
Arely Castañeda
mas por favor 👏😭
Arely Castañeda
por diossss👏 ya que se los lleve
estos acabarán amándose mucho
Arely Castañeda
maldita loca
Arely Castañeda
😭😭😱😱😱😱
Arely Castañeda
que nervios
no nos dejen con la incertidumbre
ya quiero verla llegar con Alexander
Arely Castañeda
ya quiero que salgan de ahí
malditas vivoras y que bueno que no tienen el sello
jaime pinto ramirez
interesante inicio
Cosass UNI
Interesante
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