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¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Matrimonio arreglado
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Para salvar a su madre del desalojo, Harper acepta un matrimonio por contrato de dos años con Jeremy, el heredero del imperio multimillonario Salvatore. Pero en la noche de bodas, el novio huye con el dinero, activando una cláusula oculta que la vincula legalmente al temido CEO de la corporación: Mason Eliot Salvatore, el hermano mayor.
Convencido de que ella es una cazafortunas, Mason la recluye en su penthouse bajo reglas implacables. Sin embargo, la dignidad de Harper desafía su frialdad, transformando el cautiverio en una atracción adictiva. Cuando los enemigos de la familia arman una red de mentiras para acusarla falsamente, Harper firma el divorcio, renuncia a millones y desaparece.
Al descubrir la verdad, el oscuro magnate de Wall Street enfrenta la peor de sus condenas: la ausencia de la única mujer que rompió su armadura. Dispuesto a perder su orgullo y caer de rodillas, Mason emprenderá una cacería desesperada para recuperar a la esposa que nunca debió dejar ir.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 19: CELOS [+18]

Harper Jones

El aire acondicionado del automóvil silbaba en la penumbra, pero no lograba enfriar el calor sofocante que se acumulaba en el habitáculo.

Las luces de la Quinta Avenida se filtraban a través de los cristales tintados como ráfagas de luz dorada y azul que cortaban la oscuridad cada pocos segundos. El conductor, separado de nosotros por un cristal divisor opaco e insonorizado que se había cerrado en cuanto subimos, conducía a gran velocidad hacia el penthouse.

Yo estaba sentada en el extremo del asiento de cuero negro, envuelta todavía en la chaqueta de esmoquin de Mason. Me sujetaba la muñeca derecha, donde las marcas rojas y violáceas de los dedos de Sterling comenzaban a oscurecerse. Sentía el cuerpo agotado, tembloroso, pero la adrenalina de lo sucedido en la gala aún me mantenía los sentidos en alerta máxima.

A mi lado, Mason no decía una sola palabra.

Estaba sentado con las piernas abiertas, la camisa blanca desabrochada en el cuello y las mangas arremangadas hasta los antebrazos. Sus manos, las mismas que habían roto los huesos del magnate con una frialdad espeluznante, estaban apoyadas sobre sus rodillas. Sus nudillos estaban enrojecidos. La vena de su cuello latía con una cadencia violenta y sus ojos azules, clavados en mi muñeca magullada, ardían con una furia implacable que no se había apagado al salir del edificio.

De pronto, rompió el silencio.

—¡Como se atrevió a tocarte!—dijo.

Su voz fue un gruñido grave, rasposo, amenazante, que hizo que el cuero del asiento crujiera cuando se giró de golpe hacia mí.

—Mason... —intenté articular, pero no tuve tiempo de terminar.

Se abalanzó sobre mí con la velocidad de un depredador. Su mano izquierda se incrustó en mi nuca, atrapando mi cabello pelirrojo con un agarre posesivo que me obligó a echar la cabeza hacia atrás, mientras su brazo derecho me rodeaba la cintura y me arrastraba por el asiento hasta encajarme contra su regazo.

La chaqueta de su esmoquin resbaló de mis hombros, cayendo al suelo del vehículo.

—Ese imbécil puso sus manos sobre ti —siseó contra mis labios, con la cara a milímetros de la mía. Podía sentir el calor abrasador que emanaba de su piel, el aliento agitado y la tensión brutal de cada uno de sus músculos—. Pensó que podía ponerte las manos encima... que podía tocar lo que es mío.

—Él me acorraló, y yo... —empecé a explicar, sofocada por la cercanía de su cuerpo.

—Cállate —me interrumpió con un beso feroz, hambriento, desesperado.

Su boca se estrelló contra la mía con un impacto que me hizo ahogar un gemido. No fue un beso punitivo como los anteriores; este estaba impregnado de un celo primitivo, de una rabia posesiva que rayaba en la locura.

Me mordió el labio inferior hasta sacarme un chispazo de dolor que se transformó de inmediato en una descarga eléctrica en la parte baja de mi vientre. Su lengua invadió mi boca sin pedir permiso, reclamando cada rincón con una intensidad que me dejó sin aliento.

A diferencia de las veces anteriores, esta vez no hubo barreras de ropa ni movimientos calculados.

Mason me soltó el cabello y llevó ambas manos a la espalda de mi vestido de seda verde. En un movimiento violento y decidido, bajó la cremallera de un solo tirón hasta el final. La tela esmeralda se abrió de par en par, dejando al descubierto mi espalda desnuda y la parte delantera del corsé.

—Quítatelo —ordenó contra mi cuello, bajando la boca para dejar una línea de besos húmedos y mordiscos marcados sobre la piel de mi clavícula.

Mis manos, que segundos antes estaban rígidas por el pánico, reaccionaron con una voluntad propia que me aterró y me fascinó a la vez. No intenté cubrirme. No intenté empujarlo. Con los dedos temblorosos por la prisa y una necesidad oscura que empezaba a devorarme por dentro, deslicé las tiras del vestido fuera de mis hombros y dejé que la seda cayera por completo hasta mi cintura, exponiendo mi pecho desnudo al aire frío del vehículo y a la mirada abrasadora de Mason.

Él ahogó un juramento.

Con un movimiento rápido de sus brazos, Mason se quitó la camisa de vestir, rompiendo dos botones en el proceso, y la arrojó a un lado. Por primera vez, su torso amplio, esculpido y cubierto de una fina capa de sudor quedó completamente al descubierto ante mí. La piel contra piel fue una explosión tépida: el calor de su pecho desnudo contra mis pechos descubiertos provocó que se me escapara un suspiro agudo y entrecortado.

Nos estábamos desnudando de verdad. Sin máscaras, sin telas de lujo de por medio, sin el filtro de la etiqueta corporativa.

Mason me sujetó por los muslos y me levantó sin esfuerzo, haciéndome quedar a horcajadas sobre sus piernas. Me desabrochó los tacones con torpeza y los tiró al suelo del coche. Luego, con sus manos grandes recorriéndome la piel de las caderas, me bajó la pequeña prenda de encaje que me quedaba hasta quitármela por completo.

Estaba completamente desnuda sobre su regazo, envuelta solo por la penumbra de la camioneta en movimiento y el calor abrasador de su cuerpo.

Mason llevó la mano a su cinturón. Se bajó el pantalón y la ropa interior de un solo empujón. No buscó en la chaqueta del suelo. No abrió la cartera. No hubo rastro del envoltorio de plástico ni del látex de protección que siempre llevaba consigo.

Le dio igual. A mí también me dio igual.

La prudencia, el miedo a las consecuencias y los prejuicios racionales se evaporaron en la atmósfera sofocante del habitáculo. En ese instante, en medio del bamboleo de la suspensión de la camioneta blindada acelerando por las avenidas de Nueva York, solo existíamos nosotros dos y la necesidad física violenta que nos devoraba.

Mason acomodó sus manos en mis caderas, alineando mi cuerpo con el suyo.

—Mírame, Harper —ordenó con la voz rota, la respiración entrecortada y los ojos azules brillando con una posesividad salvaje.

Lo miré a los ojos. Sostuve su mirada en la penumbra.

Sin perder el contacto visual, se impulsó hacia arriba y me penetró de un solo golpe, profundo y absoluto.

Un gemido agudo, largo y rasgado se me escapó de la garganta, retumbando contra los cristales blindados de la camioneta. La sensación de tenerlo dentro de mí, piel contra piel, directo, sin barreras de ningún tipo, fue tan abrumadora que eché la cabeza hacia atrás, apoyando la nuca en su hombro desnudo mientras mis manos se clavaban con fuerza en sus trapecios sudorosos.

Estaba tan caliente, tan lleno dentro de mí, que el dolor inicial de la embestida se transformó en milésimas de segundo en un placer denso, pesado, que me recorrió la espina dorsal como un chispazo de fuego líquido.

—Eres mía... —murmuró Mason contra mi oído, haciéndose cargo del ritmo con un empuje rudo, constante y sofocante—. Ningún otro hombre vuelve a ponerte una mano encima. Si alguien te toca, lo destruyo. ¿Me oyes, Harper? Eres mía.

Inició el movimiento de sus caderas desde abajo, embistiéndome con una fuerza bruta que hacía que todo mi cuerpo se estremeciera a cada choque. La camioneta tomó una curva a gran velocidad, y la fuerza centrífuga nos apretó aún más el uno contra el otro, intensificando la fricción de nuestras pieles sudorosas.

Comencé a moverme sobre él, respondiendo a sus embestidas con una entrega que jamás creí capaz de sentir por el hombre que me había chantajeado y encerrado en su mundo. Mis caderas se acoplaron a las suyas en un ritmo frenético, salvaje, sin compostura.

Por primera vez desde que lo conocía, no me sentí como una víctima acorralada ni como un trofeo de papel. Viendo la desesperación en el rostro de Mason, escuchando sus gruñidos roncos contra mi cuello y sintiendo el temblor que recorría sus hombros musculosos mientras me sujetaba con una fuerza casi dolorosa, lo comprendí con una claridad cegadora:

Mason Salvatore no me estaba dominando solo por poder o por crueldad. Estaba obsesionado conmigo. Me deseaba con una voracidad enfermiza, salvaje, que lo volvía vulnerable ante mí aunque intentara disfrazarlo de control. Y por primera vez en mi vida, sentirme deseada con esa intensidad oscura me hizo sentir poderosa.

—Mason... ah... —gemí su nombre contra su mejilla, pasando mis brazos alrededor de su cuello y pegando mi pecho sudoroso al suyo.

El beso que siguió fue una colisión de lenguas y alientos agitados. Le mordí el labio superior, devolviéndole la rabia de la noche, mientras aceleraba el vaivén sobre su miembro. Mason soltó un gruñido grave desde el fondo de su tórax y atrapó mis nalgas con ambas manos, elevándome un centímetro para volver a enterrarse en mí con embestidas aún más profundas, más rápidas y desquiciadas.

El sonido del cuero crujiendo bajo nuestro peso, el roce sofocante de nuestra piel cubierta de sudor y las respiraciones desbocadas llenaron el espacio reducido de la camioneta.

—Voy a acabar dentro de ti, Harper... —me advirtió con la voz completamente raspada, clavándome los dedos en las caderas mientras su ritmo se volvía errático, frenético, al borde del colapso.

—Hazlo... —supliqué en un murmullo entrecortado, perdiendo el juicio por completo ante el placer abrasador que se acumulaba en el centro de mi cuerpo.

Sus embestidas finales fueron brutales, implacables, haciendo que la camioneta entera parecido temblar. Sentí la tensión en el abdomen de Mason llegar a su punto crítico, sus músculos poniéndose duros como la piedra bajo mis dedos.

El espasmo final me alcanzó a mí primero. Un clímax violento, eléctrico, me atravesó las entrañas, haciendo que mi cuerpo se contrajera en oleadas rítmicas alrededor del suyo. Sujeté a Mason por los hombros con todas mis fuerzas mientras un grito ahogado moría en mi garganta contra su cuello.

Al sentir las contracciones de mi cuerpo rindiéndose al placer, Mason soltó un rugido grave y ahogado. Se clavó hasta el fondo dentro de mí y se vació con una descarga abrasadora, directa y profunda, llenándome por completo con su semilla en medio del temblor final que nos sacudió a los dos.

Nos quedamos unidos, inmóviles en la penumbra del vehículo en movimiento.

El pecho de Mason subía y bajaba con violencia contra el mío, ambos empapados en sudor, respirando el mismo aire espeso y sofocante. Mantuvo sus brazos rodeándome la espalda, apretándome contra su torso sin intención de soltarme, mientras su corazón martilleaba con una fuerza desbocada directamente contra mis costillas.

Escondí el rostro en el hueco de su cuello, sintiendo el latido desbocado de su pulso bajo mi mejilla.

La camioneta redujo la marcha, entrando por la rampa del garaje subterráneo del penthouse. El motor se apagó y la penumbra del recinto nos envolvió por completo.

Ninguno de los dos se movió para vestirse inmediatamente. En medio del silencio que siguió a la tormenta, con mi cuerpo aún temblando sobre el suyo y la marca de sus celos latiendo en mi interior, supe que la frontera entre el odio y la obsesión se había roto para siempre. Y que de esta noche no había marcha atrás para ninguno de los dos.

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Yudith flores
Así se habla 😌
Eli Cardona💘💘
Así se habla niña 👋😞
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Me encanta que Harper mantenga su temple de acero frente a la crueldad con que la tratan. Quiero ver a Masón sufrir por el amor de esta diosa 🤭
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰: ¡Eso!, alocate bebé 😌
total 2 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder. Lo odio, pero me gusta /Scream/
Celeste Godoy: LO DISEÑÉ TAN BIEN AL DESGRACIADO😅❤️👌
total 1 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Odio al tipo, más me alegraría inmensamente que el caiga primero y sepa lo que rogar /CoolGuy/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
"Fenomenal" no estoy segura de que sea la palabra adecuada para describir tú historia, pero hasta entonces seguiré buscando más adjetivos /Smile/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Él es cruel
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Eso es mi vida /Ok/
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
No puedo, lo odio tanto. Son unos desgraciados
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Noo!! estoy llorando /Whimper/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
😦
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¿Quién es este tipo? 👀
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¡Eso mi vida!, ¡no te dejes pisotear!
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder, me encanta /Smile/
Liney Atencia
bravo mujer 👏😭🤭
jerinson
madre ella no
jerinson
claro es una temblarera 🥰
jerinson
debo decir que es una historia que he leído en mi vida más increíble
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