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Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Posesivo / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Mi esposo quería quedarse con mis bebés, criarlos con su amante y echarme después del parto.
Pero mis gemelos no eran suyos.
La clínica había usado por error la muestra de Jerónimo Alcántara, el magnate más temido de México.
Decidí divorciarme, recuperar mi dinero y sacar a la luz las mentiras de los Cardona. Rodrigo creía que yo no era nadie sin su apellido. Pronto descubriría cuánto le iba a costar haberme subestimado.
La esposa que había humillado era V, una artista reconocida. Y el hombre al que él jamás se atrevería a desafiar llevaba tiempo buscándome.
Mientras mi matrimonio se derrumbaba, Jerónimo empezó a hacer algo que mi esposo nunca había hecho: escucharme, protegerme y tomarse en serio lo que yo quería.
Ahora mi ex me ruega que vuelva.
Pero el padre de mis gemelos quiere casarse conmigo.
Y yo no pienso volver con el hombre que quiso quitarme a mis hijos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16

Llegué al juzgado con el convenio revisado y cuatro horas de sueño.

Estaba de diecisiete semanas. La cintura del pantalón empezaba a molestarme al sentarme y tuve que aflojar el botón bajo la blusa, allí en la banca del pasillo, mientras la abogada buscaba una hoja entre las copias.

Beto y Tito esperaban cerca de la puerta. Yo les había dicho que se sentaran. Beto aceptó; Tito prefirió seguir mirando la entrada.

—Antes de entregarlo, repasemos los bienes —me dijo la abogada—. No quiero que firme una renuncia solo porque tiene prisa.

Yo había propuesto no discutir ciertas cosas para acelerar el acuerdo. Ella separó lo que podía decidir de lo que no convenía mezclar con mi deseo de irme.

—Su departamento merece una revisión propia —añadió—. Y esto no elimina ninguna protección que necesite.

Le hice repetir el alcance de dos párrafos. Me daba vergüenza preguntar por tercera vez, pero no tanta como la posibilidad de descubrir otro documento firmado sin entenderlo.

Al final asentí.

La funcionaria incorporó lo que correspondía al expediente. Salí con otro acuse y una fecha pendiente de confirmación. Rodrigo no había conseguido detener mi solicitud por mandar un informe, pero el matrimonio todavía no estaba disuelto.

Encendí el teléfono en la calle.

Rodrigo llamó antes de que llegara a la camioneta.

—¿Otra vez en el juzgado?

—Sí.

—Podrías contestarme en lugar de hacerme enterar por otras personas.

Miré a la abogada, que se había detenido a unos pasos. Le hice una seña para que esperara.

—Puede hablar con mis abogados.

—Renata, por favor. Ya sé que estás enojada. No voy a negar que tengas razones. Pero puedes dejar de hacer este numerito antes de que mi papá…

Se interrumpió.

Esperé. Quería oír qué parte de su padre pensaba usar como argumento.

—¿Antes de que su papá haga qué? —pregunté.

—No juegues conmigo.

—Le estoy preguntando.

Su respiración se oyó más cerca del micrófono.

—Te vas a quedar sola. Esa gente que ahora te ayuda no va a pagar tus cuentas siempre.

Pensé en la factura de mi departamento, en el estudio que había mantenido cerrado para no incomodarlo. No le expliqué nada. Ya no quería que descubriera quién era yo para que se arrepintiera de perderme. Quería que dejara de decidir qué podía hacer.

—Las cuentas las revisaré yo. No voy a retirar la solicitud.

—¿Por qué me hablas de usted?

—Porque no quiero que me hable como si esta conversación fuera a terminar con un regalo y una disculpa mía.

Hubo un silencio largo.

Antes lo habría llenado. Le habría dado una salida, una frase menos fea que pudiera repetir. Dejé que buscara la suya.

—Todavía puedes volver —dijo al fin.

—No voy a volver, Rodrigo.

Colgué. Me dolía la mandíbula de apretarla. La abogada me preguntó si había una amenaza nueva que registrar. Le conté la conversación antes de que yo misma empezara a restarle importancia.

Poncho nos esperaba junto a la camioneta.

Traía la confirmación del nuevo domicilio de Robledo. El traslado había terminado sin problemas y el enlace mantendría el contacto.

—La auxiliar también tiene asesoría —dijo, en voz baja—. No quiere hablar por teléfono de los códigos. Entregará su declaración por medio de su abogado.

—Que conserve copia de lo que entregue.

Poncho asintió.

Me dio además un sobre de Lino. Era la confirmación del equipo que apoyaría las denuncias, con nombres y un canal de contacto. Jerónimo estaba cumpliendo lo acordado sin exigirme una visita a cambio.

Le pasé la documentación a mi abogada.

—Quiero saber qué presentan a mi nombre antes de que lo presenten.

—Así vamos a trabajar —respondió.

Me tranquilizó oírlo. Había aceptado ayuda, pero todavía me costaba no esperar que llegara un momento en que todos hablaran entre ellos y yo volviera a quedarme fuera.

Subí a la camioneta.

El mensaje entró cuando estaba acomodando el cinturón.

Un número desconocido. Una fotografía.

Rodrigo y Ámbar aparecían bajo la marquesina de un hotel, tomados de la mano. En la esquina figuraba una hora de madrugada y la fecha de ese día.

Leí el mensaje que la acompañaba.

“Para que no crea la versión que van a dar esta noche”.

Se lo mostré a Poncho. No quise contestar.

—¿Es tuyo?

Negó con la cabeza.

Podía ser una foto real. También podía estar recortada, llevar una fecha añadida o venir de alguien que quisiera hacerme reaccionar sin comprobar nada.

—Averigua quién lo mandó —le pedí—. Y no uses el enlace que adjuntó.

Mi primera urgencia ya no era saber dónde dormía mi marido. Era entender por qué alguien que yo no conocía esperaba una respuesta mía.

Poncho guardó el número para revisarlo.

La abogada mencionó que la fundación tenía programada una gala aquella noche. Yo conocía la fecha. Había decidido no ir hasta ver la frase escrita bajo la foto.

—¿Qué versión? —pregunté.

Poncho buscó el comunicado que acababan de mandar a la prensa.

La familia calificaba los rumores sobre Rodrigo y Ámbar de información antigua usada para perjudicar a la fundación. Aseguraba que la relación había terminado antes de mi boda y que ambos mantenían solo un vínculo profesional.

Volví a mirar la fotografía. Si era de esa madrugada, no estaban negando únicamente lo que me habían hecho. Estaban preparando otra forma de decir que yo mentía.

—Primero confirma quién la tomó —le dije a Poncho—. Después decidimos qué hacemos esta noche.

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Mar Sol
¡¡Ándale!! ¡¡Sin vergüenza!! Ofelia es malvada, ahora sí, se le callo el teatrito.
Mar Sol
Jerónimo ya se dió cuenta, que Renata es, V.
Mar Sol
¡¡Hay Dios!! si Jerónimo cuida a Renata sin saber lo de los bebés, pues ahora más la va a cuidar, por que ya investigó quien lo va hacer padre.
Gloria...🇻🇪
La manzanilla no es buena para las embarazadas
Mar Sol
Rodrigo es un cretino, infiel, no merece ni un gramo de consideración de parte de Renata, afortunadamente, Jerónimo está pendiente de ella.
Mar Sol
Jerónimo, acertadamente se acercó a la persona que puede ayudar a su hermana.
Mar Sol
Horrible persona es Ofelia, necesita un escarmiento por entrometida y despreciable.
Mar Sol
Jerónimo se dió cuenta que ella es V.
Mar Sol
¡¡que horror!! Rodrigo es un poco hombre, Ofelia y Ámbar, son unas descaradas.
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