Un matrimonio que ninguno eligió. Un hombre que no la ama. Y un secreto que cambiará sus vidas para siempre.
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CAPÍTULO 9 — LOS CELOS QUE NO QUERÍA SENTIR
El salón seguía lleno de invitados. La música había vuelto a sonar y todos intentaban continuar la celebración como si nada hubiera pasado. Aitana, sin embargo, había decidido no esconderse. Se había arreglado nuevamente y permanecía cerca de una de las grandes ventanas, sosteniendo una copa entre sus manos y conversando tranquilamente con algunos invitados. No quería que nadie volviera a verla derrotada.
Alessandro se acercó y comenzó a hablar con ella. Aitana agradecía su compañía porque, a diferencia de los demás, él no la miraba con lástima ni hacía preguntas sobre lo ocurrido. Poco a poco consiguió que ella sonriera. Desde el otro extremo del salón, Gael observaba la escena mientras fingía conversar con sus amigos.
Intentó ignorarlos, pero sus ojos regresaban una y otra vez hacia Aitana. Cada vez que Alessandro conseguía hacerla reír, algo dentro de él se tensaba. Se repetía que no le importaba. Aitana era su esposa por contrato y él no sentía nada por ella.
Entonces no había ninguna razón para molestarse.
—¿Vas a seguir mirándolos? —preguntó uno de sus amigos.
Gael apartó la mirada.
—No estoy mirando a nadie.
—Claro.
Gael no respondió. Volvió a mirar y vio que Alessandro seguía junto a Aitana.
Valentina también se dio cuenta. Se acercó a Gael y observó la escena.
—Alessandro parece bastante interesado en ella.
—Eso no es asunto mío.
—Entonces no debería molestarte si se van juntos.
Gael la miró.
—¿Qué quieres decir?
—Nada. Solo digo que, si realmente no te importa, deberías dejarla hacer lo que quiera.
Gael apretó la mandíbula. No respondió, pero aquella frase quedó dando vueltas en su cabeza.
Poco después, Alessandro le preguntó a Aitana si quería salir un momento al jardín.
Ella miró hacia las puertas y asintió. —Sí, me gustaría.
Gael dejó inmediatamente su copa sobre la mesa.
—¿Ahora qué? —preguntó su amigo.
—Nada.
Pero su expresión decía lo contrario.
Aitana y Alessandro comenzaron a caminar hacia la salida. Gael los observó en silencio.
Intentó encontrar una explicación para la incomodidad que sentía. No eran celos. Era orgullo. Era su reputación. No podía permitir que su esposa abandonara su propia fiesta acompañada de otro hombre delante de todos. Eso era lo único que le molestaba.
Antes de que Aitana pudiera salir, Alonso se acercó.
—Aitana, espera. Alessandro me pidió permiso para salir contigo y le dije que sí.
Ella lo miró sorprendida.
—¿En serio?
—Sí. Si tú quieres, puedes ir.
Alessandro sonrió.
—Solo si quieres.
Aitana asintió.
—Sí. Quiero ir.
Gael se acercó de inmediato. Las conversaciones comenzaron a apagarse cuando los invitados notaron su expresión.
—¿Salir? —preguntó.
Aitana lo miró.
—Sí.
—¿Con Alessandro?
—Sí, Gael.
Él dio un paso hacia ella.
—No vas a salir. Eres mi esposa. No me vas a dejar en ridículo delante de todos.
El salón quedó completamente en silencio.
Aitana dejó su copa sobre la mesa.
—¿Ahora sí soy tu esposa?
—No empieces.
—Tú empezaste cuando decidiste humillarme delante de todos. Ahora no puedes pretender decidir qué puedo hacer.
—Solo digo que no corresponde que salgas con otro hombre.
—¿Y por qué no?
Gael se quedó callado.
Aitana sostuvo su mirada.
—Tú mismo dijiste que este matrimonio no significaba nada para ti. Dijiste que no me querías y que solo estábamos juntos porque tu abuelo lo decidió. Entonces no puedes recordarme que soy tu esposa solamente cuando quieres controlarme.
Gael intentó responder, pero Aitana no retrocedió.
—Yo ya no soy tu esposa, Gael.
El silencio se volvió todavía más profundo.
—Soy tu esposa por contrato.
Nadie se atrevió a decir una palabra.
Alonso soltó una carcajada.
—¡Por fin alguien te lo dijo en la cara!
Gael lo miró molesto.
—Abuelo, esto no tiene gracia.
—Tú mismo le enseñaste que este matrimonio era un contrato.
Alessandro se acercó a Aitana.
—¿Nos vamos?
Ella tomó su bolso.
—Sí.
Gael quiso detenerla, pero no encontró ninguna razón que pudiera decir delante de todos. Aitana pasó junto a él y salió con Alessandro.
Justo entonces, los invitados comenzaron a cantar alrededor de la torta.
Gael permaneció inmóvil, mirando la puerta por la que Aitana acababa de desaparecer.
Intentó convencerse de que no eran celos.
Era orgullo. Era su reputación. Era simplemente que no quería que su esposa se fuera con otro hombre.
Eso era todo.
O eso quería creer.