La familia de Valentina está al borde de la ruina. Para salvar el apellido y las empresas familiares, ella acepta —o es prácticamente obligada— a casarse con un ranchero millonario de un pequeño pueblo del sur. Ella esperaba un hombre viejo y desagradable. En cambio encuentra a: Ethan Blackwood Treinta y pocos. Alto. Callado. Brutalmente atractivo. Dueño de miles de hectáreas, ganado premiado y medio pueblo. Un hombre que vive con botas embarradas, monta caballos al amanecer y odia todo lo que representa la alta sociedad de la ciudad. Y ahora tiene una esposa que llega al rancho con tacones, maletas de diseñador y cero idea de cómo sobrevivir lejos del wifi.
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Mucho Más Amable
La cocina seguía oliendo a pan recién horneado cuando:
Noah Blackwood
entró buscando comida como si hubiera sobrevivido una guerra.
—¿Martha hizo canela? Puedo oler felicidad desde afuera.
Martha Greene
le señaló una bandeja recién salida del horno.
—Siéntate antes de que te comas la mesa también.
Noah obedeció inmediatamente.
Entonces notó la tensión rara entre:
Valentina Rossi
y
Ethan Blackwood
Sus ojos brillaron con interés instantáneo.
—Oh, algo pasó.
—Nada pasó —dijeron ambos al mismo tiempo.
Noah sonrió ampliamente.
—Eso suena exactamente a que sí pasó algo.
Valentina tomó café intentando ignorarlos.
Ethan permanecía apoyado contra la mesa con esa expresión tranquila que comenzaba a irritarla peligrosamente.
Y honestamente…
seguía molesta porque actuó raro con Lucas.
Aunque no debería importarle.
—Valentina conoció a Lucas Hayes —comentó Martha inocentemente.
Traidora.
Noah soltó un: —Oooh— larguísimo mientras miraba directamente a Ethan.
—Y dice que fue muy amable —continuó Martha con absoluta maldad.
Ethan bebió café sin responder.
Eso solo empeoró todo.
Porque ahora Valentina quería molestarlo de vuelta.
Madurez inexistente.
—Bueno, lo fue —dijo ella casualmente—. Bastante amable en realidad.
Noah ya parecía estar viendo una novela en vivo.
—¿Más amable que Ethan?
Valentina soltó una risa nasal.
—Eso no es difícil.
Ethan levantó lentamente la mirada hacia ella.
Error.
Porque ella ya estaba decidida a seguir.
—Lucas no me trató como si fuera una turista incompetente sobreviviendo en la naturaleza.
—Porque Lucas todavía no te vio atacar una ventana ni caer en un estanque.
Noah casi escupe el café riéndose.
Valentina apuntó acusadoramente a Ethan.
—¡Eso fue una sola vez!
—Fueron dos accidentes distintos en menos de cuarenta y ocho horas.
—Técnicamente el caballo también cuenta como intento de asesinato.
Noah se estaba muriendo de risa directamente.
—Dios, esto es mejor que televisión.
Valentina volvió a mirar a Ethan con dramatismo.
—Además Lucas sí parecía feliz de hablar conmigo.
Silencio.
Pequeño silencio.
Sutil.
Pero Noah lo notó inmediatamente.
Porque Ethan dejó la taza sobre la mesa con demasiada calma.
La clase de calma peligrosa.
—¿Y yo no? —preguntó él tranquilamente.
Valentina abrió la boca.
Porque… buena pregunta.
El problema era que Ethan sí hablaba con ella.
Muchísimo.
La molestaba.
La observaba.
La seguía rescatando accidentalmente.
Pero nunca parecía completamente abierto.
Siempre había algo controlado en él.
Ella cruzó los brazos rápidamente.
—Tú pareces irritado por mi existencia el ochenta por ciento del tiempo.
Noah soltó: —Eso es prácticamente amor viniendo de Ethan.
Ethan le lanzó una mirada asesina.
Noah levantó ambas manos.
—¿Qué? Dije prácticamente.
Valentina sintió calor en las mejillas y odió eso inmediatamente.
—Creo que necesito regresar a Nueva York.
—Demasiado tarde —respondió Ethan.
Sus ojos claros seguían sobre ella.
Firmes.
Tranquilos.
Y otra vez apareció esa sensación extraña.
La de estar siendo observada demasiado atentamente.
—Además —continuó Valentina intentando defenderse— Lucas sabe mantener una conversación normal sin llamarme princesa cada cinco minutos.
Noah hizo un sonido divertido.
Ethan inclinó apenas la cabeza.
—¿Te molesta tanto?
—Sí.
—Mentira.
Valentina abrió los ojos.
—¿Perdón?
Una pequeña sonrisa apareció lentamente en la boca de Ethan.
—Nunca me pediste que dejara de hacerlo en serio.
Dios.
El muy arrogante acababa de dejarla sin respuesta.
Y Noah…
Noah literalmente golpeó la mesa riéndose mientras Martha intentaba no sonreír como si ya supiera exactamente hacia dónde iba todo eso.