Años después, Chiara y Markus han construido algo más que un imperio: tienen una hija que se convierte en lo único que realmente los une.
Pero los enemigos del pasado no han desaparecido.
Las guerras que comenzaron años atrás vuelven con más fuerza, y esta vez el precio es mucho más alto. Traiciones, venganzas y viejos secretos provocan una caída devastadora.
Muchos aliados mueren, las familias se destruyen y el imperio que tanto costó mantener empieza a desmoronarse.
Chiara tendrá que enfrentarse a la decisión más difícil de su vida: seguir luchando por el poder o salvar a lo único que queda de su mundo: su familia.
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Capitolo 10
...🥀...
“Luego quiero que visites mi despacho”
Las palabras de su padre para ella eran de temer, haciendo que sintiera un escalofrío recorrerle por todo el cuerpo. No sabía exactamente qué pretendía su padre con aquella petición, pero algo en su tono le decía que aquella conversación todavía no había terminado.
Aun así, decidió no darle más vueltas por el momento. Se concentró en terminar de organizar sus pertenencias mientras Charlotte hacía lo mismo al otro lado de la habitación.
Durante unos minutos, ninguna de las dos dijo nada.
Hasta que un sonido rompió el silencio.
El estómago de Charlotte había comenzado a protestar.
Valeria levantó la mirada y arqueó una ceja.
—Veo que alguien tiene un poco de hambre.
Charlotte se llevó una mano al abdomen y soltó una pequeña risa.
—En este clima me da más hambre de lo normal.
—Si quieres, podemos bajar a comer algo. Seguro que pueden prepararte lo que quieras.
Charlotte no tardó ni un segundo en responder.
—¿Qué estamos esperando?
Ambas bajaron hasta el comedor de la mansión.
El lugar era mucho más grande de lo que Charlotte había imaginado. Varias personas se encontraban trabajando en silencio, organizando cada detalle para la comida. En cuanto vieron entrar a Valeria, todos inclinaron la cabeza en señal de respeto.
Charlotte observó la escena con cierta sorpresa.
Las dos tomaron asiento y, poco después, una de las personas encargadas del servicio se acercó para preguntarles qué deseaban comer.
Una vez hechas las elecciones, colocaron frente a ellas una copa de agua, los cubiertos y las servilletas con una precisión casi perfecta.
Charlotte miró todo a su alrededor.
—Este lugar tiene más etiqueta que mi propia casa.
Valeria sonrió ligeramente.
—Son reglas de la mafia. Aquí todos trabajan para servir a los miembros de la organización, pero conocen perfectamente las consecuencias de hablar más de la cuenta.
Charlotte la observó con atención.
—¿Consecuencias?
Valeria bajó un poco la voz.
—Aquí el silencio es una regla. Nadie quiere convertirse en un problema para la organización.
Charlotte permaneció callada unos segundos.
—Veo que sabes mucho, a pesar de que tú tampoco estás dentro de la organización.
—Investigué bastante. Y, además, desde pequeña vi cosas que probablemente tú nunca imaginaste.
Valeria miró alrededor antes de continuar.
—Aquí habrá muchas cosas nuevas para ti. Solo te pido que no te asustes. Nadie aquí se molesta en fingir que el mundo es diferente de lo que realmente es.
Charlotte respiró profundamente.
—Tranquila. No voy a salir corriendo.
Valeria sonrió.
—Eso espero.
Poco después, la comida comenzó a llegar.
Para Charlotte sirvieron un carpaccio como entrada y, como plato principal, un risotto acompañado de una Campari Soda.
Para Valeria, una bruschetta como entrada y pasta a la carbonara como plato principal.
Durante unos minutos, ambas se dedicaron exclusivamente a comer.
Charlotte cerró los ojos después del primer bocado del risotto.
—Dios...
Valeria soltó una pequeña risa.
—¿Tan bueno?
—Val, esto está increíble. La comida italiana es lo mejor.
—Sabía que te gustaría.
Charlotte continuó comiendo mientras Valeria terminaba su plato. Al finalizar, a Valeria le llevaron un limoncello frío.
Lo tomó de inmediato y dejó escapar un pequeño suspiro al sentir el sabor cítrico.
Después tomó un pañuelo y se limpió con delicadeza.
—¿Qué te pareció?
Charlotte dejó los cubiertos sobre el plato.
—Excelente. Si todos los días vamos a comer así, creo que podría acostumbrarme demasiado rápido.
—Puedes descansar el resto de la tarde si quieres.
Charlotte levantó la mirada.
—¿Y tú qué harás?
La expresión de Valeria cambió ligeramente.
—Tendré que ocuparme de nuestra pequeña mentira.
—¿La de que tuvimos que salir del país por un ataque de la competencia?
—Exactamente. Estoy segura de que las ventas habrán aumentado con todo el revuelo, pero también sé que la prensa querrá saber dónde estoy.
Charlotte negó con la cabeza.
—Nunca pensé que esconderte pudiera convertirse en parte del trabajo.
—En el mundo de la mafia, muchas veces hay que controlar primero lo que las personas creen antes de preocuparse por lo que realmente está sucediendo.
Charlotte la observó con cierta preocupación.
—Cualquier cosa, me avisas.
—Igualmente. Después voy a necesitarte.
—¿Para qué?
Valeria sonrió.
—Ya lo descubrirás.
Después de despedirse de Charlotte, Valeria regresó a su habitación.
Cerró la puerta, encendió su ordenador y comenzó a revisar los asuntos pendientes de sus empresas.
Habían pasado pocas horas desde que abandonó Londres, pero la noticia ya se había extendido por distintos medios.
Su supuesta salida del país se había convertido en tendencia.
Valeria recorrió varios titulares.
No tardó en comprender que la situación podía jugar a su favor.
Comenzó a enviar informes, aprobar trabajos pendientes y asignar nuevas tareas a sus empleados. No sabía cuánto tiempo tendría que permanecer fuera del país, así que necesitaba dejar todo bajo control.
Después abrió los comunicados destinados a la prensa.
No podía aparecer.
No podía dar demasiadas explicaciones.
Pero sí podía construir una historia.
Preparó varios comunicados cuidadosamente redactados en los que se mostraba como una víctima que había tenido que abandonar el país para proteger su vida.
No era necesario decir toda la verdad.
Solo la suficiente para alimentar el interés de los periodistas.
Cuando terminó, cerró el ordenador y se dejó caer sobre la cama.
Por primera vez desde que había llegado a aquella mansión, se permitió cerrar los ojos.
Necesitaba descansar.
Y, sobre todo, necesitaba pensar.
Horas después, la noche había cubierto por completo los alrededores de la mansión.
Valeria despertó y caminó hasta el balcón.
El aire frío golpeó su rostro.
Apoyó ambas manos sobre la barandilla y respiró profundamente.
Desde allí podía observar parte de la propiedad. Todo parecía tranquilo, pero sabía que aquella tranquilidad era solo una ilusión.
Detrás de aquellas paredes existía un mundo que apenas comenzaba a conocer.
Y su padre formaba parte de él.
Finalmente, decidió ir al despacho de Markus.
Caminó por los pasillos hasta llegar a una zona mucho más restringida de la mansión.
Dos hombres custodiaban la entrada.
En cuanto la reconocieron, ambos inclinaron la cabeza y abrieron las puertas.
Valeria entró.
El despacho de Markus era completamente diferente a lo que esperaba.
Era moderno, amplio y elegante. Varias pantallas ocupaban una de las paredes y algunos dispositivos tecnológicos permanecían encendidos sobre el escritorio.
Pero Markus no estaba solo.
Se encontraba frente a una pantalla, terminando una videollamada.
Valeria se quedó junto a la puerta sin interrumpir.
— atamanaa 'an tasir alsafqat altijariat ealaa ma yurami, sayid bikir. —dijo una voz en árabe al otro lado de la pantalla—. De lo contrario, tendremos que hacer tratos con otra organización.
Markus permaneció impasible.
— la taqliqi. kulu shay' taht alsaytarati. lan takun hunak 'ayu tahdidat tamnaeuna min 'iitmam alsafqati./No se preocupen. Tenemos todo bajo control. No habrá amenazas que impidan concretar nuestro negocio.
Valeria frunció ligeramente el ceño.
No había entendido cada palabra, pero reconocía el idioma.
Árabe.
Lo que realmente la sorprendía era la fluidez con la que su padre lo hablaba.
Recordó entonces que, durante generaciones, la organización había establecido relaciones con distintos grupos y familias. La historia de la mafia alemana de su padre era mucho más extensa de lo que ella conocía.
Finalmente, Markus terminó la llamada.
La pantalla se apagó.
Entonces levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron con los de Valeria.
La observó de pies a cabeza antes de hablar.
—¿Cuánto tiempo llevabas ahí parada?
—Poco. Estaba esperando a que terminaras tu llamada con los árabes.
Markus arqueó ligeramente una ceja.
—Veo que estabas muy pendiente.
—Algo así.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
La tensión entre ambos era evidente.
Finalmente, Markus señaló una de las sillas frente a su escritorio.
—Bien. Toma asiento. Tenemos que hablar.
Valeria obedeció.
—Sobre el ataque, ¿verdad?
—Exactamente.
Markus se recostó ligeramente en su silla.
—Esto fue obra de mis tíos.
Valeria permaneció en silencio.
—Pero sé que la mayor influencia detrás de todo esto fue Leonid —continuó Markus—Incluso después de tantos años, siguen intentando destruirnos.
Valeria frunció el ceño.
—Pero si tengo la misma sangre que ellos... No entiendo por qué querrían hacerte daño a ti y a mí.
Markus sostuvo su mirada.
—Porque en este mundo la sangre no significa lealtad.
Se hizo un breve silencio.
—En la mafia pueden traicionar incluso a alguien que comparte su propia sangre. Los vínculos familiares no siempre significan nada cuando existen poder, dinero y territorio de por medio.
Valeria bajó la mirada durante unos segundos.
Markus tomó un control remoto que se encontraba sobre el escritorio.
—Hay cosas que todavía no sabes.
Presionó un botón.
La pared frente a ellos se iluminó.
Un holograma apareció en medio de la habitación.
Valeria abrió ligeramente los ojos.
La imagen comenzó a desplegarse frente a ella.
Primero apareció una estructura organizativa.
Inteligencia.
Seguridad.
Centro de entrenamiento.
Empresas.
Operaciones internacionales.
Búnkeres.
Cada sección comenzó a expandirse hasta formar una enorme red.
Valeria permaneció inmóvil.
—¿Todo esto...?
—Es nuestra organización en la actualidad —respondió Markus.
El holograma cambió.
Aparecieron instalaciones, empresas, rutas internacionales y diferentes puntos repartidos por varios países.
—Durante años hemos construido esto mientras intentábamos mantenerlo fuera de la vista de las autoridades y de nuestros enemigos.
Valeria se levantó lentamente de la silla y se acercó al holograma.
—Yo pensaba que Londres era el centro de algunas operaciones ya que me querías mantener vigilada.
Markus negó con la cabeza.
—Londres es solamente una pequeña parte.
Valeria sintió que el estómago se le cerraba.
Todo aquello era mucho más grande de lo que había imaginado.
Mucho más peligroso.
Mucho más organizado.
La oficina que ella conocía.
Las empresas.
Los contactos.
Todo era apenas una pieza dentro de un imperio que había permanecido oculto ante sus ojos.
—¿Y madre también sabía todo esto?
Markus guardó silencio durante unos segundos.
—Tu madre y yo construimos muchas de estas cosas juntos.
Aquella respuesta hizo que Valeria levantara la mirada.
Había demasiadas preguntas.
Demasiadas cosas que quería saber.
Pero Markus apagó el holograma.
—Por hoy es suficiente.
—Pero...
—Valeria.
El tono de Markus no dejaba espacio para discutir.
—Necesitas descansar.
Ella apretó ligeramente los labios.
—No puedo simplemente descansar después de enterarme de todo esto.
—No te estoy pidiendo que lo entiendas esta noche.
Markus se levantó.
—Te estoy dando tiempo.
Valeria lo miró fijamente.
—¿Tiempo para qué?
Su padre tardó unos segundos en responder.
—Para aceptar la realidad que tienes delante.
Aquellas palabras hicieron que Valeria guardara silencio.
Markus caminó hasta la puerta.
—Mañana, si te sientes preparada, quiero que visites la organización.
Valeria lo observó.
—¿Quieres que conozca todo esto?
—Quiero que empieces a entenderlo.
Ella no respondió.
Markus abrió la puerta y se detuvo antes de salir.
—Descansa, Valeria.
Después se marchó.
Valeria permaneció sola en el despacho.
Miró el lugar donde minutos antes había estado proyectado el holograma.
Por primera vez comprendió que la vida que había conocido hasta entonces era solamente una pequeña parte de la historia.
Y que su padre había estado ocultándole un mundo entero.
Un mundo construido alrededor del poder, la lealtad y la traición.
Un mundo del que, quisiera o no, ella formaba parte.
La tensión entre padre e hija no había desaparecido.
Al contrario.
Apenas comenzaba.
...CONTINUARÁ......