Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Caroline Ashford 2
La tarde pasó mucho más rápido de lo que Caroline esperaba.
Después de recorrer la biblioteca, revisar algunos de los libros que tenía a su disposición y pasar una cantidad considerable de tiempo frente al espejo intentando acostumbrarse a su nuevo rostro, finalmente llegó la hora de la cena.
Caroline se arregló un poco.
No demasiado.
Después de todo, solamente cenaría con su madre.
Aunque...
[Es mi primera cena con mi nueva madre.]
La idea la puso un poco nerviosa.
Se miró en el espejo una última vez.
Su cabello morado estaba cuidadosamente peinado y llevaba un vestido sencillo para la cena.
Respiró profundamente.
[Tranquila.]
[Es solamente una mujer.]
[Una mujer que además es tu madre.]
Hizo una pequeña mueca.
[Bueno... técnicamente es la madre de Caroline.]
Aquello seguía siendo extraño.
Muy extraño.
Bajó al comedor.
La mesa estaba preparada.
Caroline tomó asiento.
Por unos minutos solamente se escuchó el sonido de los cubiertos y el movimiento de los sirvientes.
Ella miraba ocasionalmente hacia la puerta.
[¿Cuándo llegará?]
Y entonces...
La puerta se abrió.
Caroline levantó la cabeza.
La duquesa Ashford entró al comedor.
Era una mujer elegante.
Incluso después de un día completo ocupándose de los asuntos del ducado, conservaba una postura impecable.
Su vestido era sobrio, pero hermoso.
Su cabello estaba perfectamente arreglado.
Y aunque se notaba cansancio en su rostro, cuando vio a Caroline sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Pero sincera.
—Buenas noches, querida.
Caroline se quedó inmóvil durante un segundo.
[¿Querida?]
No sabía por qué, pero escuchar aquella palabra la puso nerviosa.
—Buenas noches, madre.
La duquesa se acercó y tomó asiento.
—¿Cómo te encuentras?
Caroline sintió que su cerebro se quedaba en blanco.
[¡¿Qué digo?!]
Era una pregunta completamente normal.
Pero para ella era la primera conversación real con aquella mujer.
—Muy bien.
Sonrió.
Una sonrisa un poco torpe.
—Me encuentro muy bien.
La duquesa la observó durante unos segundos.
Después sonrió nuevamente.
—Me alegra mucho saberlo.
Caroline asintió.
—Gracias.
Silencio.
[¡Di algo!]
Caroline tomó un poco de agua.
[¡Cualquier cosa!]
Pero no se le ocurrió nada.
La duquesa tampoco parecía incómoda con el silencio.
Simplemente comenzó a revisar algunos documentos que había llevado consigo.
Caroline la observó discretamente.
Ahora que podía verla de cerca, entendía mejor los recuerdos.
Su madre no era una mujer fría.
Parecía cansada.
Muy cansada.
Una persona que había tenido que hacerse cargo de todo después de la muerte de su esposo.
El ducado.
Los negocios.
Los empleados.
Los impuestos.
Las propiedades.
Las responsabilidades sociales.
Y además había intentado mantener a su hija protegida.
Quizá simplemente no sabía cómo hacerlo de otra manera.
La cena continuó tranquilamente.
Hasta que un sirviente apareció con una carta.
—Su excelencia.
La duquesa levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
—Ha llegado esto para usted.
La duquesa tomó el sobre.
Lo abrió.
Comenzó a leer.
Caroline esperó.
La duquesa frunció ligeramente el ceño.
Después suspiró.
—Parece que tendré que ocuparme de esto esta noche.
Caroline asintió.
—¿Es algo importante?
—Un asunto del ducado.
La duquesa dobló la carta.
Después miró a su hija.
—Creo que cenaré en mi oficina.
Caroline parpadeó.
—Claro.
La duquesa se levantó.
Antes de marcharse, se detuvo.
Miró a Caroline.
—Descansa bien, querida.
Caroline sonrió.
—Usted también.
La duquesa hizo una pequeña inclinación de cabeza.
Y se marchó.
La puerta se cerró.
Caroline permaneció mirando hacia ella durante unos segundos.
Después sonrió.
[Así que esta es mi madre.]
No había habido una conversación profunda.
No había abrazos.
No había largas palabras sobre cuánto se habían extrañado.
Pero...
Ella había entrado al comedor.
Le había sonreído.
Le había preguntado cómo estaba.
Se había alegrado al saber que estaba bien.
Y antes de marcharse, le había deseado buenas noches.
Caroline apoyó una mano sobre su pecho.
[Definitivamente la quiere.]
Quizá de una manera un poco extraña.
Quizá de una manera demasiado ocupada.
Pero la quería.
Y eso era suficiente para empezar.
[La pobre mujer probablemente tiene medio ducado sobre los hombros.]
Miró hacia la puerta por donde había desaparecido.
[Así que está bien.]
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
[No voy a esperar que se convierta de repente en una madre perfecta.]
Después volvió a mirar su plato.
[Además, tengo todo un ducado que disfrutar.]
Una sonrisa traviesa apareció en sus labios.
[Mañana son los vestidos.]
Y sus ojos brillaron.
[Será mejor que la tienda esté preparada.]