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Haré que mi esposo se arrepienta

Haré que mi esposo se arrepienta

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:2
Nilai: 5
nombre de autor: Senja

Valeria lo dio todo por su matrimonio. Durante siete años fue la esposa perfecta: cocinaba antes del amanecer, criaba sola a Luna, su pequeña hija, y trabajaba en las sombras para convertir el negocio de Andrés en un imperio. A cambio, recibió indiferencia, mentiras y la traición definitiva: descubrir que su esposo compartía cama con otra mujer mientras Luna lloraba esperando una promesa de cumpleaños que jamás se cumplió.

Lo que Andrés nunca supo es que Valeria no era una simple ama de casa. Detrás de su apariencia sumisa se escondía la presidenta y accionista mayoritaria de Grupo Valcárcel, uno de los conglomerados empresariales más poderosos de la ciudad. Una mujer capaz de destruir carreras, hundir fortunas y reescribir destinos con una sola llamada telefónica.

El divorcio fue solo el primer movimiento en un tablero que Andrés nunca vio venir.

Mientras él se hunde cada vez más —de empresario arrogante a chofer, de chofer a paralítico, de paralítico a indigente vendiendo globos en la calle—, Valeria asciende imparable. Y cuando Santiago, un misterioso CEO en silla de ruedas que esconde secretos tan profundos como los suyos, irrumpe en su vida con una determinación inquebrantable y un amor que viene desde la adolescencia, Valeria descubre que la venganza más dulce no es destruir al hombre que la traicionó, sino construir la vida que siempre mereció.

Pero en esta familia, las traiciones no terminan con el divorcio. Madrastras que envenenan, hermanastras que conspiran, amantes que ordenan asesinatos y secretos que pueden cambiarlo todo se interponen entre Valeria y la felicidad que está decidida a reclamar.

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Cap. 14

La luz del sol matutino comenzó a filtrarse a través de las rendijas de las cortinas de la habitación principal, proyectando destellos sobre la cama, que lucía completamente desordenada.

Bajo la gruesa sábana, Romina abrió los ojos lentamente. Una sonrisa triunfante se dibujó con claridad en su hermoso rostro. Palpó el lado de la cama y contempló el lujoso interior de la habitación que desde hacía tanto tiempo ansiaba poseer.

"Por fin, muy pronto me casaré oficialmente con Andrés. Disfrutaré de toda esta riqueza, de esta mansión espléndida, y echaré a esa pueblerina a la calle. ¡Todo será mío!", celebró Romina para sus adentros, rebosante de júbilo.

Romina giró la cabeza hacia un lado y observó a Andrés, que aún roncaba suavemente. Los dos seguían en la misma cama, después de haber pasado una larga y ardiente noche que se prolongó hasta el amanecer, sin una sola prenda cubriendo sus cuerpos.

Con un movimiento sensual, Romina acercó su rostro al de él y le susurró con voz mimosa justo al oído, mientras deslizaba los dedos sobre el pecho de Andrés.

—Cariño, despierta. Ya amaneció...

Andrés emitió un quejido suave y abrió los párpados poco a poco. Sin embargo, en cuanto recuperó la conciencia por completo y vio la intensa luz del sol que ya inundaba la habitación, sus ojos se abrieron de par en par. Se sobresaltó y se incorporó de golpe en la cama.

—¡¿Romina?! ¿Tú... por qué sigues aquí?! —exclamó Andrés con la voz ronca de quien acaba de despertar—. ¡Dios mío, qué hora es! ¿Y si Valeria entra y nos ve así?

Andrés se llevó las manos a la cabeza, que de pronto le punzaba con fuerza. En ese mismo instante, un recuerdo lo golpeó como un relámpago. Hoy era siete de junio, ¡el día de su octavo aniversario de bodas!

Maldición. El plan original de Andrés era levantarse temprano, comportarse con dulzura y llevar a Valeria a una cena romántica para que su esposa no sospechara nada y aceptara el acuerdo de poligamia.

Pero por culpa de los juegos desenfrenados de Romina la noche anterior, se quedó dormido y arruinó todo.

Al ver el pánico de Andrés, Romina bufó con fastidio. Jaló la sábana para cubrirse el pecho y se recostó contra la cabecera de la cama con una mirada despectiva.

—¿Qué te pasa, cariño? ¿Por qué te alteras tanto? Desde la madrugada no escuché ningún paso afuera. Estoy segura de que tu mujercita pueblerina ni siquiera se ha levantado. ¡Es una floja!

—¡No entiendes, Romina! ¡Valeria normalmente a las cinco de la mañana ya está trabajando en la cocina! —Andrés agarró a toda prisa los pantalones y la camisa que estaban tirados en el piso, y se los puso con movimientos torpemente acelerados y desordenados—. Hoy es nuestro aniversario de bodas. ¡Tengo que fingir ser amable frente a ella!

Romina, al escuchar las palabras "aniversario de bodas", frunció el ceño con celos. Su actitud caprichosa volvió a aflorar. Bajó de la cama a propósito, caminó hacia Andrés sin el menor recato y lo abrazó por la espalda, pegando su cuerpo al de él con gesto mimoso.

—¿Aniversario de bodas de qué? Si muy pronto la vas a dejar y te vas a casar conmigo. Deja que se entere, cariño. Que se dé cuenta de que ya fue reemplazada por mí.

—¡Suéltame, Romina! ¡No seas ridícula! —Andrés le apartó las manos con brusquedad, haciendo que ella lo soltara—. ¡Tengo que ir a ver a Valeria ahora mismo!

Andrés giró la llave de inmediato, abrió la puerta de la habitación con el corazón latiéndole a toda velocidad. Salió al pasillo, preparándose para enfrentar un estallido de furia o, al menos, una mirada de sospecha de su esposa. Pero el panorama al otro lado de la puerta lo hizo fruncir el ceño.

La casa se sentía... demasiado silenciosa. Un silencio sepulcral, como si estuviera deshabitada.

Andrés bajó las escaleras a paso rápido hacia la cocina.

—¡Valeria! ¡Valeria! —llamó.

No hubo respuesta. La mesa del comedor estaba completamente vacía, no había desayuno servido, e incluso la estufa estaba fría. Andrés sintió que el pánico crecía. Dio media vuelta y corrió escaleras arriba, hacia la habitación de Luna.

Andrés abrió la puerta de un golpe seco, con tal fuerza que retumbó contra la pared.

La cama de Luna estaba tendida, sus muñecas acomodadas con cuidado, pero no había rastro alguno de su pequeña hija ni de Valeria.

Romina, que ya se había puesto de nuevo su vestido rojo, subió tras Andrés con total tranquilidad.

—¿Qué pasa, cariño? No hay nadie, ¿verdad? Seguro salió al mercado o de compras.

—¡Imposible! ¡El maletín de trabajo de Valeria y la maleta pequeña de Luna que siempre están en el armario no están! —la voz de Andrés tembló mientras sus ojos recorrían con desesperación el armario de Luna, que estaba entreabierto. Se metió la mano al bolsillo del pantalón, sacó el celular e intentó marcar el número de Valeria.

"El número que usted marcó se encuentra fuera de servicio o fuera del área de cobertura..."

—¡Maldición! ¡Su número está desactivado! —exclamó Andrés, furioso. Intentó llamar una y otra vez, pero el resultado fue siempre el mismo. Valeria había desaparecido junto con Luna sin dejar un solo mensaje.

Justo cuando Andrés se hallaba sumido en una angustia descomunal, el celular en su mano vibró con fuerza. Era una llamada entrante, pero no de Valeria, sino de la secretaria suplente en su oficina.

Andrés contestó de inmediato.

—¡Hola! ¿Qué pasa?

—¡S-señor Andrés! ¡Es urgente, señor! —la voz al otro lado de la línea sonaba completamente histérica y temblorosa—. ¡Grupo Valcárcel acaba de emitir un comunicado oficial! ¡Retiraron todas sus acciones de nuestra empresa esta misma noche, señor! Y no solo eso: la policía junto con un equipo legal acaban de llegar a la oficina con una demanda de indemnización por diez millones de dólares a nombre de usted, relacionada con el caso de adulteración de materiales del proyecto. ¡Le exigen que se presente de inmediato!

—¿¡C-cómo dijiste, diez millones de dólares!? —gritó Andrés.

El celular se le resbaló de la mano y cayó al piso; la pantalla se agrietó en mil pedazos. El rostro de Andrés palideció al instante, su cuerpo perdió toda fuerza y se desplomó sentado en el suelo de la habitación de Luna, con la mirada perdida en el vacío.

—¡Cariño! ¿Qué te pasa? ¿Qué ocurrió con la empresa? —preguntó Romina, presa del pánico, al ver a Andrés caer al piso con el rostro pálido como un cadáver.

Andrés levantó la vista.

—Grupo Valcárcel... retiraron todas las acciones. Y nos están demandando por diez millones de dólares por el caso de adulteración de materia prima.

—¿¡Qué!? ¿¡Diez millones de dólares!? —Romina tragó saliva con dificultad. El corazón le latía descontrolado. Diez millones de dólares era una cifra que podía dejarlos en la ruina en un abrir y cerrar de ojos.

Andrés se puso de pie de golpe y sujetó a Romina por ambos hombros con una fuerza brutal. Su mirada exigía respuestas.

—¡Romina! ¡Tú eres quien ha manejado los informes de logística todo este tiempo! ¡Dime que siempre conseguiste los mejores materiales para sus proyectos!

—¡C-claro que sí, cariño! —respondió Romina con nerviosismo, los ojos moviéndose inquietos en todas direcciones—. ¡Yo jamás traicionaría tu confianza! ¡Siempre busqué lo mejor!

Andrés la soltó y apretó los puños con tanta fuerza que las venas de sus antebrazos se marcaron visiblemente.

—¡Maldita sea! Si no fuiste tú, ¿entonces quién se atrevió a jugar a mis espaldas?

Andrés nunca supo que, detrás del rostro aterrorizado de Romina en ese momento, la mujer se esforzaba desesperadamente por ocultar el hecho de que había desviado parte del dinero destinado a materia prima para comprarse bolsos de marca.

¡Y Valeria tenía todas las pruebas en su poder!

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