Selena era una joven de 19 años que convivía con sus padres y sus dos hermanos: Celia, una adolescente de 15 años, y Samuel, un joven de 23 años que se encontraba viviendo en el extranjero con su esposa. Su padre, Santiago, había casado a Samuel a la edad de 20 años, y ahora estaba decidido a encontrar una pareja para Selena. La persona elegida para contraer matrimonio con ella era Carlos Fernández, un joven proveniente de una familia adinerada.
Santiago no tenía dificultades económicas, ya que disponía de una buena situación financiera, pero su objetivo era asegurarse de que sus hijos formaran parte de familias acomodadas a través de sus matrimonios. Esta insistencia por parte de Santiago en unir a sus hijos con personas de buenas posiciones económicas reflejaba su deseo de mantener un estatus social elevado, lo cual se había convertido en una prioridad para él, independientemente de lo que sus hijos pudieran desear. De esta manera, estaba decidido a casar a Selena, sin considerar s
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capítulo 4
Diego gritó con fuerza: ¡Esperen! Las dos deben escucharme. Tanto Cintia como Selena se quedaron paradas, en estado de shock, procesando lo que acababan de oír.
Diego continuó, visiblemente nervioso pero decidido: No sé qué está pasando, pero es cierto que las dos son mis novias. Me enamoré de las dos y, sinceramente, las amo a ambas. Por esa razón, he sacado tiempo para dedicarles a cada una. A ambas les di llaves de mi casa: Cintia siempre viene, mientras que tú, Selena, nunca llegabas, y por eso estaba más tranquilo.
Diego respiró hondo, con la voz temblorosa, pero firme, y añadió: Sé que esto suena un poco loco, pero es la verdad. Me enamoré de las dos y ninguna de ustedes sabía de la existencia de la otra. Cintia, Selena, por favor... no.
Selena, interrumpiendo a Diego antes de que pudiera finalizar su frase y con una sonrisa de desdén, exclamó: ¿Te enamoraste de las dos al mismo tiempo, Diego? Jajaja, esto la verdad ni tú te lo crees. Jugaste con ambas, ¿acaso no pensaste que en cualquier momento nos íbamos a dar cuenta? ¿No reflexionaste sobre el daño que nos estabas causando? No, en eso no pensaste; solo te preocupaste por tu ego, por ese machismo que llevas dentro y, en definitiva, solo pensaste en ti, en ti y en ti mismo.
Diego, intentando defenderse, respondió: No es así, mi amor, te juro que sí lo pensé, lo pensé muchas veces. Pero mi corazón solo me pedía estar con ambas. Las amo a las dos.
Cintia intervino, su voz temblorosa mientras pronunciaba la verdad que le costaba aceptar: No puedo creer lo que estoy escuchando. Mirando a Diego, añadiendo con pesar: Sabes que te amo, pero esto, Diego, esto no puede ser real. No pudiste haber jugado conmigo de esta manera, así no.
Con una mezcla de confusión y dolor, Cintia se dirigió hacia la habitación, sintiendo la urgencia de buscar su ropa, que había quedado desordenadamente cubierta por la sábana. Diego la observó en silencio mientras se alejaba, sintiendo el peso de la situación, pero como ella se dirigía a su habitación, decidió no detenerla.
Después de un momento de reflexión, Diego dirigió su mirada a Selena y, tratando de romper el tenso ambiente, le preguntó: Selena, mi amor, ¿por qué has venido a esta hora?.
Selena, con una sonrisa que intentaba ocultar su preocupación, respondió con firmeza: ¿Por qué crees que vine, Diego? Te estaba llamando y no respondiste.
Cintia se situó detrás de la puerta, llena de curiosidad por conocer más detalles de aquella conversación que se desenvolvía frente a ella. Diego, por su parte, miró a Selena y le preguntó con cierta preocupación: ¿Sucede algo, amor?.
Selena, visiblemente afectada, respondió con la voz entrecortada: Sí, Diego. Mi papá me ha comunicado que mi boda falsa será mañana. No podía aceptarlo, así que decidí escaparme de casa. Te llamé, pero no respondiste, así que vine a buscarte para enterarme de lo que estaba pasando. Diego, me acabas de dar una puñalada en el corazón y sabes que esto no te lo perdonaré jamás.
Diego, atónito por las palabras de Selena, replicó: ¿Qué acabas de decir? ¿Te escapaste de casa? ¿Te van a casar mañana? Pensé que sería dentro de un mes, amor. Esto es una locura. Su expresión denotaba incredulidad y desasosiego ante la inesperada situación.
Selena, con una expresión de decepción y tristeza, le dijo a Diego: Vine a ti porque se suponía que teníamos planes de escaparnos juntos, pero ahora, con todo lo que ha pasado, ya no quiero saber nada de ti.
Diego, al escucharla, se sintió angustiado. No, mi amor, no digas eso, por favor. Perdóname, imploró. Ya te expliqué que no sé cómo sucedió todo esto, pero estoy enamorado de las dos. No puedo imaginar mi vida sin ustedes. Ustedes son mi razón de ser.
Selena sonrió con ironía y lo miró fijamente. Qué imbécil eres, le respondió. ¿Acaso crees que voy a seguir jugando a esto? Estás loco. Quédate con ella.
Diego, sintiéndose desesperado, añadió: Te has escapado de casa. No puedes simplemente irte así.
Selena, con un tono decidido y firme, le dijo: Lo que suceda conmigo a partir de este momento no tiene nada que ver contigo. Con esas palabras, Selena salió del lugar, mientras Diego la seguía, implorándole: Selena, mi amor, no te vayas. Es muy tarde, por favor, al menos espera hasta mañana. Voy a quedarme muy preocupado, mi amor, por favor....
Mientras tanto, Selena marcaba el número del taxi. Mientras esperaba que llegara, se volvió hacia Diego y le dijo: Sabes algo, Diego, nunca pensé que ibas a salir con algo así. Tener dos mujeres en tu vida y decir que amas a las dos es realmente impactante. Es una situación muy dura, Diego. Deberías buscar ayuda, porque esto no es normal. Si realmente me amaras, no habrías....
Diego no le permitió terminar de hablar; se acercó a ella, la besó con intensidad y, después de ese encuentro, pronunció palabras entrecortadas: No sé cómo pasó esto, pero juro que las amo a las dos.
Selena, indignada, lo empujó con fuerza y exclamó: ¿Estás loco? Acabo de verte revolcándote con esa mujer y ahora vienes a besarme. Escupió en el suelo como si el acto fuera una forma de deshacerse de su desagrado y continuó: No me vuelvas a tocar en toda tu vida. No puedes amar a dos mujeres al mismo tiempo, estás completamente loco. Ve y quédate con ella.
En ese momento, el taxi llegó, y Selena, llena de rabia y dolor, subió al vehículo sin mirar atrás. Diego la observó alejarse, sintiendo cómo la angustia llenaba su pecho. Se arrodilló en la acera, con lágrimas corriendo por su rostro, y, en un susurro desesperado, dijo: Selena, vuelve.
Selena, con lágrimas en los ojos, le proporcionó la dirección al taxista y, angustiada, se apresuró a llamar a su hermana para que viniera a ayudarla a entrar a casa, ya que se sentía completamente desamparada y no tenía a dónde ir en ese momento.
Por otro lado, tras un tiempo que pareció interminable, Diego decidió volver a entrar a la casa. Al hacerlo, se encontró con Cintia, quien estaba sentada en la cama, visiblemente afectada y llorando. Con un gesto de compasión, él se sentó a su lado para brindarle un poco de apoyo.
Cintia, con la voz entrecortada por el llanto, le pidió con desespero: Necesito que me cuentes cómo sucedió todo esto, Diego. Con el corazón roto, Diego comenzó a relatarle lo que había ocurrido, dejando escapar sus propias lágrimas mientras compartía su dolor con ella.