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Mi Ex Me Perdió — Ahora Soy La Reina Del Campus

Mi Ex Me Perdió — Ahora Soy La Reina Del Campus

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Completas
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Elisa Raven pesaba 127 kilos y vivía invisible… hasta que el chico que amaba y su novia la humillaron públicamente, rompiendo su corazón y su dignidad. Pero aquel día no terminó su historia: comenzó su transformación. Con esfuerzo brutal, disciplina de hierro y la guía inesperada de un ex-militar que vio en ella lo que nadie supo ver, Elisa se reconstruyó: cuerpo, mente y alma. Ahora ya no es la misma. Brilla, lidera, inspira… y quienes la despreciaron hoy miran hacia arriba, desde donde ella ya no los ve. Ella no buscó venganza: buscó ser ella misma. Y lo logró. Su ex la perdió… y el mundo entero la encontró: la reina que nació para reinar.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El primer día y una carta llena de sueños

El sol caía sobre el campus universitario como un manto dorado, pero yo sentía que caminaba entre sombras. Mi mochila pesaba mucho, sí, pero menos que la carga que llevaba en el pecho. 127 kilos de inseguridad, de miradas bajas, de ropa siempre holgada para ocultarme del mundo. Y aun así, hoy era diferente: hoy traía una carta. Una carta que había escrito noche tras noche, tachando y reescribiendo, hasta que cada palabra pareció pesar menos que mi miedo.

Mi nombre es Elisa Raven. Tengo dieciocho años y, desde el primer instante en que vi a Adrián Beaumont cruzar el patio principal, supe que mi vida cambiaría. No sabía entonces que cambiaría, sí… pero de la peor manera posible.

Caminaba entre la multitud, sintiendo cómo algunos apartaban la mirada y otros soltaban risitas que intentaban disimular. “Ahí va la gorda”, casi podía escucharlo aunque no lo dijeran. Siempre era lo mismo: invisible hasta que estorbaba, y entonces demasiado visible para todos. Pero hoy apretaba el sobre contra mi pecho como un escudo. Adrián era diferente, me decía a mí misma. Era el capitán del equipo de fútbol, el chico más guapo de la universidad, sí… pero tenía una sonrisa que parecía llegar de verdad a los ojos. Al menos cuando me miraba un instante en el pasillo, al saludarme con un gesto leve. ¿O acaso todo había sido producto de mi imaginación?

Lo vi llegar. El ruido a mi alrededor pareció desvanecerse. Adrián caminaba con esa seguridad que parecía no habérsele olvidado nunca, hombros anchos, cabello castaño revuelto por el viento, la camiseta del equipo ajustada a un cuerpo que pareció tallado a propósito para romper corazones. A su lado, Mía, su novia. La animadora principal, hermosa como una muñeca de porcelana y con una mirada que podía cortar el aire. Brillaban juntos, sí… y yo era una sombra que se atrevía a acercarse al sol.

Respiré hondo. Tanto que el pecho me dolió. Di unos pasos hacia ellos, y el camino pareció alargarse kilómetros a cada paso. Mi corazón latía desbocado, golpeándome las costillas como si quisiera salirse para llegar antes que yo.

—Adrián… —su voz me salió más delgada de lo que quería, casi un susurro.

Él se detuvo. Me miró, y por un segundo no supe si era sorpresa o aburrimiento lo que vi en sus ojos claros. Mía arqueó una ceja, desviando un mechón de cabello perfecto detrás de su oreja, con esa elegancia que yo jamás tendría.

—¿Tú me buscas? —preguntó él, y su tono no tenía la calidez que yo recordaba.

—Sí… —extendí el sobre con mano temblorosa—. Quería darte esto. Es… para ti. De mi parte.

Adrián lo tomó entre los dedos, mirándolo como si no estuviera seguro de qué era. Luego sus ojos subieron hasta mi rostro, y una sonrisa lenta, extraña, curvó sus labios.

—¿Una carta? ¿Me escribiste una carta? —repitió, y su voz subió un poco, lo suficiente para que quienes caminaban cerca se detuvieran.

Sentí el calor subirme al rostro hasta las orejas. Ardía. Pero asentí, mordiendo mi labio inferior, esperando, deseando que al leerla entendiera todo: que veía más allá de mi cuerpo, que yo era más que un número en una báscula.

—Vaya… —Adrián soltó una risita seca—. Qué tierna. Vamos a ver qué dice.

No. No, por favor, no aquí.

Intenté pedírselo con la mirada, con un gesto silencioso. Pero él ya estaba abriendo el sobre.

—“Para Adrián…” —empezó a leer en voz alta, y el silencio cayó como una losa sobre el grupo que empezaba a rodearnos—. “Desde el primer día que te vi, sentí que el mundo se detenía. Sé que no soy la chica que todos miran, sé que soy grande, que quizás no encajo… pero mi corazón no pesa menos que el de nadie más. Cada vez que me saludas, siento que vale la pena estar aquí. Quizás no sepas quién soy realmente, pero yo sé quién eres tú: el chico que hace brillar todo a su paso. Me gustas, Adrián. Mucho más de lo que logré escribir aquí. Espero que al terminar de leer, al menos me mires de verdad.”

Soltó el papel. Una carcajada escapó de su garganta. Luego otra, y Mía se unió, y pronto fueron todos. Cientos de risas. A mi alrededor, personas que no conocía ni yo a ellos, señalándome, tapándose la boca, burlándose con gestos y comentarios que me llegaban como agujas.

—¿Tú te crees que yo podría fijarme en ti? —escupió Adrián, arrugando la carta entre sus manos como si fuera basura—. Mira cómo eres. ¿De verdad piensas que tienes oportunidad? Quítate, me das lástima. Y asco, para ser honesta.

—Adrián, por favor… —susurré, con la garganta cerrada, las lágrimas acumulándose hasta nublarme todo—, guárdala, léela después… te lo ruego…

—¿Para qué perder el tiempo? —intervino Mía, acercándose con una sonrisa cruel y perfecta—. Vete a tu casa, gorda. Aquí no encajas ni un poco.

Y entonces todo se rompió.

Adrián tomó la botella de agua que llevaba en la mano y, sin dejar de mirarme a los ojos, volcó todo su contenido sobre mí.

El agua fría me empapó de golpe, bajando por el cabello, pegando la ropa a mi cuerpo, revelando cada curva, cada defecto, todo lo que siempre traté de esconder. El frío me caló los huesos, pero dolió menos que el fuego de la humillación. Las risas estallaron con más fuerza, un coro cruel que llenó el patio entero. Alguien grababa con su celular, lo vi entre la multitud. Y Adrián… Adrián solo me miró, con desdén, como si yo fuera un insecto que había osado tocarlo.

—Así quedas mejor —dijo—. Lavada. Aunque no lo suficiente.

Se giró, tomó la mano de Mía y se marcharon entre aplausos y risas de algunos, mientras yo me quedaba allí, empapada, temblando, con el corazón hecho pedazos sobre el pasto mojado. La carta arrugada y tirada a mis pies. Nadie la recogió. Nadie me ayudó. Todos se alejaron poco a poco, dejándome sola bajo el sol que ya no sentía caliente.

Me quedé de rodillas sin saber cuánto tiempo. El agua goteaba de mi barbilla, mezclándose con lágrimas que no logré detener. Recogí los pedazos de papel, sucios, rotos, igual que yo. Y mientras apretaba esos restos contra mi pecho, sentí algo endurecerse dentro de mí. El dolor se transformó. Se convirtió en fuego.

“¿Crees que me destruiste? —pensé, mirando la espalda de Adrián alejarse por el sendero—. Rompiste a la chica tímida que te amaba. Pero de sus cenizas nacerá alguien que te hará arrepentirte cada día de tu existencia.”

Me levanté. Me sacudí el agua de la cara con la mano, con la mandíbula apretada hasta doler. No lloraría más por ellos. No desperdiciaría ni una sola lágrima. Hoy había muerto Elisa Raven la soñadora. Y nacía la guerrera.

Miré hacia el horizonte, hacia donde el sol comenzaba a bajar, y hice una promesa silenciosa, tan profunda que juré que el cielo la escuchó:

Volveré. Y cuando lo haga, el mundo entero sabrá mi nombre. Tú me perdiste, Adrián. Y yo voy a ser tu mayor pesadilla… y tu mayor arrepentimiento.

Giré sobre mis talones y caminé lejos de allí, sin mirar atrás ni una vez. Empapada, sí. Destrozada, tal vez. Pero con un propósito más grande que todo mi miedo. Y en ese momento, sin saberlo, estaba a punto de cruzarme con la persona que cambiaría mi destino para siempre.

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Sylvia Farias
deja una hermosa enseñanza para las personas que tenemos unos cuantos kilos demás
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Gracias de todo corazón! Me hace inmensamente feliz saber que la historia te dejó una enseñanza tan bonita — esa era exactamente mi intención: que nos sintamos orgullosas y valiosas siempre. Gracias por tu apoyo y por tu corazón tan grande 🤗
total 1 replies
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