Renata necesitaba dinero para proteger a su hermana menor, Julián necesitaba redimir a su familia, honrar la memoria del único hombre que creyó en él y salvar a la mujer de la que siempre estuvo enamorado en silencio.
La solución parecía sencilla, firmar un contrato, donde la única condición era no involucrar los sentimientos. Sin embargo, en un juego donde las deudas se saldan con caricias y el pasado esconde un fraude imperdonable, la única forma de sobrevivir al deseo será rompiendo sus propias reglas.
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Capítulo 10:Cálculos Erróneos
Renata se levantó de la cama a paso lento, se vistió con minuciosidad, abotonando su blusa azul celeste y alisando las arrugas de su traje sastre de color blanco, que ahora le pesaba tanto como el plomo, cruzó el pasillo y descendió por el ascensor como si estuviera en un trance.
Al salir a la calle, el aire fresco de la noche la devolvió a la realidad, notó la marquesina de una farmacia en la acera de enfrente y caminó hacia ella impulsada por la preocupación de un descubierto.
Entró, pidió la píldora del día siguiente con voz neutra y compró una botella de agua mineral; no había usado protección esa noche, e intentaba ser pragmática, porque necesitaba hacer algo para recuperar el control, además de que no se podía permitir un error.
Abrió el empaque ahí mismo, llevó la pastilla a su boca y la tragó de un solo sorbo. Caminó hasta su vehículo, abrió la puerta y arrojó la carpeta sobre el asiento del copiloto, tras el volante, apoyó sus manos con fuerza y exhaló un largo suspiro, mirando la carretera por donde Julián acababa de desaparecer y se preguntaba si había sido muy injusta a la hora de juzgarlo.
Entre tanto en la casa de Rodrigo...
La noche anterior fue muy satisfactoria para Rodrigo, porque estaba a punto de comprar la firma Lozano a precio de gallina flaca, y de tener a la arrogante Renata en su cama. Julián tenía razón: no la deseaba por ella misma, sino porque sabía que le gustaba a su hermano menor.
Se sintió tan lleno de satisfacción que esa noche no le dio paz a Serena, tuvieron sexo de forma intensa y agresiva, impulsados únicamente por el ego.
Para Serena, ver a su prima en la ruina era motivo suficiente para que Julián perdiera el interés que tenía en ella, pese a que él siempre la había rechazado, ella jamás lo aceptó y siempre supuso que el verdadero motivo tenía nombre y apellido: Renata Lozano.
Esa mañana Rodrigo se despertó de buen ánimo, comió un desayuno abundante, y usaba un traje de color gris claro cuyo corte le ajustaba a la perfección.
—Listo para lo que va a ocurrir hoy? —preguntó Serena antes de dar un sorbo a su taza de café.
Rodrigo esbozó una sonrisa de satisfacción, pensando en lo útil que le era Serena, si bien no se casó con ella solo por su exuberante belleza sino por sus conexiones familiares, aún le sorprendía la astucia con la que ella la había abordado en el pasado, tras años de absoluta indiferencia hacia su persona.
—Hoy, finalmente, cosecharemos el fruto de tantos meses de trabajo —expresó tomando la mano de ella con afecto ensayado—Y nada de esto habría sido posible sin tu valiosa ayuda, querida.
Serena se encogió de hombros, aunque traicionar a su tío Eduardo le había causado un poco de remordimiento, en el fondo creía firmemente que el fin justificaba los medios, y en un par de meses cuando la reputación de Renata estuviera arruinada se divorciaría de Rodrigo para ir tras su verdadero objetivo: Julián.
—Si mi tío no insistiera tanto en ese absurdo compromiso social que deben tener los empresarios con la comunidad, no habría sido tan sencillo engañarlo.
A ninguno de los dos les perturbaba que sus maniobras de manera colateral, causarán la muerte del matrimonio Lozano, al fin y al cabo, no se consideraban responsables de que el acoso de los acreedores hubiera desencadenado aquel trágico accidente en la carretera.
—Evita hacer esos comentarios, recuerda que las paredes tienen oídos —le advirtió Rodrigo en tono bajo.
—No te alteres. Y recuerda que esta noche cenamos en casa de tus padres —añadió Serena con fría indiferencia.
Rodrigo terminó de comer, le dio un beso de despedida y tomó las llaves del vehículo, se sintió invencible, pensando en que este día sería muy exitoso para su reputación, puso en marcha el auto no sin antes verificar que su portafolios descansara en el asiento del copiloto.
—A ver si no terminas suplicándome por teléfono en el transcurso del día, Renata… Aunque lo mejor será ver la cara del pusilánime de mi hermano cuando se entere de lo que voy a hacer contigo —murmuró entre dientes, soltando una carcajada socarrona.
Llegó a su oficina y pasó toda la mañana consultando la pantalla del teléfono, guardando con creciente impaciencia la llamada suplicante de Renata, estaba convencido de que, sintiéndose acorralada por los acreedores y sin una salida financiera, terminaría cediendo a sus condiciones, sin embargo, el teléfono permanecía en silencio.
—¿Te crees muy digna Renata?, vamos a ver que vas a hacer luego de que le compre la acreencia a Valdés.
Rodrigo perdió la poca paciencia que tenía cuando ya era el mediodía, y al no recibir noticias de Renata, decidió llamar a Valdés para presionarlo a vender sus acreencias con la firma Lozano por un valor nominal del sesenta por ciento.
—Señor Valdés, es la tercera llamada del señor Rodrigo Benítez —insistió la secretaría con el teléfono en la mano.
No era que Valdés no le tuviera miedo a Rodrigo, era solo que estaba dando tiempo para que la Corporación “A” hiciera el anuncio oficial, además de que no solo recibiría el cien por ciento de la deuda, sino la promesa escrita de un contrato de un diseño de un software personalizado para logística de distribución de R&J Security, su empresa había estado en lista de espera por más de seis meses y esa mañana recibió la confirmación de que los expertos harían una visita a su instalación al día siguiente.
—Dile que estoy reunido con la junta directiva y que le devuelvo la llamada más tarde.
Al notar que Valdés desviaba sus llamadas hacia su asistente, Rodrigo se puso furioso, y se presentó sin anunciarse en la empresa de este.
La asistente estaba nerviosa pero aun así le ofreció café, y agua, y le daba la misma excusa de que estaba reunido con la junta, y tras hacerlo esperar por una hora, Valdés lo recibió con una frialdad corporativa que lo desconcertó.
Tiempo atrás el empresario, jamás se habría puesto en el lado contrario de Rodrigo, pero con la Corporación “A” en alianza con R&J Security de quien se rumoreaba estaba en buenos términos con el gobierno local, no tenía más opción que traicionarlo.
—Caramba, Valdés. No sabía que ahora debía solicitar cita previa para hablar contigo —soltó Rodrigo con ironía al cruzar la puerta.
Valdés suspiró hondo y sin rodeos, le notificó que la ejecución judicial de los activos de la firma Lozano había sido cancelada debido a la intervención de un fondo de inversión que cubrió la totalidad del pasivo.
— ¿Qué demonios significa esto, Valdés? —exigió Rodrigo, fuera de sí, asestando un golpe seco sobre el escritorio—¡Teníamos un acuerdo!
Valdés no se inmutó, sino que acomodó sus documentos con parsimonia y le mantuvo la mirada con fría indiferencia.
—Rodrigo, entre recibir un sesenta por ciento condicionado como estabas ofreciendo a recuperar el cien por ciento de la deuda liquidado al contado hoy mismo, no hay nada que explicar o discutir, la cuenta está saldada.
—¡¿Quién compró la deuda?! —exigió Rodrigo con la mandíbula apretada.
—Rodrigo, me esperan en la sala de juntas —respondió Valdés, evadiendo la mirada con frialdad.
Rodrigo comprendió que el empresario no hablaría, pero no se preocupó porque él tenía sus formas de enterarse, abandonó el edificio masticando la derrota, había perdido la oportunidad de quedarse con la firma Lozano y reducir a Renata a la ruina.
—Averigua con quién se reunió con Renata hoy mismo. Quiero nombres —le ordenó por teléfono al asistente que manejaba sus asuntos turbios.
Por desgracia para Rodrigo recibió una llamada de uno de sus gerentes de sucursal, lo que frustró sus planes y lo obligó a tomar el auto e internarse en la autopista vía a una ciudad provincial para solucionar una crisis legal imprevista.
Con las manos sujetando fuertemente el volante, llamó a Serena para informarle que, debido al contratiempo, creía que no regresaría a dormir esa noche.
Al otro lado de la línea, Serena leyó el mensaje con un desinterés mal disimulado; tan pronto como cortó la llamada, Serena esbozó una sonrisa calculadora, y le escribió de inmediato un mensaje un poco coqueto a Julián para insinuarle un encuentro a solas, ignorando por completo que probablemente él no le contestaría.
Al no recibir respuesta de parte de Julián, con frustración decidió ir a la cena con sus suegros y de paso sembrar cizaña hacia Julián, mientras más aislado y retraído sería más fácil hacerle creer que era en la única persona en quien podía apoyarse.