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El Secreto De Mi Tutor

El Secreto De Mi Tutor

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Todos creen conocer a Damian Varela… pero nadie conoce su verdadero secreto.
Elena solo necesitaba un tutor que la ayudara a superar una etapa complicada de sus estudios. Lo último que esperaba era descubrir que el hombre encargado de ayudarla llevaba una vida completamente diferente a la que aparentaba.
Una fotografía, una puerta entreabierta y un nombre que jamás debería haber escuchado harán que Elena empiece a investigar.
Mientras más descubre, más preguntas aparecen.
¿Quién es realmente Damian Varela?
Y, sobre todo… ¿qué hará cuando descubra que Elena conoce su secreto?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: Lección de Entrega Total

La puerta se cerró tras ellos y el mundo exterior dejó de existir. Damian la miró a los ojos, con esa intensidad que parecía desnudarle el alma, y lentamente soltó sus manos, dándole espacio para elegir.

—Esta noche no hay secretos entre nosotros —le dijo con voz profunda y serena—. No hay profesor ni alumno. Solo tú y yo. Si quieres irte ahora, te acompaño a casa y no volveremos a hablar de esto. Pero si te quedas… te entrego todo. Mi pasado, mi presente, mi futuro. ¿Te quedas… o te vas?

Elena no dudó ni un instante. Dio un paso hacia él y posó sus manos sobre su pecho, sintiendo el latido acelerado bajo sus dedos.

—Me quedo. Con todo lo que eres. Acepto tus luces y tus sombras. Tu fama y tu secreto. A mí no me asusta tu mundo, Damian… mientras yo esté en él.

Un suspiro tembloroso se le escapó a él. Cerró los ojos un instante y cuando los abrió, la miraba con una ternura que la hizo temblar más que cualquier deseo.

—Entonces ven. Vamos a mi habitación. Allí nadie nos oye. Nadie nos juzga. Allí solo somos nosotros.

Caminaron juntos por el pasillo en penumbra, hombro contra hombro, las manos entrelazadas con fuerza como si el otro pudiera desvanecerse. Al entrar, encendió solo una lámpara tenue que bañó todo de luz dorada y suave. La cama estaba hecha, las cortinas cerradas, y el silencio tan absoluto que solo se escuchaban sus respiraciones entrecortadas.

Damian se detuvo frente a ella y la recorrió con la mirada lentamente, desde los pies hasta el rostro, saboreando cada centímetro como si memorizara una obra maestra.

—Déjame guiarte —le susurró rozando su mejilla con el dorso de los dedos—. Te enseñaré a sentir sin miedo. A confiar sin reservas. ¿Me lo permites?

—Sí —susurró ella cerrando los ojos—. Guíame.

Empezó despacio, con reverencia infinita. Desabrochó su vestido uno por uno, con paciencia devota, como si estuviera abriendo un tesoro que llevaba toda la vida esperando. Cuando la tela cayó al suelo, no la devoró con la mirada como temía ni se avergonzó ella de su desnudez. Al contrario: la atrajo hacia sí despacio y besó su frente, sus párpados, la punta de la nariz… con una ternura que dolía en el pecho.

—Tan hermosa —murmuraba contra su piel mientras recorría cada curva con los labios—. Tan mía. No sabes cuántas noches imaginé este momento… y la realidad supera cualquier sueño.

Ella le ayudó a él también, despojándolo de su ropa con manos temblorosas pero decididas. Cuando por fin quedaron piel contra piel, ambos contuvieron el aliento. El calor era inmediato, abrumador, como fundirse en un mismo fuego. Damian la tomó en brazos y la llevó a la cama, depositándola suavemente sobre las sábanas como si fuera de cristal frágil. Se colocó a su lado y la atrajo contra sí, entrelazando las piernas con las suyas, enredando las manos en su cabello.

—Respira conmigo —le pidió rozando su frente con la suya—. Despacio. No hay prisa. Toda la noche es nuestra. Aprenderemos cada rincón juntos.

Y así fue. No hubo prisa. No hubo torpeza. Solo exploración lenta y hambrienta, descubriendo dónde gemía, dónde se estremecía, dónde su nombre salía de sus labios como una plegaria. Él sabía exactamente qué hacer, cómo moverse, cómo elevarla hasta el cielo y traerla de vuelta lentamente… y aun así, no era como en las grabaciones. Era distinto. Era suave. Era atento. Era Damian, no Kael.

—Mírame —le pidió cuando estuvieron a punto de cruzar la última barrera.

Elena abrió los ojos pesados de placer y lo encontró observándola con devoción y anhelo infinitos.

—Te quiero —susurró ella con lágrimas en las pestañas—. Más que a nada en este mundo.

Damian se detuvo un instante, con la respiración entrecortada, y la besó con una intensidad que le partió el alma y se la recompuso al instante.

—Te quiero a ti, Elena. Solo a ti. Todo lo demás es polvo comparado contigo.

Se unieron despacio, buscando el ritmo, aprendiéndose en la oscuridad iluminada. No fue perfecto: fue mejor. Fue suyo. Cada movimiento una promesa, cada gemido un secreto compartido, cada beso un juramento silencioso de que jamás habría nadie más. Subieron juntos la cuesta de placer, lenta y sincronizada, hasta caer estrellados en la cima, fundiéndose en un mismo nombre susurrado al unísono.

Permanecieron abrazados mucho tiempo después, recuperando el aliento, escuchando los corazones latir al mismo compás. Damian no se apartó ni un milímetro. La sostuvo entre sus brazos como si temiera que se desvaneciera al abrir los ojos. Le acariciaba el cabello y la espalda con movimientos lentos y rítmicos, besando su hombro una y otra vez.

—Eres mía —susurró contra su piel, como si necesitara confirmarlo—. En la sombra y en la luz. En el placer y en el llanto. Mía siempre.

—Suya —respondió ella acurrucándose más contra su pecho, escuchando el latido que ahora también era suyo—. Entera y para siempre.

Damian la besó en la coronilla y la abrazó con más fuerza, cerrando los ojos contra ella.

—Duerme, mi amor. Aquí estás a salvo. Nadie nos encontrará. Nadie nos separará. No esta noche.

Y entre el calor de su pecho y el ritmo de su respiración, Elena se dejó llevar por el sueño, sabiendo que ya no había vuelta atrás. Se pertenecían el uno al otro en cuerpo y alma. Y el resto del mundo podía esperar.

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Yolanda Vaca
Este es una mentira total🤬🤬
Cliente anónimo
El hombre tiene mucha fuerza de voluntad
Cliente anónimo
Cuál será ese juego
Eliana Angulo
Elena porque lo esperaste con los brazos abiertos, lo hubieras dejado sufrir su rato por desaparecer
Eliana Angulo
yo no me aguantaría eso🤣🤣🤣 solo Elena
Eliana Angulo
se la van a pasar escondido🤔 porque no enfrentan todo lo que se vaya venir juntos
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