Lucía lleva veinte años casada con Mariano. Juntos construyeron un hogar, criaron dos hijos y compartieron una vida llena de sacrificios, sueños y momentos inolvidables. Pero cuando él comienza a distanciarse y aparece Sofía, su joven asistente, Lucía descubre la dolorosa verdad: su marido le es infiel.
Destrozada, pero pensando en sus hijos, en su familia y en los años compartidos, decide darle una segunda oportunidad. Mariano promete cambiar. Ella vuelve a confiar en él y lucha por reconstruir su matrimonio.
Pero algunas promesas duran menos que las lágrimas que provocan.
Cuando Lucía descubre que Mariano nunca terminó realmente su relación con Sofía, comprende que ya no puede seguir viviendo entre mentiras. Esta vez no habrá otra oportunidad.
Frente a la traición, tendrá que elegir entre seguir siendo la mujer que sostiene un matrimonio roto o convertirse en la mujer que finalmente se elige a sí misma.
Porque cuando la confianza muere, el amor ya no puede salvarlo todo.
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El suelo se le viene encima
Lucía dio media vuelta y salió caminando derecho, sin mirar atrás, dejando un silencio tan pesado que dolía respirar. Dentro, Mariano se quedó clavado en el sitio: la gente murmuraba, apartaba la mirada, se fue dispersando con el chisme prendido antes de que él pudiera abrir la boca. Y a su lado, ella —Sofía, la joven que juró amar— empezó a temblar, a secarse lágrimas que no esperaba derramar, y su voz salió aguda, herida, furiosa también:
—¿Entonces sí era verdad todo? ¿Me decías que estaba solo conmigo, que tu mujer ya no te entendía, que solo cumplías por compromiso… y le decías las mismas cosas a ella? ¿Me jurabas que pronto dejarías todo para nosotras… y seguías prometiéndole a ella cambiar y volver a ser el esposo perfecto?
—Espera… déjame explicarte… no es así como suena… —balbuceó él buscando asideros que ya no existían.
—¡CÁLLATE! —le gritó ella limpiamente, igual que Lucía momentos antes—. ¿Te burlaste de las dos al mismo tiempo? ¿Jugaste con la lealtad de veinte años de una y con la ilusión de toda una vida de la otra? ¡Mírate! No tienes valor ni para elegir, solo para esconderte detrás de nosotras mientras las dos creíamos ser la única especial. ¡Me das asco! ¡Mejor que ella te haya puesto en tu lugar hoy! Yo también me voy… no quiero nada que tengas que compartir con nadie más… y mucho menos con mentiras.
Se marchó rápido, sin volver la cabeza, dejándolo solo entre las mesas vacías y las miradas que le atravesaban. De repente todo lo que creyó tener asegurado se desmoronó en un solo día: su esposa le pedía el divorcio con pruebas claras y firmes; su amante descubrió que no era más que otra mentira en su lista; su reputación, esa imagen de hombre serio y sólido que cuidó tanto tiempo, se hizo pedazos frente a sus propios empleados y socios; su negocio, construido también con el esfuerzo de Lucía, quedaría salpicado, dividido, amenazado en cada parte. Se sentó temblando, con las manos sobre la cara, y recién ahora le cayó el peso entero: Lucía ya no suplicaba, ya no perdonaba, ya no callaba. Al silencio que él dominaba le sustituyó una verdad que no podía borrar, ocultar ni arreglar con palabras bonitas.
Recordó entonces todo lo que ella representaba: el equilibrio, el orden, el cuidado silencioso de cada detalle, el lugar seguro al que siempre volvía sin preguntarse si estaría ahí… y se dio cuenta demasiado tarde: Lucía no era una pieza más que podía cambiar cuando quisiera. Era la base entera sobre la que él construyó todo lo demás. Al perderla así, firme y decidida, se le venía abajo el techo, las paredes y hasta el suelo donde paraba. Intentó llamarla después: el teléfono dio apagado. Fue a casa: nadie le abrió. Llamó a su madre, a su hermana: nadie dio su ubicación, nadie tomó su defensa. Estaba solo, de verdad solo, por decisión propia: quiso vivir dos vidas a la vez y al final no le quedó ninguna entera. Lo único claro que aprendió en su ruina repentina fue esto: la mujer que aguantó veinte años por amor y esperanza… cuando se va para siempre, no vuelve aunque supliques de rodillas. Ya no tiene miedo de quedarse sola. El miedo ahora… es todo suyo.
MUCHO RELATO, MUCHA EXPLICACION. ABURRE TANTA LETRA, ESCRITORA HAGA MAS CORTA LAS SECUENCIAS..!!!