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Amar Al Chico Equivocado

Amar Al Chico Equivocado

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor eterno
Popularitas:732
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.

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Capítulo 11_ La mentira

Narra Leidy

Salí del colegio con la cabeza llena de preguntas.

Desde lo que Melany me había contado durante el descanso, no había podido concentrarme en ninguna clase. La frase seguía dándome vueltas: “Cristian trabaja con mi papá. Le dicen el Gato y hace encargos para él.”

Yo no quería creerlo.

O, mejor dicho, no quería aceptar que el hombre con quien llevaba cuatro meses compartiendo cosas me hubiera mentido desde el principio.

Cuando salí por la puerta del colegio, levanté la mirada y lo vi.

Cristian estaba al frente, como otras veces.

Pero esta vez algo era diferente.

Estaba haciendo algo que me dio una rabia del berraco.

Me quedé observándolo unos segundos y sentí que se me calentó la cabeza.

Crucé la calle llena de rabia.

—¡Cristian!

Él volteó inmediatamente.

—¿Qué pasó, nena?

Me acerqué y señalé lo que tenía en la mano.

—Botá eso que tenés ahí.

Cristian se quedó serio.

—¿Qué?

—Que lo botés.

—Leidy, calmate.

—¡Que lo botés! —grité.

Varias personas voltearon a mirar.

Cristian me observó unos segundos y finalmente dejó caer aquello que tenía en la mano.

Yo respiré fuerte.

—¿Qué estás haciendo?

—Nada.

—¿Nada? ¿Ahora me vas a decir que no estabas haciendo nada?

—Leidy, no armés una película.

—¿Una película? ¡Melany me contó todo!

Cristian cambió la expresión.

—¿Qué te contó?

—Que trabajás con su papá.

Se quedó callado.

—Que te mandan a hacer encargos.

Cristian no respondió.

—Y que te dicen el Gato.

Otra vez silencio.

Sentí todavía más rabia.

—Entonces es verdad.

—Leidy...

—¡No me digás Leidy como si no estuviera pasando nada!

Mientras hablaba, mi mirada bajó accidentalmente hacia el borde de su pantalón.

Fue entonces cuando lo vi.

Me quedé completamente quieta.

Había un arma visible en su cintura.

Sentí que el enojo se mezclaba con sorpresa.

—¿Eso qué es?

Cristian inmediatamente intentó cubrirlo con la chaqueta.

—No es nada.

—¿Cómo que no es nada?

—Leidy, escuchame.

—¡Tenés un arma!

Mi voz salió mucho más fuerte de lo que esperaba.

Cristian miró alrededor.

—Bajá la voz.

—¡No me digás que baje la voz! ¿Es eso lo que escondías?

—Yo nunca quise meterte en esto.

—¡Pero ya estoy metida porque sos mi novio!

Cristian respiró profundamente.

—Yo no quería que supieras.

—¿Por eso me dijiste que eras albañil?

No contestó.

—¡Te pregunté a qué te dedicabas y me mentiste!

—Porque no podía decirte la verdad.

—Pues entonces no me hubieras dicho nada.

Cristian intentó acercarse, pero yo retrocedí.

—No te acerqués.

Él se detuvo.

—Leidy...

—No. Ahora me vas a escuchar vos a mí.

Sentía las manos temblando de la rabia.

—Yo confié en vos. Cada vez que me preguntabas cómo estaba, cada vez que hablábamos por chat, cada vez que salíamos... yo pensaba que te conocía.

—Sí me conocés.

—¡No! ¡No te conozco!

Cristian bajó la mirada.

—Hay cosas de mi vida que no puedo explicar.

—Pues yo no quiero explicaciones a medias.

—No es tan sencillo.

—Para mí sí lo es. Me mentiste.

Él permaneció callado.

Yo miré nuevamente hacia su cintura y después volví a mirarlo a los ojos.

—¿Cuánto tiempo llevás haciendo esas cosas?

Cristian no respondió.

—¿Desde antes de conocerme?

Silencio.

—Claro —dije con amargura—. Entonces todo este tiempo estuve saliendo con alguien que tenía una vida completamente distinta a la que me contó.

—Yo nunca te quise hacer daño.

—Eso no cambia lo que hiciste.

Cristian intentó decir algo, pero lo interrumpí.

—No quiero escucharte más.

—Leidy...

—Necesito pensar.

Me di la vuelta.

—Esperá.

No me detuve.

Caminé de regreso hacia el colegio mientras sentía una mezcla de rabia, decepción y tristeza.

No quería verlo.

No quería hablar con él.

Y, sobre todo, no quería seguir fingiendo que aquella mentira no había cambiado completamente la forma en que lo veía.

Porque ahora sabía quién era realmente Cristian.

O al menos, sabía que el Cristian que yo creía conocer nunca había sido toda la verdad.

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