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Cinco años después, el magnate me quiere de vuelta

Cinco años después, el magnate me quiere de vuelta

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Maltrato Emocional / Embarazo no planeado / Malentendidos / Dejar escapar al amor / Enfermizo / Completas
Popularitas:367.1k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Galaxy

Durante cinco años, Valentina lo dio todo por callar: un matrimonio que la humilló, una pierna que quedó coja, una hija sorda que crió sola… y un secreto que le partía el alma. Porque la pequeña Dulce no era hija de su despreciable exmarido. Era hija de Maximiliano Argüello, el magnate que la abandonó creyendo que ella lo había traicionado.

Cuando él regresa —más rico, más frío, más cruel—, le escupe las palabras que ella jamás olvidará:

—Esos ojos, cúratelos. Y a esa niña, déjasela a tu amante. No vaya a estorbarte para casarte con otro rico.

Valentina aprieta los dientes y sonríe. Que la desprecie. Que no sepa nada. Es mejor así.

Pero el destino es cruel con los secretos. Una prueba de ADN, un rumor envenenado, una enfermedad que ella esconde de todos… y de pronto el hombre que la trató como basura está de rodillas, con su hija en brazos, suplicando:

—Perdóname, Valentina. No sabía… No sabía nada. ¡No te mueras, por favor!

¿Y la verdad sobre su madre? ¿Sobre quién destruyó de verdad a las dos familias? Esa apenas empieza a salir a la luz… y hará temblar a toda la dinastía Argüello.

Demasiado tarde, magnate. Esta vez, la que decide soy yo.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Capítulo 6: La abuela Salazar

—Donde debe estar. —Valentina repitió las palabras de Bruno en voz baja, ya con el teléfono muerto en la mano—. Donde debe estar.

Quiso salir corriendo en ese instante hacia la casa de los Salazar. El licenciado Tamez, por teléfono, la frenó con la voz firme: si llegaba de noche, golpeando la puerta de una residencia, gritando, lo único que conseguiría era una denuncia por escándalo que después le pesaría en la disputa por la custodia. "Mañana. Con la cara fría. Y con un testigo si se puede." Valentina colgó, terminó su turno con las manos en piloto automático y se fue a un departamento que sin Dulce le pareció una caja vacía.

No durmió. Acostada sobre la colcha, con el anillo de plata apretado en el puño, dejó que la noche le devolviera todo lo que llevaba cinco años empujando hacia abajo.

Se había casado con Bruno Salazar embarazada. Ese era el secreto sobre el que se construyó todo lo demás. Cuando dejó a Maximiliano en aquel lago, ya llevaba dentro a Dulce y no lo sabía; cuando lo supo, él ya era un hombre arruinado al que ella misma había soltado, y su madre, Renata, se moría despacio de un cáncer en el estómago. "Cásate con quien te dé un techo y un apellido para la criatura", le había dicho Renata con su última voz firme. Bruno se ofreció. Bruno sabía que el hijo no era suyo, y aun así llevó a Dulce a bautizar y la presentó ante todos como su hija, sonriendo para las fotos.

Lo que pasaba dentro de la casa era otra cosa. Bruno traía mujeres. Las traía a dormir y a la mañana siguiente le exigía a Valentina que les sirviera el desayuno; una vez, frente a una de ellas, le aventó una caja de condones a las manos y le ordenó que se los pasara, para ver si se atrevía a llorar. Ella no lloró. Aguantó por Dulce, por su madre enferma, por no tener a dónde ir.

Cuando Dulce cumplió un año y los médicos confirmaron que la niña no oía, que había nacido así, Bruno ni siquiera fingió tristeza. "Salió defectuosa", dijo, encogiéndose de hombros, y se sirvió otro trago. A partir de ahí dejó de cargarla, dejó de mirarla. Para los Salazar, una nieta que no oía era un mueble caro que no servía. Y Valentina entendió que esa criatura solo la tenía a ella en el mundo entero. Aprendió a hablarle de frente para que le viera los labios, ahorró peso sobre peso para el primer audífono, le inventó un papá de viaje para que no le doliera la ausencia que sí tenía nombre.

La pierna se la debía también a él. Una noche de aquel segundo año, después de una humillación que Valentina ya no se permitía recordar con detalle, se había subido al barandal del segundo piso. No para morirse, se decía después. Para dejar de sentir, nada más. Cayó al jardín. Se levantó coja. Y siguió.

Renata murió ese invierno. Y solo entonces, con su madre ya enterrada y nada que la atara, Valentina juntó el valor para pedir el divorcio.

Amaneció sin haber cerrado los ojos. Se puso el mejor de sus dos sacos otra vez, y a las nueve tocó el portón de la residencia de los Salazar.

La hicieron esperar de pie en el recibidor, bajo un candil demasiado grande, como quien hace esperar a la del servicio. Doña Carmen bajó la escalera sin prisa, envuelta en una bata de seda, con el gesto de una reina molesta.

—Quiero a mi hija —dijo Valentina, sin saludar—. Se la llevaron del hospital sin mi permiso. Eso es un delito, señora. Devuélvamela y no llego más lejos.

—Mi nieta —corrigió Doña Carmen, recalcando el posesivo— está dormida, desayunada y atendida. Mejor de lo que tú podrías atenderla con tu sueldo de enfermera. —Se sentó en el borde de un sillón y cruzó las manos—. Hablemos como adultas, Valentina. Tú no tienes con qué darle nada a esa niña. Nosotros sí.

—No vine a negociar. Vine por mi hija.

—Yo creo que sí vamos a negociar. —Doña Carmen hizo una seña, y un empleado le acercó una chequera y una pluma. Empezó a escribir—. Dime una cantidad. La que sea. Tú firmas que renuncias a ella, te vas de la ciudad, rehaces tu vida. Y Dulce se queda aquí, con su familia, con su apellido. —Levantó la vista, y por un segundo algo crudo y desesperado le asomó bajo el barniz—. Esa niña es lo único que le va a quedar a mi hijo. Lo único. ¿Entiendes? No te la vamos a soltar.

—Mamá no te ruega, Valentina. Te conviene. —Bruno apareció en lo alto de la escalera, en bata, con una taza de café y esa sonrisa que ella había aprendido a temer—. Tómalo. Es más de lo que vas a ver en toda tu vida picando venas. Firma, y todos contentos. —Bajó dos escalones—. Porque si te pones digna, te recuerdo cómo está la cosa: la niña tiene mi apellido en el acta. Mío. Ante la ley, soy su padre. Y un padre con dinero contra una coja sin nada… —chasqueó la lengua— ya sabes cómo terminan esas historias en este país.

—Lo sé perfectamente —dijo Valentina, volteándose hacia él—. Por eso sé también la clase de hombre que eres. Y un día Dulce lo va a saber.

Algo en la cara de Bruno se torció. Pero su madre levantó una mano y él se calló, obediente como un perro de salón.

Valentina la miró arrancar el cheque y tendérselo en el aire. Lo único que le va a quedar a mi hijo. La frase le sonó rara, demasiado pesada para lo que decía, como si tuviera un doble fondo que ella todavía no alcanzaba a ver.

No tomó el cheque.

—Quédese con su dinero, señora. —Le tembló la voz, pero no la bajó—. Yo a mi hija no la vendo. Ni por todo lo que tiene en esta casa. Y la voy a recuperar, con abogado, con la ley, con lo que sea. Téngalo por seguro.

—Sácala —dijo Doña Carmen, y le dio la espalda.

Dos empleados la acompañaron hasta el portón con una cortesía helada. Valentina alcanzó a oír, desde el segundo piso, una vocecita que la llamaba —"¡mami!"— antes de que una ventana se cerrara. Tuvo que agarrarse del barandal para no desplomarse ahí mismo.

Caminó calle abajo por la colonia de los ricos sin ver nada, con esa voz de Dulce clavada en el pecho, calculando ya en la cabeza cuánto costaba un abogado de verdad y de dónde lo iba a sacar. No vio venir al niño.

Un chamaco de unos diez años bajó corriendo la banqueta detrás de un balón y se la llevó de frente. Valentina, con la pierna mala, no aguantó el golpe y cayó sentada sobre el cemento, la falda sucia, las palmas raspadas.

El niño ni se detuvo. Pero alguien, desde la otra acera, sí lo hizo.

Valentina apretó los dientes, puso las dos manos raspadas en el suelo sucio y empezó a levantarse sola, despacio, como había hecho toda su vida.

1
Bea Tastro
hay mucha incoherencia en unos capítulos Valentina y su papá eran muy cercanos , ella le decía papá ahora vuelven al distanciamiento inicial, el dejo a Renata embarazada ahora según ya Valentina tenía 4 años ??
Bea Tastro
Valentina creo que le quito el tetero al niño Jesús.
Silvina Claudia Rodrigo
Max cobarde mil veces cobarde ,te mereces todo lo q te pasa
Silvina Claudia Rodrigo
Es buen hombre Maxi ,la ama de verdad y la espera hace 5 años , Valentina también lo ama ,nunca dejó de quererlo ,que baje la guardia un poquito y se de la oportunidad de ser feliz junto a Max y la nena
Mártá Orti Bia
realmente parece una novela para niños o para retrasados mentales no tiene personalidad los protagonistas horribles a Dios
Edith Zenteno
el hizo un ADN ho no? cuando cogio un pelo de dulce en el auto ?
Edith Zenteno
no tengo claro el padre de Dulce es Max? pero se caso con Bruno?
Haydee Neyra
gracias hermosa historia
Cliente anónimo
La propia novela, me gustó
Mari Marisbah
las cuentas no cuadran el anillo de lo dió a los 17 años y después de 18 años se lo vuelve a dar y la niña tiene 6 años no cuadra
Alejandra Sanchez
excelente autora gracias
Mary Salazar
fascinante 👏👏👏👏👏👏
Mary Salazar
por qué tiene que ser así es injusto nunca por más que lucha todo llega a su fin y la felicidad de ella su dolor su orgullo /Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob/
Graciela Calcaterra
Yo no entiendo autora están en un país y en el otro capítulo están en otro,no hay coherencia.Estas alargando la novela con tonterías, en este tiempo ya no hay gente que se dejé humillar y manipular de esta manera.No leo más,te falta
mucho para atrapar a los lectores, coherencia por favor
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Tan triste saber que de todo este montaje diabólico, las únicas que sufrieron y pagaron deudas ajenas, fueron Renata y Valentina, porque Néstor, por muy agraviado que se sintiera, rehizo su vida al lado de quién destruyó la de la esposa, si analizamos bien , fue cómplice sumiso, juzgó y condenó, Maximiliano siempre ha sido aguevardo, le tocó casi ver morir a Valentina, para reaccionar, aunque a mí manera de pensar, hay heridas que aunque sanen, dejan cicatrices imborrables, recordatorios constantes, difícil vivir con eso. 🤔🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Parece la historia de dos niños inmaduros y caprichosos. 🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Maximiliano es una peste, solo falta que con la suerte y la falta de carácter de Valentina, queden juntos. 🤔🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Hombre estúpido, con una mamá podrida, hasta mejor que Valentina no le dijo lo de Dulce, porque la habría echado sola, quitándole a la niña. 🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Valentina, como que mató un perrito en otra vida, le pasa de todo lo malo. 🤔🤨🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Alma Zarate
muy hermosa novela 😍
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