Ella renace en un nuevo mundo, destinada a ser una madrastra malvada, pero decidida a cambiar su futuro.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Harriet 2
Media hora después...
Harriet dejó el último trozo de pan sobre el plato y suspiró con absoluta felicidad.
—Qué maravilla...
Apoyó ambas manos sobre su estómago.
[Estoy llena...]
[Creo que nunca había comido un desayuno tan elegante.]
Miró la enorme mesa.
Había probado de todo.
Pan recién horneado.
Huevos revueltos con hierbas.
Jamón ahumado.
Quesos.
Frutas frescas.
Mermeladas.
Pasteles.
Y, por supuesto...
Una enorme taza de té con especias..
Sonrió satisfecha.
[Si esto es ser una villana...]
[Entiendo por qué nunca abandonó la mansión.]
Sacudió rápidamente la cabeza.
[¡No!]
[No te distraigas.]
[Recuerda el objetivo.]
[No morir decapitada.]
Se puso de pie.
—Mary.
La doncella apareció enseguida.
—¿Sí, mi lady?
Harriet respiró hondo.
—Quiero conocer a los niños.
Mary abrió ligeramente los ojos.
Era una reacción tan inesperada que tardó unos segundos en responder.
—¿A... a los pequeños?
—Sí.
La doncella dudó.
—Mi lady... hoy es su tercer día en la mansión.
Harriet inclinó la cabeza.
—¿Y?
—Hasta ahora... no había querido conocerlos.
Harriet sintió una gota de sudor recorrer su espalda.
[Ah, cierto...]
[La Harriet original.]
[Claro...]
En apenas unos segundos improvisó una respuesta.
Se llevó una mano al pecho.
—Es que...
Bajó un poco la cabeza.
—He estado algo resfriada.
Mary la miró preocupada.
—¿Resfriada?
Harriet asintió con solemnidad.
—No quería acercarme a los pequeños. Son muy frágiles. No quería que se enfermaran.
Y para darle más credibilidad...
Tosió.
Una tos tan exageradamente falsa que incluso ella sintió un poco de vergüenza.
[Por favor...]
[Que funcione.]
Mary frunció ligeramente el ceño.
Después sonrió con ternura.
—Ahora entiendo. Ha sido muy considerada de su parte, milady.
Harriet sonrió con alivio.
[Funcionó.]
[¡Ja!]
[Mis clases de teatro sí sirvieron para algo.]
—¿Podemos ir?
—Por supuesto.
Caminaron por varios pasillos decorados con enormes retratos de la familia Montagu.
Mientras avanzaban, Harriet no podía dejar de pensar.
[En el guion...]
[Los niños apenas aparecían en esta etapa.]
[Solo decían que eran muy pequeños.]
[Nunca imaginé que...]
Mary abrió finalmente una puerta.
—Aquí están.
Harriet dio un paso al interior.
Y entonces...
Su corazón se derritió.
Dos niñeras sostenían a los pequeños.
El primero era un niño de cabello castaño claro, suave y corto, con un delicado flequillo que caía sobre su frente. Sus enormes ojos azules observaban el mundo con una curiosidad tan inocente que parecía querer descubrirlo todo. Vestía un elegante enterito celeste de mangas largas con un fino cuello bordado.
A su lado estaba su hermana.
Una pequeña de piel morena y mejillas redondas que llevaba unos hermosos rizos oscuros escondidos parcialmente bajo un gorrito tradicional celeste claro adornado con delicado encaje. Su vestido, del mismo tono pastel, tenía pequeños pliegues perfectamente acomodados y largas mangas que la hacían parecer una muñeca de porcelana.
Los dos bebés eran adorables.
Harriet se quedó completamente inmóvil.
[¿Cómo alguien puede hacerles daño?]
Sintió un nudo en la garganta.
Recordó inmediatamente todas las escenas del guion.
Los castigos.
Las lágrimas.
El miedo.
Y ahora...
Frente a ella solo había dos pequeños que ni siquiera podían caminar.
Se acercó lentamente.
Con muchísimo cuidado.
Como si cualquier movimiento brusco pudiera asustarlos.
Los dos bebés levantaron la vista hacia ella.
Eric abrió y cerró una manito.
Ellie soltó un pequeño balbuceo.
Harriet sonrió sin darse cuenta.
—Son...
Su voz salió casi como un susurro.
—...hermosos.
Con extrema delicadeza acarició primero la cabecita de Eric.
Luego la de Ellie.
Los dos permanecieron tranquilos.
Incluso Ellie cerró un instante los ojitos al sentir aquella suave caricia.
Harriet sintió que su corazón casi explotaba de ternura.
[Demasiado lindos...]
[No.]
[Corrección.]
[Son peligrosamente lindos.]
Mary observó la escena completamente sorprendida.
Aquella no era la actitud que esperaba de la nueva señora de la casa.
Harriet dio un pequeño paso atrás.
Su expresión volvió a ponerse seria.
—Mary.
—Sí, mi lady.
—Manda a llamar al doctor.
La doncella asintió por reflejo.
Pero una de las niñeras intervino.
Era una mujer de unos cuarenta años que llevaba varios meses cuidando de los pequeños.
Frunció ligeramente el ceño.
—Mi lady...
Harriet la miró.
—¿Sí?
—Los niños están perfectamente bien.
Harriet volvió la vista hacia los pequeños.
Después respondió con calma.
—Eso lo dirá el doctor.
La niñera abrió un poco los ojos.
—Pero...
Harriet la interrumpió.
Su voz fue firme.
Serena.
Autoritaria.
—Quiero que los examine. A ambos. De pies a cabeza. Si están sanos, todos podremos estar tranquilos.
El silencio llenó la habitación.
La niñera bajó inmediatamente la cabeza.
—...Mis disculpas, mi lady.
—Mandaré avisar enseguida.
Harriet asintió.
—Gracias.
La mujer salió rápidamente.
Solo entonces Harriet parpadeó.
[Espera.]
[¿Acabo de hablar así?]
Miró a Mary.
Luego volvió a mirar la puerta.
[Por qué soné...]
[¿Tan intimidante?]
Mary sonrió discretamente.
—Ha dado una orden muy propia de una dama de la alta nobleza.
Harriet sintió un escalofrío.
[Qué miedo...]
[Y eso que estaba intentando ser amable.]
Se cruzó de brazos pensativa.
[Parece...]
[Que después de tantos años queriendo interpretar a nobles orgullosas, reinas crueles y madrastras malvadas...]
[Se me quedó el personaje.]
Suspiró resignada.
[Vaya... Al final...]
Sonrió con una mezcla de orgullo y vergüenza.
[Resulta que los papeles de villana sí se me daban bastante bien.]
Detrás de ella, Mary no pudo evitar pensar en silencio.
[Qué extraño...]
[Hoy la señora habla con firmeza...]
[Pero cuando mira a los pequeños...]
[Sus ojos parecen los de una madre preocupada.]