—¡Esto no es un cliché de reencarnación!
exclamó la protagonista reencarnada con todo los elementos que le hace un cliché.
Sin embargo, todo cambia cuando lo conoce a él. Su misterioso y falso “esposo"
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Capítulo 24: Una llegada apresurada
El sonido del galope contenido de un caballo resonó en el sendero empedrado que conducía a la villa de verano. La Princesa Lilian desmontó de un salto hábil antes de que el animal se detuviera por completo, ajustándose la capa con prisa mientras observaba los alrededores. Los jardines lucían en absoluta calma, bañados por la luz dorada del atardecer, ajenos a la tormenta política que se gestaba en el palacio.
Antes de que Lilian pudiera avanzar hacia los escalones de la entrada, una figura alta y distinguida emergió de entre los sauces. Cedric, el fiel ayudante del Soberano, se interpuso en su camino con una inclinación impecable pero rígida.
—Princesa Lilian —saludó Cedric, manteniendo la voz baja—. Su presencia aquí a estas horas es bastante inusual. ¿Ocurre algún contratiempo en el palacio?
Lilian se acercó un paso más, borrando por un segundo su habitual aire despreocupado para mostrar una expresión seria.
—Cedric, no hay tiempo para formalidades —murmuró la princesa, mirando de reojo hacia el camino principal—. La Comandante Valery viene hacia acá con una escolta de la guardia interior.
Cedric alzó una ceja, pero sus ojos reflejaron un destello inmediato de alerta.
—¿La comandante? El Emperador dejó órdenes estrictas de mantener este lugar fuera de cualquier ruta oficial o inspección.
—Lo sé —asintió Lilian con voz rápida—. Pero los sabios y los eruditos en la corte están presionando sobre la existencia de Claudia. Valery no viene con malas intenciones, sino a hablar con ella para que se presente ante la corte antes de que los ministros la descubran. Sin embargo, si Valery irrumpe aquí con la guardia imperial, revelará la verdad sobre la identidad de Leonardo antes de tiempo y arruinará la paz que mi hermano tanto ha protegido.
Cedric cruzó las manos a la espalda, analizando la situación con la mente fría que lo caracterizaba.
—¿Cuál es su plan, Princesa?
—Yo entraré a la villa y mantendré a Claudia distraída en el área privada —explicó Lilian—. Claudia no sabe que soy una princesa ni conoce la verdadera identidad de mi hermano, así que actuaré simplemente como la hermana de su protector. Tú debes interceptar a Valery en los límites del terreno y desviarla antes de que ponga un pie en la terraza.
Cedric frunció levemente el ceño, mostrando una clara incomodidad ante la propuesta.
—Con el debido respeto, Princesa... intervenir o desviar las acciones de la Comandante de la Guardia sin una orden directa del Soberano al que sirvo roza el incumplimiento de mis deberes. El Emperador me encomendó la seguridad de este lugar.
—Cedric, no te pego porque ayudas mucho a mi hermano, pero si Valery habla con Claudia, la verdad saldrá a la luz sin que Leonardo esté presente —repuso Lilian, mirándolo con fijeza—. Sabes perfectamente que mi hermano quiere decírselo él mismo a su regreso. Alejar a Valery es la única forma de proteger la voluntad de Leonardo.
Cedric permaneció en silencio durante un par de segundos, sopesando el riesgo. Finalmente, dejó escapar un suspiro imperceptible y concedió con un leve asentimiento de cabeza.
—Tiene razón en ese punto, Su Alteza. Proteger la intención de Su Majestad es mi prioridad absoluta. Interceptaré a la Comandante Valery en el camino del valle y me aseguraré de que regrese al palacio sin acercarse a esta residencia.
Sin embargo, antes de que Lilian se girara para caminar hacia la entrada, Cedric dio un paso al frente y la miró con una seriedad serena pero categórica.
—Pero debo pedirle algo con el debido respeto, Princesa —advirtió Cedric en un tono pulcro y educado—. Dentro de esa casa, mantenga el secreto intacto. Ni una sola palabra sobre la corona, los ministros o el imperio. Bajo ninguna circunstancia debe insinuar quién es Su Majestad realmente. Debe ser el propio Emperador quien se lo revele a la señorita Claudia cuando regrese.
Lilian lo observó durante un instante y luego dejó escapar una risita suave, recuperando de inmediato su espíritu alegre y juguetón.
—Entendido perfectamente, Cedric —respondió la princesa con un guiño cómico—. Sé guardar un secreto cuando se trata de la felicidad de mi terco hermano. Ahora ve, antes de que los cascos de los caballos de la guardia se escuchen en la entrada.
Cedric hizo una reverencia impecable y se adentró a paso rápido en la vegetación que bordea el camino principal, dispuesto a detener a la comandante. Lilian, por su parte, compuso su mejor sonrisa casual, se arregló el vestido y caminó hacia los escalones de la villa para tocar a la puerta como una simple y dedicada visitante.
—Por fin conoceré a mi cuñada