En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan
NovelToon tiene autorización de Violeta. E para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 5.
El regreso al ducado de los Ash requirió tres semanas de viaje en carruaje.
Tres semanas midiendo cada dosis de supresor para Ian.
Tres semanas ensayando la máscara de la "Consejera de Hierro".
El paisaje cambió drásticamente. El aire cálido y salino del sur dio paso a las ráfagas gélidas y los densos bosques de pinos del ducado.
Las enormes puertas de hierro del palacio familiar se alzaban al final del camino empedrado.
Seguían siendo igual de grises.
Seguían siendo igual de asfixiantes.
Aeryn Ash miró de reojo a Ian, quien dormía plácidamente apoyado en las faldas de Mara. El niño llevaba una capucha gruesa que ocultaba su cabello negro azabache, y un ungüento amargo en su cuello bloqueaba cualquier rastro de su aroma a menta.
Ante los ojos del mundo, Ian debía ser solo el hijo bastardo de una Beta desterrada.
El carruaje se detuvo en el patio principal con un crujido de metal.
Un lacayo abrió la portezuela.
Aeryn bajó primero. Su calzado de cuero golpeó la piedra húmeda con firmeza. Vestía un abrigo de lana oscura, de corte severo, sin un solo adorno ostentoso. Su cabello estaba rígidamente recogido. Su rostro no mostraba una sola grieta de duda.
El comité de bienvenida era exactamente el que esperaba.
En la cima de las escalinatas de mármol, Lucian y su hermana, Daphne, aguardaban con expresiones cargadas de superioridad.
Lucian ahora lucía la capa de piel de oso reservada para el Alfa del ducado. Su aroma a madera de cedro quemada inundó el patio, una presencia dominante que antes solía intimidar a la corte.
Para la actual Aeryn, ese aroma se sentía patéticamente débil.
Casi insípido comparado con la ceniza volcánica del hombre que la tomó esa noche.
—Vaya, vaya —la voz de Daphne resonó en el patio, teñida de una falsa compasión—. Miren quién ha decidido regresar de su retiro. La gran estratega de la familia.
Daphne lucía las joyas de la duquesa consorte. En sus brazos cargaba a un niño de cinco años, un Alfa de cabello castaño que miraba a todos con arrogancia infantil. El heredero oficial del ducado.
Lucian dio un paso al frente, cruzando los brazos sobre su imponente pecho.
—Aeryn —dijo él, su voz grave intentando imponer autoridad—. Han pasado seis años. El consejo noble se sorprendió cuando solicitaste la restitución de tus antiguos aposentos. Pensamos que la vida en el sur te había vuelto más... dócil.
Aeryn subió las escalinatas con una lentitud calculada. Cada paso era una lección de elegancia.
Se detuvo a dos metros de ellos.
—El ducado de los Ash sigue bajo mi nombre en los registros reales, Lucian. No lo vendí todo—respondió Aeryn, su tono tan frío que cortó el viento invernal—. Vine a revisar los archivos históricos y a administrar mis propiedades. Las cortesías familiares no son necesarias.
Daphne desvió la mirada hacia el carruaje, donde Mara bajaba con Ian de la mano.
El pequeño Ian caminaba con la cabeza baja, siguiendo las instrucciones de su madre, pero mantenía los puños apretados dentro de sus pequeños bolsillos.
—¿Y ese es el cachorro? —Daphne soltó una risa despectiva, cubriéndose la boca—. Un bastardo sin casta definida. Qué trágico final para la Consejera de Hierro. Tuviste que huir para ocultar tu vergüenza con un lobo cualquiera del sur.
Lucian miró al niño con desdén. Su instinto Alfa no detectó nada extraño debido al supresor alquímico; solo vio a un infante común, de apariencia frágil.
—No permitiremos que un bastardo manche el apellido de la familia principal, Aeryn —advirtió Lucian con severidad—. Pueden quedarse en el ala oeste, la zona olvidada. Pero mantén al niño lejos de las recepciones oficiales.
Aeryn sostuvo la mirada de su ex-prometido. No parpadeó. No mostró enojo.
—El ala oeste será más que suficiente —dijo ella con una sonrisa gélida—. De todas formas, prefiero la distancia. El olor a traición en el salón principal sigue siendo demasiado fuerte.
Daphne se tensó, sus ojos abriéndose con indignación, pero Aeryn ya le había dado la espalda.
Caminó directo hacia los pasillos laterales del palacio, guiando a Ian y a Mara hacia sus nuevos aposentos.
Las puertas de la corte se habían cerrado tras ella.
Estaba oficialmente en la boca del lobo.
Pero mientras acomodaba a Ian en la fría habitación del ala oeste, Aeryn miró hacia los enormes ventanales que daban a la biblioteca ancestral. Las respuestas sobre el linaje imperial estaban a solo unos pasillos de distancia. Solo tenía que ser paciente, mantener los supresores al día y evitar llamar la atención.
La Consejera de Hierro había vuelto a su tablero de ajedrez.
Y esta vez, jugaba por la vida de su hijo.