Holis bolis aquie ando dejando trabajo qur tenia ya realizado
NovelToon tiene autorización de ana19 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
12
Capítulo 12. La residencia del Archiduque
La tarde comenzaba a caer sobre la capital de Eryndor.
Después de alejarse del centro de la ciudad, Lyra observó las posadas que se alineaban a ambos lados de la avenida.
Soltó un pequeño suspiro.
—Supongo que debo buscar un lugar donde pasar la noche.
Conrad caminaba a su lado con la serenidad de siempre.
—No es necesario.
Ella lo miró.
—¿Cómo?
—Puede quedarse en mi residencia.
Lyra abrió ligeramente los ojos.
—¿En... su casa?
—Sí.
Ella sonrió con cierta incomodidad.
—Le agradezco mucho la invitación, pero no quisiera molestar.
Conrad respondió sin dudar.
—No molestará.
—Además...
Lyra desvió la mirada.
—Podría traerle problemas. Después de todo, soy una joven soltera y usted también. Los rumores aparecen con facilidad.
Conrad dejó escapar una leve risa.
—¿Problemas?
Ella asintió.
—Las personas hablan demasiado.
Él dio un paso más cerca, mirándola directamente a los ojos.
—Lyra.
Su voz fue firme, pero cálida.
—Tú nunca serás un problema.
Por un instante, el tiempo pareció detenerse.
Lyra sintió que su corazón daba un vuelco.
No entendía por qué aquellas palabras la habían conmovido tanto.
Desvió rápidamente la mirada.
—Qué hombre tan extraño...
Conrad sonrió apenas.
—Me lo tomaré como un cumplido.
—No lo era.
—Entonces intentaré que lo sea algún día.
Lyra no pudo evitar reír.
—Es bastante terco.
—Solo cuando vale la pena.
La enorme residencia del Archiduque apareció frente a ellos poco después.
Era un palacio de piedra negra rodeado por jardines impecables.
Los sirvientes hicieron una profunda reverencia apenas Conrad cruzó la entrada.
Sin embargo...
Todos levantaron discretamente la cabeza al descubrir a la joven que caminaba a su lado.
Jamás.
En todos los años que llevaban trabajando allí...
Habían visto a su señor regresar acompañado por una mujer.
Uno de los mayordomos intercambió una mirada con una criada.
—¿Estoy soñando...? —susurró ella.
—Creo que no.
Mientras tanto, Lyra observaba la inmensidad del lugar.
—Su casa es demasiado grande para una sola persona.
Conrad respondió con total naturalidad.
—Si quiere, puede ayudarme a ocuparla.
Los sirvientes estuvieron a punto de dejar caer las bandejas que llevaban entre las manos.
¿Eso... había sido una broma?
¿El Archiduque Conrad?
¿El hombre cuya expresión nunca cambiaba?
Lyra soltó una pequeña carcajada.
—No esperaba que tuviera sentido del humor.
—Ni yo.
Ella lo miró divertida.
—Entonces vamos descubriendo cosas nuevas los dos.
Las criadas se cubrieron la boca para ocultar su sorpresa.
Aquella escena parecía imposible.
Su señor estaba... conversando.
Y, aún más increíble...
Sonriendo.
Lyra también comenzó a sentirse extraña.
Cada minuto que pasaba junto a Conrad hacía que la pesada sensación que había llevado desde su muerte desapareciera poco a poco.
No sabía por qué.
Era como si su presencia calmara una parte de su alma que había permanecido rota durante mucho tiempo.
Aquello no tenía sentido.
Solo se conocían desde el día anterior.
Entonces, una mujer de cabello gris y expresión amable se acercó hasta ellos.
Hizo una elegante reverencia.
—Bienvenido a casa, señor.
Conrad inclinó ligeramente la cabeza.
—Señora Carmen.
La mujer sonrió al ver a Lyra.
Había curiosidad en sus ojos, pero también una inmensa ternura.
—Debe de ser nuestra invitada.
Lyra respondió con una reverencia.
—Mucho gusto.
La mujer sonrió cálidamente.
—Mi nombre es Carmen. He cuidado del señor desde que era un niño... o, al menos, desde hace varios siglos. El tiempo deja de contarse cuando uno trabaja para un Fae.
Lyra no pudo evitar sonreír.
La señora Carmen le inspiraba confianza desde el primer instante.
—Permítame llevarla a su habitación, señorita Lyra. Debe de estar cansada por el viaje.
Antes de marcharse, Lyra volvió la vista hacia Conrad.
Él seguía observándola en silencio.
Y, por primera vez desde que despertó en esta nueva vida, sintió que llegar a aquel lugar no había sido obra del azar.
Como si el destino la hubiera conducido exactamente hasta donde debía estar.