Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Miedo 1
Cuando la puerta se cerró tras el doctor, la habitación quedó completamente en silencio.
Demasiado silencio.
Davina permaneció sentada sobre la cama.
Con las manos apoyadas sobre su vientre.
Mirándolo.
Todavía no podía sentir ningún movimiento.
Era demasiado pequeño.
Pero ahora sabía que estaba allí.
Y también sabía algo que no esperaba descubrir tan pronto.
Su bebé estaba débil.
Las palabras del doctor no dejaban de repetirse en su cabeza.
"El pulso no es fuerte."
"Necesita mucha energía."
"La madre deberá cuidarse muchísimo más."
Respiró profundamente.
[No pasa nada.]
[Intentemos pensar con calma.]
Ella siempre había sido así.
En su vida anterior.
Y ahora también.
Cuando aparecía un problema...
Buscaba una solución.
No se detenía a llorar.
No esperaba que alguien la rescatara.
Seguía adelante.
Siempre.
Pero esa vez era diferente.
Porque el problema ya no era ella.
Era aquel pequeño al que todavía ni siquiera conocía.
Bajó nuevamente la vista hacia su vientre.
Con mucho cuidado apoyó ambas manos.
—Hola...
Murmuró casi sin darse cuenta.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Duró apenas unos segundos.
Después desapareció.
Las imágenes de los recuerdos comenzaron a regresar una tras otra.
La antigua Davina.
Sola.
Ocultando el embarazo.
Las fajas.
Los mareos.
La casa de campo.
El parto.
El llanto de un bebé demasiado débil.
Y luego...
El silencio.
Davina cerró con fuerza los ojos.
[No...]
[No...]
[No otra vez.]
Sintió un nudo en la garganta.
Ella había sido capaz de enfrentarse a un ladrón.
De discutir con un duque.
De recorrer medio imperio embarazada para cambiar el destino.
Nunca había tenido miedo.
Pero en ese instante...
Por primera vez desde que despertó en aquel mundo...
Sintió verdadero miedo.
No por ella.
Por su hijo.
—No...
Susurró.
—Por favor... No...
Las lágrimas comenzaron a caer lentamente.
—No quiero que nazcas enfermo...
Su voz se quebró.
—No quiero que te pase nada.
Acarició su vientre con muchísimo cuidado.
—No quiero perderte...
Las lágrimas comenzaron a salir una tras otra.
Ya no podía detenerlas.
Llevaba días conteniendo todo.
Desde que abrió los ojos en el cuerpo de Davina.
Desde que descubrió el embarazo.
Desde que viajó sola.
Desde que enfrentó al duque.
Desde que recordó aquella muerte.
Había seguido avanzando.
Sin detenerse.
Sin permitirse sentir.
Hasta ese momento.
Un suave sonido anunció que la puerta se abría.
Jean entró con la intención de informarle que ya había dado las primeras órdenes para comenzar los cuidados.
No llamó.
Simplemente entró.
—Lady Da...
Se detuvo.
Davina levantó rápidamente una mano para secarse las lágrimas.
Giró un poco el rostro.
Intentando disimular.
—Digame...
Dijo con una voz que claramente demostraba lo contrario.
Jean permaneció unos segundos inmóvil.
No preguntó qué ocurría.
No dijo que dejara de llorar.
No le pidió explicaciones.
Simplemente caminó hasta donde estaba ella.
Davina intentó recomponerse.
—Solo... Es que...
No terminó la frase.
Jean se inclinó ligeramente.
Y, con una naturalidad que la tomó completamente por sorpresa, la levantó entre sus brazos.
—¿Qué...?
Davina abrió mucho los ojos.
Instintivamente intentó soltarse.
—¡Duque! Bájeme.
Él no respondió.
La sostuvo con absoluta firmeza.
Se sentó en uno de los sillones de la habitación.
Y la acomodó sobre sus piernas.
—¡Oiga!
Ella volvió a intentar levantarse.
—Puedo sentarme sola.
Jean simplemente rodeó su espalda con ambos brazos.
Impidiendo que se alejara.
No con brusquedad.
Sino con una firmeza imposible de romper.
Davina dejó de moverse.
—¿Qué está haciendo?
No obtuvo respuesta inmediata.
Solo sintió cómo él la abrazaba un poco más fuerte.
Después escuchó su voz.
Muy cerca de ella.
Grave.
Serena.
—Todo saldrá bien.
Davina bajó lentamente la cabeza.
Él continuó hablando.
—Nuestro hijo no morirá.
Ella cerró los ojos.
—No permitiré que ocurra.
Aquellas palabras...
Dichas con tanta seguridad...
Con tanta convicción...
Rompieron el último muro que Davina llevaba días sosteniendo.
Su respiración comenzó a temblar.
Intentó contenerse.
No pudo.
Las lágrimas volvieron a salir.
Esta vez con mucha más fuerza.
Escondió el rostro contra el pecho del duque.
Y comenzó a llorar.
De verdad.
No era un llanto elegante.
Ni silencioso.
Era el llanto de alguien que llevaba demasiado tiempo siendo fuerte.
Jean no dijo nada más.
Solo la sostuvo.
Una mano descansaba sobre su espalda.
La otra protegía cuidadosamente su cabeza.
Esperó.
Simplemente esperó.
Davina lloró por la antigua dueña de aquel cuerpo.
Por el pequeño bebé que nunca tuvo la oportunidad de vivir.
Por el miedo que había sentido durante todo el viaje.
Por la responsabilidad que ahora llevaba dentro.
Y también...
Porque, aunque le costara admitirlo, estaba cansada.
Muy cansada.
Después de un largo rato, su llanto comenzó a calmarse.
Su respiración seguía siendo irregular.
Pero ya no temblaba tanto.
Jean apartó con cuidado un mechón rosado que se había pegado a su mejilla por las lágrimas.
—Escúcheme bien.
Davina levantó apenas la cabeza.
Los ojos aún estaban enrojecidos.
Él la miró con la misma firmeza de siempre.
Pero esta vez había algo más.
Una calidez que ella no había visto antes.
—Ya no está sola.
Hubo un breve silencio.
—Hasta ahora había cargado con todo usted sola. Con esos recuerdos. Con ese miedo. Con ese embarazo.
Negó lentamente con la cabeza.
—Eso terminó.
Apoyó una mano, con muchísimo cuidado, sobre el vientre de Davina.
—A partir de hoy... Lo protegeremos entre los dos.
Davina volvió a cerrar los ojos.
Y, por primera vez desde que despertó en aquel mundo, sintió que el peso que llevaba sobre los hombros era un poco más liviano.
Porque seguía teniendo miedo.
Muchísimo miedo.
Pero ya no era el único sosteniendo la esperanza de que aquel pequeño pudiera cambiar su destino.
Ahora había alguien más dispuesto a luchar por él con la misma determinación.
Y esa certeza, inesperadamente, le permitió respirar un poco más tranquila por primera vez desde que había renacido.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer