Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.
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La noche más larga.
Valentina llegó a casa mucho más tarde de lo habitual.
Durante todo el trayecto intentó convencerse de que estaba exagerando.
Intentó decirse que aquella cena había sido una reunión de trabajo más.
Que Matteo se había marchado únicamente porque surgió una emergencia.
Que nada de lo ocurrido tenía importancia.
Pero cada vez que repetía aquellas mentiras en su cabeza, una voz insistente le recordaba la realidad.
Habían estado a punto de besarse.
La sola idea hizo que apretara las manos sobre el volante.
—No —murmuró.
La lluvia comenzaba a caer sobre Bogotá, golpeando suavemente el parabrisas.
—No, no y no.
Era absurdo.
Completamente absurdo.
Ella no era una adolescente.
No era una mujer que perdiera la cabeza por una mirada o una sonrisa.
Había construido una empresa desde cero.
Había enfrentado problemas mucho más difíciles que un hombre atractivo.
Entonces, ¿por qué seguía pensando en él?
¿Por qué seguía recordando el instante en que sus manos estuvieron tan cerca?
¿Por qué seguía sintiendo aquella tensión extraña en el pecho?
Cuando estacionó frente a la casa, soltó un largo suspiro.
Necesitaba dormir.
Dormir y olvidar.
Nada más.
Pero apenas cruzó la puerta principal supo que eso no iba a suceder.
—Llegó —anunció Santiago desde la sala.
Valentina cerró los ojos.
—No.
—Sí.
—No empieces.
—Ni siquiera he dicho nada.
—Precisamente por eso me preocupa.
Santiago sonrió.
Sofía, sentada junto a él, soltó una carcajada.
—Tiene razón.
—Los dos son insoportables.
—Y tú tienes cara rara —comentó Sofía.
Valentina se quitó el abrigo.
—¿Existe alguna ley familiar que los obligue a analizar mi cara cada vez que entro a esta casa?
—Sí —respondieron ambos al mismo tiempo.
Isabel apareció desde la cocina.
—¿Cómo te fue?
—Bien.
—Mentirosa.
Valentina giró la cabeza.
—¿Perdón?
—Esa respuesta siempre significa que algo pasó.
—Mamá tiene experiencia —dijo Santiago.
—Demasiada experiencia —añadió Sofía.
Valentina los observó a todos durante varios segundos.
Luego decidió que era mejor rendirse.
—Tuve una cena.
El silencio cayó sobre la sala.
Un silencio sospechosamente largo.
—¿Qué? —preguntó ella.
—Nada —respondió Santiago.
—Absolutamente nada —añadió Sofía.
—¿Por qué me miran así?
—Porque acabas de admitir que tuviste una cena.
—¿Y?
—Y normalmente dirías que fue una reunión.
Valentina abrió la boca.
La volvió a cerrar.
Y descubrió con horror que tenía razón.
—No significa nada.
—Claro que no —dijo Santiago.
—Nada de nada —agregó Sofía.
—Voy a subir a mi habitación.
—Eso hacen las personas enamoradas cuando las descubren —comentó Santiago.
El cojín impactó directamente contra su rostro.
—¡Lo sabía! —gritó él entre risas.
Valentina desapareció escaleras arriba antes de lanzar un segundo cojín.
—
Sin embargo, una vez sola, la diversión desapareció.
La habitación estaba silenciosa.
Demasiado silenciosa.
Se cambió de ropa, se recogió el cabello y se sentó al borde de la cama.
Y entonces volvió a pensar en Matteo.
En cómo había cambiado su expresión después de aquella llamada.
En la frialdad que apareció de repente en sus ojos.
En la tensión que recorrió todo su cuerpo.
Algo había ocurrido.
Algo serio.
Y, por alguna razón que no lograba comprender, aquello la inquietaba.
Tomó su teléfono.
Lo observó.
Lo dejó sobre la mesa.
Lo volvió a tomar.
Lo desbloqueó.
Lo bloqueó nuevamente.
—Esto es ridículo.
Porque estaba considerando escribirle.
Y eso era exactamente el tipo de comportamiento que siempre había criticado.
Volvió a mirar la pantalla.
Nada.
Ningún mensaje.
Ninguna llamada.
Ninguna explicación.
Una parte de ella se sintió ofendida.
Otra parte se sintió preocupada.
Y una tercera parte, mucho más peligrosa, simplemente quería saber si estaba bien.
Terminó dejando el teléfono sobre la almohada.
—No voy a escribirle.
Cinco minutos después seguía mirando la pantalla.
—Definitivamente no voy a escribirle.
Otros cinco minutos.
Nada.
La pantalla seguía vacía.
Y aquello la irritó más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Porque Matteo De Luca había conseguido algo que nadie lograba desde hacía años.
Había alterado su equilibrio.
Había encontrado una grieta en la armadura que tanto tiempo le había costado construir.
Y lo peor era que ni siquiera sabía cómo había sucedido.
Cerca de la medianoche, cuando por fin estaba a punto de quedarse dormida, el teléfono vibró.
Su corazón dio un salto.
Lo tomó inmediatamente.
Solo había un mensaje.
Uno.
Y provenía de Matteo.
“Perdón por irme así.”
Nada más.
Ninguna explicación.
Ningún detalle.
Solo aquella frase.
Pero por alguna razón fue suficiente para borrar gran parte de la tensión que había acumulado durante horas.
Valentina leyó el mensaje varias veces.
Demasiadas veces.
Y terminó sonriendo sin darse cuenta.
Una sonrisa pequeña.
Involuntaria.
Peligrosa.
Porque significaba que ya era demasiado tarde.
Estaba empezando a importarle.
Y eso era exactamente lo que más debía evitar.
fuegos artificiales!!!!
....😂😂
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