Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.
***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.
Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.
Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.
Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.
Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.
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Capítulo 23. Sin escondernos
Bajé usando la camisa de James.
Mi ropa ya estaba casi seca, pero no tenía demasiadas ganas de ponérmela todavía.
Esa fue la excusa que elegí.
La verdad era que me gustaba llevar algo suyo.
Lo encontré en la cocina, descalzo, con un pantalón deportivo y el cabello todavía desordenado. Estaba sirviendo café cuando levantó la vista y me vio.
Se quedó mirándome.
La sonrisa apareció lentamente en su rostro.
Sentí calor en las mejillas.
Soltó una risa y acercó una taza hacia mí.
Desayunamos sin ninguna prisa.
Era extraño lo sencillo que resultaba.
Hablamos de cualquier cosa.
En algún momento se levantó para recoger las tazas y, al pasar detrás de mí, dejó un beso sobre mi mejilla.
Un gesto pequeño.
Tan natural que me quedé inmóvil.
James continuó caminando como si nada.
Lo observé.
Aquello era peligroso.
No lo de anoche.
Esto.
La facilidad.
Miré la hora y casi salté del banco.
James se giró.
—Tengo que irme.- dije
La sonrisa desapareció de su rostro.
—¿Pasó algo?
—No. Es mi padre. Seguramente ya está trabajando y si Adrián no consigue controlar todo...
No terminé.
No hacía falta.
James conocía perfectamente a mi familia.
—Ve a vestirte —dijo—. Te llevo.
Negué mientras me levantaba.
—No hace falta. Necesito mi auto en la ciudad.
—Puedo mandar a alguien por él después.
—James.
—Lizzie.
Lo miré.
Él sostuvo mi mirada durante unos segundos antes de negar con la cabeza.
—Está bien. -dijo al fin
Subí a vestirme.
Fue entonces cuando recordé el anillo.
Seguía abajo.
Sobre aquella mesa.
Me quedé mirando mi mano desnuda.
Por primera vez en tanto tiempo, no sentí que faltara algo.
Bajé.
James estaba junto a la mesa.
Y supe inmediatamente que también lo había visto.
El anillo permanecía entre nosotros.
Me acerqué y lo recogí.
No me lo puse.
Abrí el bolso y lo guardé dentro.
Cuando levanté la mirada, James me observaba.
—Tenemos que hablar —dijo.
Asentí.
—Lo sé.
Se acercó.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
No era incómodo.
Después de todo lo que había ocurrido entre nosotros, habría sido absurdo fingir que aquella mañana podía terminar con un beso y un hasta luego.
—No quiero volver a lo de antes, Lizzie.
Sabía exactamente a qué se refería.
—Yo tampoco.
—Bien.
Su voz fue tranquila, pero firme.
—Porque esta vez no voy a esconderme.
Lo miré.
—No quiero que lo hagas.
James asintió.
No había reproches. Tampoco necesitábamos discutir lo que había pasado la noche anterior.
Los dos habíamos estado allí.
Los dos lo habíamos elegido.
Y ahora nos correspondía decidir qué hacer después.
Apoyé una mano sobre su pecho.
—Voy a terminar con Maxton.
James no pareció sorprendido.
—¿Cuándo?
—Hoy mismo. En cuanto pueda hablar con él.
—Bien.
Así de sencillo.
No necesitábamos discutir una decisión que yo ya había tomado.
—No voy a volver a ponerme el anillo.
La mirada de James descendió un instante hacia mi bolso.
—Me alegra.
—Pensé que ibas a decir que eso es asunto mío.
—Lo es.
Se acercó un poco más.
—También puedo alegrarme.
Sonreí.
—Supongo.
James tomó mi mano.
—Hay otra cosa. –dijo —No quiero una relación que solo exista cuando estamos solos. No voy a volver a entrar en casa de tus padres y fingir que eres simplemente la hija de mi socio.
—Yo tampoco quiero eso.
—Entonces, cuando hayas hablado con Maxton, hablaremos con tu familia.
—De acuerdo.
James arqueó ligeramente una ceja.
—¿Así de fácil?
—¿Esperabas que discutiera?
—Contigo siempre existe esa posibilidad. – respondió con una sonrisa apenas contenida.
—Hablaré con tu padre.
—Hablaremos con mi padre. –aclaré
James me observó.
—Lizzie...
—Es mi relación también.
Eso lo hizo callar.
—No necesito que vayas delante de mí a solucionar nada —continué—. Si vamos a hacer esto, lo hacemos juntos.
James sostuvo mi mirada unos segundos.
Después asintió.
—Juntos.
Me gustó cómo sonó.
—Y hablaremos con mamá también.
—Por supuesto.
—Adrián puede enterarse después.
James soltó una risa.
—En eso estamos completamente de acuerdo.
Sonreí.
No sentía miedo.
Sabía que mi padre tendría preguntas. Sabía que mi madre probablemente tendría muchas más. Adrián seguramente tendría opiniones que nadie le pediría.
Pero eran conversaciones.
Nada más.
Tenía veinticinco años.
James treinta y tres.
No estábamos pidiendo permiso para sentir algo.
Solo estábamos decidiendo dejar de ocultarlo.
—Quiero hacer las cosas bien contigo —dijo James.
Levanté la mirada.
Su expresión había cambiado.
—Yo también.
—Eso significa que hasta que hables con Maxton...
—Lo sé.
—Déjame terminar.
—Sé lo que vas a decir.
James esperó.
—No quieres volver a estar conmigo mientras siga comprometida.
—Exacto.
No había reproche en su voz.
Tampoco celos.
Simplemente un límite.
Y lo respetaba.
—Está bien.
Sus cejas se levantaron apenas.
—¿Está bien?
—James, voy a terminar con él.
Me acerqué.
Mis manos descansaron sobre su pecho.
—Y después puedes besarme todo lo que quieras.
—¿Puedo?
—Dentro de límites razonables.
—Entonces no me interesa.
Me reí.
James rodeó mi cintura.
—Hay algo que sí quiero saber.
—¿Qué?
Me miró directamente.
—¿Estás segura de mí?
No necesité pensar.
—Sí.
La respuesta salió limpia.
—Completamente.
James permaneció en silencio.
—No estoy terminando con Maxton porque anoche me confundiera —continué—. Es todo lo contrario. Dejé de estar confundida.
Mi mano subió hasta su cuello.
—Te quiero a ti.
James me observó.
—Dilo otra vez.
Sonreí.
—Te quiero a ti.
—Eso no es exactamente lo que quiero escuchar.
Sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
—Qué exigente.
—Lizzie.
Lo dejé esperar unos segundos.
—Estoy enamorada de ti.
Su mirada cambió.
—Desde hace demasiado tiempo.
La mano de James subió hasta mi nuca.
—Yo también estoy enamorado de ti.
Sonreí.
—Eso sí quería escucharlo.
James me besó.
Despacio.
Sin urgencia.
Ya no había nada que demostrar.
Cuando se apartó, mantuvo la frente contra la mía.
—Entonces hacemos las cosas bien.
—Las hacemos bien.
—Primero Maxton.
—Primero Maxton.
—Después tu familia.
—Juntos.
James asintió.
—Juntos.
Lo besé una vez más.
No sentía que estuviera terminando una vida sin saber qué vendría después.
Sabía exactamente qué estaba haciendo.
Iba a cerrar una relación que no debía haber prolongado.
Y después iba a comenzar otra de la única manera en que quería hacerlo esta vez.
Sin mentiras.
Sin escondernos.
Con James.