Colter Callahan es un vaquero salvaje, de botas embarradas, modales dudosos y cero interés en una esposa.
Charlotte Walkins es sofisticada, adora los tacones, los vestidos de diseñador y considera que el barro no debería existir.
Así que, naturalmente, sus padres deciden sentarlos a cenar.
Colter fantasea con echarla de su rancho antes del primer plato.
Charlotte, después de mirarlo de arriba abajo, le sugiere que un buen corte de pelo podría hacer milagros.
Están a punto de convertirse en enemigos.
Entonces llega la propuesta de matrimonio.
Él tendrá que convivir con una princesa que probablemente se desmaye al ver una vaca.
Ella tendrá que soportar a un salvaje que cree que una camisa limpia es opcional.
Y justo cuando Charlotte piensa que casarse sería un desastre, descubre que el robo que la dejó hospitalizada podría esconder mucho más.
Ahora debe elegir entre enfrentar el misterio en la ciudad o refugiarse en el rancho de un salvaje junto a un insoportable marido.
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LIBRO DE ANATOMÍA
NARRADOR
Cuando llegó el momento de ir a la cama, Colter se aseguró de que Charlotte no llevara su celular y de que él suyo no estuviera en el lugar donde tenía señal.
--Voy a ducharme. ¿Puedes perfumar la cama?
--Solamente si te duermes sin hablarme tres horas como anoche
--Que aburrido eres
--Sí, ahí tienes una justificación más para el divorcio
Ella salió de la habitación riéndose despreocupada.
Colter tuvo que perfumar la habitación y la cama. Ella ya había dejado dos aromatizantes allí y también productos faciales, así como también una crema corporal, una de manos y otra de pies.
Se está instalando aquí. Mi descanso corre peligro, mi autocontrol y todo lo demás también.
Pensó él.
Me dijo tantas veces que me odia, que soy aburrido, que no se vestirme... Ahora está instalada en mi cuarto. Me dijo que no se besar y me trató de virgen, ¿Acaso no se da cuenta de que está jugando con fuego porque puedo tomar eso como un reto o provocación?
Cuando ella salió del baño lo hizo con un nuevo pijama rosa y sus pantuflas del mismo color.
--A dormir-- Quiso apagar la luz. No pudo
--Tengo que ponerme crema en las piernas y en el rostro
--Para eso no necesitas ver demasiado
--Yo si
--Cinco minutos
Él ya estaba cruzado de brazos, acostado y moviendo su pie con impaciencia.
--Charlotte ya pasaron más de cinco minutos-- Dijo cuando notó que transcurrieron diez y después de que ella le pidiera cada crema
Ella fingió no escucharlo.
--Dame tu mano
--¿Me dejarás dormir después?
--Solo cinco minutos
--Dijiste eso hace diez. No confío en ti
--Puedo contarte cómo decidí tener a Pastelito y todo lo que le hizo a los vecinos que teníamos-- Sonrió de manera peligrosa
Él sabía que lo haría. Si comenzaba a contarle cada anécdota con mil detalles estaría despierto una semana entera.
Ella le pidió dos cremas.
Comenzó a ponerle una en las manos y a dramatizar sobre lo rápido que la piel la absorbía.
--Ya me pusiste crema, vamos a dormir
--Todavía no
Ella empezó a ponerle en los brazos y el puso los ojos en blanco.
--No se que te obsesiona más, si los perfumes o mis brazos
--Quitándote el mal carácter, la barba que sueles dejarte, las camisas horrendas y cortándote el cabello...
--¿Qué intentas decir?
--Del cuello hasta la cintura eres lindo
--Bonita manera de decirlo. No sé si alegrarme o si tomarlo como una ofensa
--Resuélvelo. Ahora déjame dormir. Tengo sueño
Él no hizo comentarios, aunque la imaginó encerrada en el granero.
Finalmente, el pudo dormirse. Esperaba hacerlo de un tirón hasta la mañana.
Fue una expectativa inalcanzable.
Charlotte había empezado a apretarle el brazo. Encendió la luz. Ella sonreía mientras murmuraba algo.
--Charlotte si no te quedas quieta voy a atarte-- Le dijo con suavidad esperando que la amenaza fuera suficiente para despertarla
En lugar de abrir los ojos sonrió.
--¿Cómo en las cincuenta sombras?-- Preguntó dormida
--¿Qué?
Ella se acomodó en la cama y abrazó su brazo. Incluso lo olió dormida.
Dios mio. Su obsesión por los perfumes le dura hasta cuándo duerme. No me lo creo.
Pensó y volvió a dormirse sin recuperar su brazo.
Por la mañana, él se despertó. Charlotte no había vuelto a buscar la almohada y todavía lo tenía agarrado.
Recuperó su brazo con cuidado y salió de la cama.
Tenía la esperanza de desayunar en silencio, pero cuando quiso llevarse la taza de café a los labios escuchó que ella caminaba adormilada solamente porque arrastraba las pantuflas.
La vio con el cabello enmarañado de nuevo.
--Me despertaste. Eres brusco para levantarte
--Buen día para ti también, princesa. Perdóname por no poder quitarme el brazo y levantarme sin él para que puedas dormir
Dijo con irritación. El descanso era sagrado, hasta que ella se mudó.
--¿Te toqué de nuevo?
--No. Secuestraste mi brazo y también hablaste dormida
--¿Qué dije? No recuerdo haber soñado algo
Tal vez esa pregunta no debió hacerla.
--Dije que te ataría si no te quedabas quieta y me respondiste algo raro
--¿Qué?
--Preguntaste si lo haría como las cincuenta sombras o algo así
Charlotte se ahogó con el primer sorbo de café y acabó por eliminar cualquier rastro de sueño. Él la miró con sospecha.
--Charlotte, ¿Qué es eso?
--Un libro de anatomía de Katy. Lo leímos juntas
--¿Por qué leerías tu un libro de anatomía?
Le pareció extraño y con razón. Si ella estudió administración no tenía sentido que leyera un libro que nada tenía que ver con eso.
--Para apoyarla. Obviamente. Tenía que estudiar y soy su mejor amiga. Apoyo académico-- Sonrió, pretendiendo ser convincente, porque no podía decirle la verdad
Charlotte esbozó su mejor sonrisa y agradeció que su marido no supiera nada de eso o acabaría pensando mal de ella. Además lo más probable si pensaba en él con cuerdas era que la atara en el granero, en un corral o que la enlazara como a unos animales.
Ella no había probado nada de eso, pero ver la película y leer le había resultado excitante. Eso tenía sentido porque fue en el tiempo en el que estuvo de novia con su ex... y eso era totalmente justificable porque él jamás llegaba a consumar el acto, ni siquiera a empezarlo. Era precoz, en un sentido exagerado.
Solamente Katy sabía que jamás había logrado intimar con él porque cada vez que él fue a su habitación, con solamente acostarse sobre ella mientras la besaba y se frotaba completamente vestido eso lo había hecho terminar.
Las primeras veces lo había soportado, pensando en lo avergonzado que él se sentía, pero después... no había podido continuar. Era demasiado frustrante.
Luego había decidido enfocarse por completo en sus estudios, en los desastres ocasionados por Pastelito y en la preocupación por la empresa debido a lo que su padre le había dicho, que simplemente no se había acercado a nadie más. Y luego... acabó casada con un ranchero que tenía brazos de gimnasio, abdomen para lavar la ropa sobre él, pectorales duros como sus primeros panes y que besaba demasiado mal.
Porque sí, su vida amorosa había sido un desastre y por eso continuaba virgen. No por falta de oportunidades, sino por haber escogido al menos adecuado para darle una experiencia buena. Eso no cambiaría por su matrimonio, estaba completamente segura.