Eimy jamás imaginó que una simple conversación por chat cambiaría su vida. Todo comenzó cuando conoció a un hombre que pertenecía al Ejército. Al principio solo eran mensajes, pero con el paso de los días nació una conexión especial que poco a poco se convirtió en amor. Después de muchas conversaciones, Eimy decidió darle una oportunidad a sus sentimientos y aceptar estar con él. Sin embargo, cuando pensaba que por fin había encontrado al hombre indicado, descubrió una verdad que jamás esperaba: él tenía esposa. Ahora Eimy deberá decidir si luchar por ese amor o alejarse antes de terminar con el corazón roto.
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Capítulo 11 — Mis amigas ya sospechaban
Al día siguiente llegué a la universidad completamente distinta. Hasta yo misma sentía que algo había cambiado. Ya no andaba con aquella cara seria que últimamente me acompañaba por todas partes. Ese día llegué sonriendo, distraída y hasta caminaba como si estuviera flotando.
La razón tenía nombre y apellido: Leandro Álvarez.
Después de lo que había pasado en esos días, no podía dejar de pensar en él. Me acordaba de nuestras conversaciones, de las salidas que tuvimos y, sobre todo, de la manera tan inesperada en que todo había comenzado.
Yo todavía no podía creer que aquel hombre con quien había empezado hablando por WhatsApp después de verlo en TikTok ahora se había convertido en alguien importante para mí.
Llegué al salón y me senté junto a mis amigas. Sofía me miró apenas me vio.
Ella era la más observadora del grupo. Esa pela' se daba cuenta de absolutamente todo.
—Ajá, Amy... —dijo mirándome fijamente.
—¿Qué pasó?
—¿Tú qué tienes?
—Nada, mujer.
Sofía entrecerró los ojos.
—No me vengas con ese cuento. Tú tienes una cara de embobada que no puedes con ella.
Mis otras amigas soltaron una carcajada.
—¡Sofía! —protesté—. ¿Qué dices tú?
—La verdad —respondió ella—. Ayer estabas normal y hoy llegaste con una sonrisa que parece que te ganaste la lotería.
—Ay, no exageres.
—¡Ajá! Entonces cuéntanos.
Yo intenté cambiar de tema, pero mis amigas empezaron a insistir.
—Habla, Amy.
—Sí, cuenta el cuento completo.
—¿Quién es?
Me tapé la cara por un momento.
—Ay, ustedes sí son cansonas.
Sofía sonrió.
—Eso significa que sí hay alguien.
—Bueno... sí.
Todas se quedaron mirándome.
—¡Yo sabía! —gritó Sofía.
—Pero bajito, pela' —le dije entre risas—. No quiero que todo el salón se entere.
—Bueno, bueno. Ahora sí habla.
Respiré profundamente.
—¿Se acuerdan del muchacho con el que estaba hablando?
—¿El paisa?
—Ese mismo.
—¿Qué pasó con él?
Sonreí.
—Vino a Santa Marta.
Mis amigas abrieron los ojos.
—¿¡Qué!?
—Sí, llegó por trabajo. Estaba en una misión por acá.
Sofía inmediatamente preguntó:
—¿Y tú lo viste?
—Claro, mujer.
—¡Ay, no! ¿Y cómo fue?
—Pues... al principio estaba nerviosa. Imagínense, yo llevaba días hablando con él por WhatsApp y escuchando sus audios, pero nunca lo había visto en persona.
—¿Y qué tal?
—Bien, bien. La verdad me cayó demasiado bien.
—¿Y qué hicieron?
Empecé a contarles todo.
Les hablé de nuestro primer encuentro en la playa, de cómo habíamos conversado durante horas y de las diferencias entre su forma de hablar paisa y la mía.
—Él me decía “mi costeña” cada rato —les conté riéndome.
—Ay, no —dijo una de mis amigas—. Ya empezó.
—Y yo le decía “paisa” —continué—. Después fuimos al cine y también salimos a comer.
Sofía sonrió.
—Amy, tú estás feliz.
—Sí —admití—. La verdad sí.
Entonces les conté lo que había pasado aquella última noche.
—Me llevó a la discoteca y estuvimos hablando. Él me dijo que desde el primer momento había sentido una conexión conmigo.
—¿Y qué más? —preguntó Sofía emocionada.
—Me pidió una oportunidad.
Todas comenzaron a reaccionar.
—¡Nooo!
—¿Y tú qué dijiste?
Sonreí.
—Le dije que sí.
—¡Amy tiene novio!
—¡Cállate! —dije entre risas.
—¿Y ya se besaron? —preguntó Sofía.
Me puse un poquito nerviosa.
—Sí.
Mis amigas comenzaron a molestarme.
—¡Miren a Amy!
—¡La costeña consiguió paisa!
—Ay, no sean así —respondí riéndome—. Apenas estamos empezando. No sabemos qué vaya a pasar después.
Sofía me miró con una sonrisa más tranquila.
—Pero te gusta.
La miré y asentí.
—Sí. Me gusta mucho hablar con él. Me hace reír y siento que puedo ser yo misma cuando estoy con él.
—¿Y él ya regresó a Medellín?
—Sí. Hoy.
—¿Y están hablando?
Saqué el celular y lo miré.
—Sí. Me escribió apenas llegó.
Sofía sonrió.
—Definitivamente estás embobada.
—Bueno, puede ser —dije soltando una carcajada.
Mis amigas siguieron preguntándome cosas mientras comenzaba la clase. Yo intentaba prestar atención, pero cada cierto tiempo miraba el celular esperando otro mensaje.
Aquel día entendí que ya no podía esconderlo de mis amigas.
Leandro había llegado a mi vida de una manera inesperada, y aunque apenas estábamos comenzando, algo me decía que aquella historia todavía tenía muchas páginas por escribir.
Cuándo les conté mi que habíamos tenido relaciones amigas pegaron el grito al cielo