Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.
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Capítulo 20
Capítulo 20 — Lo que dejamos atrás
La puerta del despacho se cerró lentamente.
Richard permaneció frente a sus dos hijos.
Alexander seguía de pie junto al escritorio de Ethan.
Sobre la superficie estaba el documento que Thomas había entregado a Mateo.
La transferencia bancaria.
El nombre de Ethan.
Y una fecha de tres años atrás.
Nadie hablaba.
—¿De dónde sacaste eso? —repitió Richard.
Alexander lo miró.
—De Thomas Miller.
Richard cerró los ojos durante un instante.
Ethan permaneció inmóvil.
—¿Lo viste? —preguntó Richard.
—Sí.
—¿Y hablaste con él?
—Sí.
Richard respiró profundamente.
—No debiste hacerlo.
Alexander sintió que el enojo regresaba.
—¿Por qué?
—Porque no sabes quién es.
—Tú sí sabes.
Richard guardó silencio.
—¿Verdad?
Ethan intervino.
—Alexander, deberías irte.
—No.
—Por favor.
—No.
Alexander señaló el documento.
—Quiero saber qué pasó.
Richard miró a Ethan.
—Sal de aquí.
Ethan lo observó durante unos segundos.
Finalmente salió.
Alexander se quedó solo con su padre.
—Ahora dime la verdad.
Richard caminó hasta la ventana.
—Hace tres años ocurrió un problema financiero.
—Eso ya lo sé.
—No sabes toda la historia.
—Entonces cuéntamela.
Richard permaneció de espaldas.
—Thomas Miller era socio de Carlos Rivera.
Alexander se quedó quieto.
—¿Mi padre y el padre de Mateo eran socios?
—Sí.
—¿Y Ethan qué tiene que ver?
Richard tardó en responder.
—Ethan trabajaba para mí en ese momento.
—Eso no responde mi pregunta.
Richard finalmente se volvió.
—No todo lo que aparece en un documento significa lo que parece.
Alexander apretó la mandíbula.
—Entonces explícame la transferencia.
Richard lo miró fijamente.
—No puedo.
Alexander sintió una mezcla de frustración y decepción.
—¿No puedes o no quieres?
Richard no respondió.
—Exactamente.
Alexander tomó el documento.
—Voy a descubrirlo.
Richard dio un paso hacia él.
—Alexander.
—No.
Alexander se dirigió hacia la puerta.
—Esta vez no vas a decidir qué puedo saber.
⸻
Mientras tanto, Mateo estaba en su habitación.
El sobre estaba abierto sobre su escritorio.
Había revisado la transferencia decenas de veces.
No entendía qué significaba.
Pero una cosa estaba clara.
Su padre había estado relacionado con Thomas.
Y ahora el nombre de Ethan Whitmore aparecía en medio de todo.
Mateo tomó su teléfono.
Llamó a Carlos.
No respondió.
Volvió a llamar.
Nada.
Finalmente recibió un mensaje.
Carlos: No puedo hablar ahora. Mañana.
Mateo frunció el ceño.
Nunca había visto a su padre evitar una conversación de esa manera.
Entonces recibió otro mensaje.
Esta vez era de Alexander.
Alexander: Tenemos que hablar.
Mateo respondió:
Mateo: ¿Qué pasó?
Alexander tardó en contestar.
Alexander: Mi padre sabe que tenemos el documento.
Mateo sintió un escalofrío.
Mateo: ¿Y?
Alexander: Está asustado.
Mateo se quedó mirando la pantalla.
Richard Whitmore estaba asustado.
Eso cambiaba todo.
⸻
Al día siguiente, la universidad continuó como si nada hubiera pasado.
Estudiantes caminaban por los pasillos.
Los profesores daban clases.
La cafetería estaba llena.
Pero para Mateo y Alexander, nada se sentía igual.
Se encontraron temprano.
Mateo llegó primero.
Alexander apareció unos minutos después.
No dijeron nada al principio.
Simplemente se miraron.
—Hola —dijo Mateo.
—Hola.
Alexander se acercó.
—¿Cómo estás?
—No sé.
—Yo tampoco.
Mateo miró sus manos.
—¿Dormiste?
—No.
—Yo tampoco.
Alexander sonrió ligeramente.
—Al menos tenemos eso en común.
Mateo soltó una pequeña risa.
Después volvió la seriedad.
—¿Qué te dijo tu padre?
—Que no sabe toda la historia.
—¿Le crees?
Alexander pensó unos segundos.
—No sé.
Mateo asintió.
—Yo tampoco sé qué creer.
Alexander tomó su mano.
—Pero hay algo que sí sé.
Mateo lo miró.
—¿Qué?
—No quiero que esto nos separe.
Mateo apretó sus dedos.
—A mí tampoco.
⸻
Durante el resto de la mañana, intentaron llevar una vida normal.
Daniel y Sophie se reunieron con ellos durante el almuerzo.
Daniel observó a Mateo.
—¿Están bien?
Mateo asintió.
—Sí.
Sophie sabía que no era completamente cierto.
—¿Seguro?
Alexander respondió:
—Estamos intentando estarlo.
Daniel asintió.
—Eso es suficiente.
Sophie sonrió.
—Además, tenemos algo que contarles.
Mateo levantó la mirada.
—¿Qué?
Daniel miró a Sophie.
Sophie sonrió.
—Estamos saliendo.
Mateo abrió los ojos.
—¿En serio?
Daniel se rio.
—Sí.
Mateo sonrió.
—Me alegro por ustedes.
Alexander también.
—Finalmente.
Sophie lo señaló.
—No empieces.
Todos comenzaron a reír.
Por unos minutos, el problema de sus familias desapareció.
Eran simplemente cuatro amigos sentados juntos.
Cuatro estudiantes.
Cuatro personas intentando descubrir qué querían de sus vidas.
⸻
Por la tarde, Mateo tuvo la reunión definitiva sobre su beca.
Entró a la oficina con nervios.
La funcionaria revisó sus documentos.
—Todo está en orden.
Mateo respiró aliviado.
—¿Entonces?
—Tu beca continuará.
Mateo cerró los ojos durante un instante.
—Gracias.
—Hubo algunas dudas administrativas, pero ya fueron aclaradas.
Mateo salió de la oficina.
Su primera reacción fue escribirle a Alexander.
Mateo: La beca está bien.
La respuesta llegó casi inmediatamente.
Alexander: Sabía que estaría bien.
Mateo sonrió.
Mateo: Gracias por estar conmigo.
Alexander respondió:
Alexander: Siempre.
⸻
Esa tarde, Alexander llegó a casa.
Richard estaba en el comedor.
—La beca de Mateo continuará.
Richard asintió.
—Lo sé.
Alexander lo miró.
—¿Fuiste tú quien hizo que la cancelaran?
Richard negó con la cabeza.
—No pedí que la cancelaran.
—Pero sí pediste que la revisaran.
—Sí.
—¿Por qué?
Richard permaneció callado.
Alexander se acercó.
—¿Porque querías saber cuánto poder tenías sobre él?
Richard no respondió.
Alexander negó con la cabeza.
—Eso fue cruel.
Victoria, que estaba cerca, intervino.
—Richard…
Él levantó una mano.
—Está bien.
Richard miró a Alexander.
—Me equivoqué.
Alexander se sorprendió.
No esperaba escuchar aquello.
—¿Qué?
—No debí involucrar la beca.
Alexander permaneció callado.
—Pero sigo preocupado —continuó Richard.
—¿Por Mateo?
—Por ti.
Alexander soltó una pequeña risa.
—Siempre dices que es por mí.
Richard lo miró.
—Porque lo es.
—Entonces confía en mí.
Richard no respondió.
Alexander se dio la vuelta.
Antes de irse, Richard dijo:
—Hay algo que debes saber.
Alexander se detuvo.
—¿Qué?
Richard respiró profundamente.
—Thomas Miller no regresó por casualidad.
Alexander se volvió.
—¿Qué quieres decir?
Richard respondió:
—Está buscando algo.
—¿Qué?
—El dinero.
Alexander frunció el ceño.
—¿Qué dinero?
Richard lo miró.
—El que desapareció hace tres años.
⸻
Esa noche, Alexander se encontró con Mateo.
Caminaron hasta el lugar donde solían sentarse.
—Mi padre dice que Thomas está buscando dinero.
Mateo frunció el ceño.
—¿Qué dinero?
—El de la empresa.
—¿Y qué tiene que ver mi padre?
—No lo sé.
Mateo se quedó callado.
—Pero hay algo más —continuó Alexander.
—¿Qué?
—Mi padre dijo que Thomas no regresó por casualidad.
Mateo suspiró.
—Entonces tenemos que descubrir por qué regresó.
Alexander asintió.
—Sí.
Se quedaron mirando el cielo.
Después de unos segundos, Mateo habló.
—Alexander.
—¿Sí?
—Tengo otra pregunta.
—Dime.
Mateo respiró profundamente.
—¿Qué somos?
Alexander sonrió.
Esta vez no evitó la pregunta.
—No quiero seguir diciendo que solo somos amigos.
Mateo lo miró.
—¿Entonces?
Alexander tomó su mano.
—Quiero descubrir qué podemos ser.
Mateo sonrió.
—Yo también.
Alexander se acercó lentamente.
Mateo no retrocedió.
Sus rostros quedaron muy cerca.
Durante unos segundos ninguno se movió.
Y finalmente se besaron.
Fue un beso breve.
Nervioso.
Casi tímido.
Pero suficiente para cambiarlo todo.
Cuando se separaron, ambos sonrieron.
—¿Estás bien? —preguntó Alexander.
Mateo soltó una pequeña risa.
—Sí.
—¿Seguro?
—Sí.
Alexander sonrió.
—Bien.
Mateo apoyó su frente contra la de él.
—Tenía miedo.
—Yo también.
—¿De qué?
—De que si lo hacíamos, todo cambiara.
Mateo sonrió.
—Ya cambió.
—Sí.
—Pero creo que para bien.
Alexander volvió a tomar su mano.
—Yo también.
⸻
Mientras tanto, Daniel y Sophie caminaban por otra parte de la ciudad.
—Entonces oficialmente estamos saliendo —dijo Daniel.
—Sí.
—¿Y qué significa eso?
Sophie sonrió.
—Que puedes invitarme a cenar.
Daniel soltó una carcajada.
—Eso sí lo entendí.
Sophie tomó su mano.
—No quiero apresurar nada.
—Yo tampoco.
—Pero quiero intentarlo.
Daniel la miró.
—Yo también.
⸻
Esa misma noche, Mateo recibió una llamada.
Era Carlos.
—Hijo.
—Papá.
La voz de Carlos sonaba diferente.
Cansada.
Preocupada.
—Tenemos que hablar.
—Sí.
—Pero no por teléfono.
Mateo se sentó.
—¿Sobre Thomas?
Hubo silencio.
—Sí.
—¿Qué pasó hace tres años?
Carlos tardó en responder.
—Tu madre y yo nunca quisimos que supieras esto.
Mateo sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué cosa?
—Thomas no fue el único que perdió dinero.
Mateo se quedó inmóvil.
—¿Qué quieres decir?
—Nosotros también.
—¿Cuánto?
Carlos mencionó una cantidad.
Mateo abrió los ojos.
—Papá…
—Ese dinero no desapareció.
Mateo sintió un escalofrío.
—Entonces ¿dónde está?
Carlos respiró profundamente.
—Eso es lo que no sabemos.
⸻
Al otro lado de la ciudad, Richard recibió una llamada.
—¿Sí?
La voz del investigador respondió.
—Señor Whitmore, encontramos a Thomas.
Richard se quedó quieto.
—¿Dónde?
—En California.
—¿Está solo?
Hubo una pausa.
—No.
Richard frunció el ceño.
—¿Con quién está?
El investigador respondió:
—Con alguien que usted conoce.
Richard palideció.
—¿Quién?
El hombre mencionó el nombre.
Richard cerró los ojos.
—No puede ser.
⸻
Al día siguiente, Mateo y Alexander llegaron juntos a la universidad.
Ahora caminaban tomados de la mano.
No sabían cómo reaccionarían sus amigos.
Daniel los vio primero.
Sonrió.
—Finalmente.
Sophie comenzó a reír.
—Era cuestión de tiempo.
Mateo se puso nervioso.
Alexander, en cambio, sonrió.
—Sí.
Daniel levantó las cejas.
—¿Sí?
Alexander asintió.
—Sí.
Mateo lo miró.
Y por primera vez no sintió necesidad de esconder lo que sentía.
Pero entonces su teléfono vibró.
Un mensaje.
Número desconocido.
“Si quieres saber qué ocurrió hace tres años, no confíes en los Whitmore.”
Mateo se quedó inmóvil.
Alexander notó su expresión.
—¿Qué pasa?
Mateo le mostró el teléfono.
Alexander leyó el mensaje.
Su rostro cambió.
—¿Quién te mandó esto?
—No lo sé.
Llegó otro mensaje.
“Y pregúntale a tu padre qué hizo la noche del 17 de agosto.”
Mateo levantó lentamente la mirada.
Alexander lo observó.
Ninguno sabía qué significaba aquella fecha.
Pero ambos entendieron algo.
El misterio no había terminado.
Apenas estaba comenzando.
⸻
Esa noche, Richard estaba solo en su despacho.
Sacó una caja vieja de un cajón.
Dentro había documentos.
Fotografías.
Contratos.
Y una pequeña memoria USB.
Richard la sostuvo durante unos segundos.
Después escuchó pasos detrás de él.
Se volvió.
Ethan estaba en la puerta.
—¿Todavía la tienes?
Richard no respondió.
Ethan entró.
—Pensé que la habías destruido.
—Nunca pude hacerlo.
Ethan miró la memoria.
—Si Alexander descubre eso…
Richard lo interrumpió.
—No puede descubrirlo.
—Ya está preguntando.
—Entonces tenemos que detenerlo.
Ethan guardó silencio.
Richard abrió la caja.
Debajo de los documentos había una fotografía.
En ella aparecían cuatro hombres.
Richard.
Ethan.
Thomas.
Y Carlos.
Los cuatro estaban juntos.
Pero había algo más.
En la parte posterior de la fotografía había una fecha.
17 de agosto.
Y una frase escrita a mano:
“Si algo sale mal, todos pagaremos las consecuencias.”
Richard cerró la caja.
⸻
Mientras tanto, Mateo estaba sentado junto a Alexander.
Alexander sostenía su mano.
—¿Estás seguro de que quieres seguir investigando?
Mateo lo miró.
—Sí.
—Puede complicarse.
—Ya está complicado.
Alexander sonrió.
—Entonces lo descubriremos juntos.
Mateo apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Juntos.
La cámara imaginaria se aleja lentamente de ellos.
Dos jóvenes que acababan de descubrir sus sentimientos.
Dos familias separadas por secretos.
Dos mundos que, contra todo pronóstico, habían comenzado a encontrarse.
Pero mientras Mateo y Alexander permanecían juntos, en otro lugar de la ciudad, alguien observaba una fotografía antigua.
Una fotografía donde aparecía Mateo siendo mucho más joven.
La persona pasó el dedo sobre la imagen.
Y murmuró:
—Todavía no saben toda la verdad.
La pantalla se oscurece.
FIN DE LA TEMPORADA 1.
Continuará…