Una joven que sufrió la violencia y la humillación pública más desgarradora regresa irreconocible al lugar de su pesadilla, convertida en alguien que ya no tiene miedo y viene por lo que le pertenece.
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CAPÍTULO 10 — UN SECRETO ENTRE SEIS
Para mí, esconder nuestra relación era proteger lo que acababa de comenzar. No sabía que Demián tenía una razón muy diferente para mantenerla en secreto.
El lunes llegué al colegio con una sonrisa que no podía esconder.
Todavía me parecía extraño pensar que Demián y yo éramos pololos.
Pero había algo que debíamos tener claro: nadie podía enterarse.
Solo Mateo, Emilia, Catalina y Thiago conocían nuestra relación.
Antes de entrar al salón, nos reunimos los seis.
—Tenemos que ser cuidadosos —dijo Catalina.
—Lo sé —respondió Demián.
Thiago miró hacia los lados antes de continuar.
—Si alguien pregunta, ustedes siguen siendo compañeros.
Asentí.
—Está bien.
Emilia me sonrió.
—No te preocupes, Sophie. Nosotros no diremos nada.
Mateo levantó una mano.
—Por mi parte, ni una palabra.
Todos nos reímos.
Después entramos al salón como si nada hubiera ocurrido.
Demián pasó primero y yo esperé unos segundos antes de entrar.
Nadie podía imaginar que el sábado me había pedido pololeo.
Para el resto, seguíamos siendo los mismos compañeros de siempre.
Me senté en mi lugar y saqué mis cuadernos.
Demián hizo exactamente lo mismo.
Durante la primera clase apenas cruzamos miradas.
Yo entendía que teníamos que ser cuidadosos, aunque una parte de mí quería poder hablarle con naturalidad.
En el recreo volvimos a reunirnos los seis.
—Hasta ahora nadie sospecha —dijo Thiago.
—Perfecto —contestó Catalina.
Yo miré a Demián.
—¿De verdad crees que es necesario esconderlo tanto?
Él respondió rápidamente.
—Sí.
—¿Por qué?
Demián me miró durante unos segundos.
—Porque quiero evitar problemas.
Aquella respuesta me tranquilizó.
Pensé que simplemente quería proteger nuestra relación de comentarios, preguntas o personas que pudieran intentar separarnos.
—Está bien —le dije.
Mateo cambió de tema y comenzamos a hablar de las clases.
Después del recreo, cada uno volvió a su lugar.
El resto de la jornada pasó con normalidad.
Al salir, Demián esperó unos minutos antes de acercarse.
—Sophie.
—¿Sí?
—Recuerda lo que hablamos.
—No voy a decir nada.
—Confío en ti.
Sonreí.
—Y yo confío en ti.
Él asintió.
Después salió del salón.
Yo me quedé unos segundos pensando en sus palabras.
No entendía por qué parecía tan importante para él que nadie supiera de nosotros.
Pero tampoco quería presionarlo.
Quizás simplemente necesitaba tiempo.
Cuando llegué a casa, recibí un mensaje suyo.
“¿Llegaste bien?”
Le respondí que sí.
Después escribió:
“Recuerda que esto tiene que seguir siendo secreto.”
Miré la pantalla y sonreí.
“Lo prometo.”
Para mí, aquella promesa significaba cuidar nuestra relación.
No sabía que para Demián significaba mucho más.
Esa noche me acosté pensando en todo lo que había ocurrido durante los últimos días.
Habíamos ganado el primer lugar.
Habíamos celebrado juntos.
Y ahora tenía una relación que quería cuidar.
Sentí que, poco a poco, mi vida estaba cambiando.
Y yo estaba feliz.
No podía imaginar que, detrás de aquel secreto que compartíamos los seis, existía una verdad que algún día terminaría destruyendo todo lo que yo creía.
Pero esa noche todavía confiaba en Demián
Completamente.
Y quizás por eso, cuando cerré los ojos, no tuve ninguna duda de que había tomado la decisión correcta al decirle que sí.