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Olvidada Por Mi Marido

Olvidada Por Mi Marido

Status: Terminada
Genre:CEO / Pérdida de memoria / Embarazo no planeado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:11
Nilai: 5
nombre de autor: 1x.santx

Ella se casó por amor.
Él, un poderoso CEO, perdió la memoria… y con ella, el corazón.
Después de un accidente, empieza a creer que solo lo quisieron por su dinero y la expulsa de casa sin piedad. Sola, embarazada y traicionada por quien más amaba, lucha por sobrevivir… hasta descubrir que lleva tres vidas en su vientre. Entre habitaciones baratas, trabajos extenuantes y noches frías en pasillos de hospitales, ella elige resistir.
Cuando la verdad finalmente sale a la luz y los recuerdos regresan, tal vez ya sea demasiado tarde para pedir perdón.
Porque algunas heridas no se borran… ni siquiera con amor.

NovelToon tiene autorización de 1x.santx para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Luisa

Días después...

Los días pasaron sin hacer ruido. No hubo grandes giros, ni acontecimientos explosivos. La vida simplemente siguió, como si estuviera caminando con pasos cuidadosos a mi alrededor, con miedo de asustarme. Y yo acepté ese ritmo. Lo necesitaba. Me despertaba temprano, casi siempre antes del despertador. El cuerpo aún pesado, la mente un poco más quieta. Antes de levantarme, me quedaba algunos minutos acostada, respirando hondo, sintiendo los movimientos suaves dentro de mí.

"Buenos días, mis amores", susurraba, pasando la mano por la barriga. "Vamos con calma hoy, ¿sí?"

En la cocina, Ana ya había transformado aquello en ritual. Café preparado, fruta cortada, aquella mirada atenta que fingía ser casual.

"¿Dormiste mejor?", preguntaba, apoyada en el fregadero.

"Un poco", respondía yo. "Sin pesadillas esta vez."

"¡Victoria!", sonreía ella, pero no bajaba la guardia. "Nada de prisa hoy."

"En el trabajo no puedo prometerlo", bromeaba yo.

Ella cruzaba los brazos. "Entonces promételo para mí."

Suspiraba. "Prometo intentarlo."

Esa palabra se había vuelto demasiado común en mi vida. El trabajo seguía en un flujo casi confortable. Marcos respetó mi espacio más de lo que imaginaba que respetaría. No tocó el tema de la cena. No exigió respuesta. No cambió su manera de ser conmigo. Y tal vez eso era lo que más me conmovía.

"Buenos días, Luisa", decía al verme llegar.

"Buenos días", respondía yo, sincera.

Trabajábamos lado a lado, enfocados en el proyecto. A veces intercambiábamos miradas rápidas cuando una idea funcionaba. A veces él se acercaba a mi mesa solo para aclarar algo.

"Creo que si ajustamos este punto aquí, el impacto es mayor", decía.

Yo analizaba la pantalla. "Lo es. Pero hay que simplificar esta parte."

"Siempre vas directo al problema", sonreía él.

"Alguien tiene que ir", respondía yo, devolviendo la sonrisa.

Era fácil estar con él. Simple. Sin peso. Y eso me asustaba un poco. Por la noche, en casa, Ana percibía mi silencio más largo.

"Estás pensando", decía ella, tirada en el sofá.

"¿Cuándo no lo estoy?", replicaba yo.

"Es diferente", ella giraba el rostro hacia mí. "Es sobre él, ¿verdad?"

Yo no necesitaba preguntar cuál. "Sobre todo", respondí.

Ella me observó con cuidado. "No debes explicaciones a nadie ahora, Luisa. Ni a él. Ni a ti."

Asentí, pero sabía que no era tan simple así. Fue en una tarde común, en medio de una pila de documentos, que el recuerdo vino. No como un golpe, sino como una ola lenta. El restaurante. La luz baja. El silencio respetuoso de Marcos después de la declaración.

"No quiero presionarte", había dicho él. "Solo necesitaba ser honesto."

Recordaba la sensación exacta: el corazón acelerado, la culpa mezclada con miedo, la imagen de Arthur atravesando mi mente como un reflejo imposible de ignorar.

"No puedo darte una respuesta ahora", dije aquella noche.

"Lo entiendo", respondió él, sin cambiar el tono.

Respiré hondo. "Pero... puedo intentarlo", completé. "Intentar ver lo que siento, sin prometer nada. Sin mentir."

Él me miró como si aquella frase fuera más que suficiente. "Eso ya es mucho."

El recuerdo se disipó cuando sentí algo cálido a mi alrededor. Marcos estaba detrás de mí, brazos envolviendo mi cintura con cuidado, como si tuviera miedo de asustarme.

"Te atrapé", dijo bajo, cerca de mi oído.

Di un leve sobresalto y después me relajé. "Andas demasiado silencioso."

"Profesión", bromeó él.

Él apoyó la barbilla levemente en mi hombro, sin peso. "¿Cómo estás hoy?"

"Cansada", respondí. "Pero bien."

"¿Y ellos?", preguntó él, la mano posándose levemente en mi barriga, sin presionar. "¿Están tranquilos?"

"Hoy sí", sonreí. "Creo que les gusta tu voz."

Él rió bajo. "Voy a tomar eso como un elogio."

Estuvimos así por algunos segundos. No era íntimo demasiado. No era distante. Era... posible.

"Si quieres irte más temprano hoy, yo cubro el resto", dijo.

"No es necesario", respondí. "Pero gracias."

Él se alejó despacio. "Estaré en la sala. Cualquier cosa."

Asentí.

Mientras volvía a los papeles, una certeza silenciosa se formó dentro de mí: no estaba lista para amar de nuevo. Pero tampoco estaba cerrada a la idea de, un día, intentarlo. Y tal vez eso era todo lo que conseguía ofrecer ahora. La vida no había vuelto a la normalidad. Pero estaba siguiendo. Y, por primera vez en mucho tiempo, yo estaba yendo junto sin correr, sin prometer, apenas... intentando.

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