Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Root 2
La mañana llegó demasiado rápido.
Gemma se había despertado antes del amanecer.
No porque estuviera nerviosa.
Bueno...
Quizás un poco.
Pero, sobre todo, porque sabía que aquel día sería el último en la mansión Root.
Se vistió con tranquilidad.
Revisó por última vez las pocas cosas que había decidido llevarse.
Un bolso pequeño.
Nada más.
Todo lo necesario ya estaba en su nueva casa.
Cuando terminó, bajó al salón y encontró a Marta y Pedro esperándola.
Los tres permanecieron en silencio durante unos segundos.
Hasta que finalmente...
Llamaron a la puerta.
Gemma respiró profundamente.
[Llegaron.]
Pedro fue a abrir.
Al otro lado estaban varios hombres encargados del proceso de embargo y venta.
El mismo cobrador que había hablado con Gemma días atrás estaba entre ellos.
Los hombres entraron esperando encontrarse con una escena que ya conocían demasiado bien.
Una mujer llorando.
Gritos.
Suplicas.
Desesperación.
Personas aferrándose a los muebles.
Negándose a abandonar una casa que había pertenecido a su familia durante generaciones.
Era lo habitual.
Especialmente cuando la persona que quedaba a cargo era una mujer sola.
Durante aquel último mes, muchas terminaban encerradas en alguna habitación.
Algunas lloraban.
Otras se negaban a aceptar la situación.
Algunas simplemente permanecían paralizadas por la vergüenza y el miedo.
Por eso, cuando entraron en el salón y encontraron a Gemma sentada tranquilamente frente a una mesa...
Se quedaron un poco desconcertados.
Gemma se levantó.
—Buenos días.
El cobrador hizo una pequeña reverencia.
—Buenos días, Lady Gemma.
Ella señaló los documentos que tenía sobre la mesa.
—Aquí está el inventario.
El hombre se acercó.
—¿El inventario?
—Sí.
Gemma lo abrió.
—Todo lo que aparece aquí sigue en la propiedad.
El cobrador comenzó a revisar.
Miró las habitaciones.
Después volvió a revisar el documento.
Había muebles.
Algunos adornos.
La mansión.
Los terrenos.
Y poco más.
El hombre levantó la mirada.
—¿Eso es todo?
Gemma asintió.
—Todo lo demás que no aparece en el inventario ya no está.
El cobrador la miró fijamente.
—¿Lo vendió?
—Sí.
El hombre volvió a mirar los documentos.
Después miró a los otros empleados.
Parecía no saber qué decir.
[¿Qué pasa?]
[¿Nunca han visto a alguien vender sus propias cosas?]
El hombre finalmente preguntó..
—¿Usted vendió todo lo que pudo durante estas semanas?
—Sí.
—¿Y tenía planeado hacerlo desde el principio?
Gemma sonrió.
—Más o menos.
El hombre permaneció callado.
Era evidente que aquello no era lo que esperaba.
Había visto muchos procesos como ese.
Había visto familias perder fortunas.
Había visto mujeres quedarse solas después de que sus esposos desaparecieran de sus vidas.
Había visto personas aferrarse a una propiedad hasta el último segundo.
Pero nunca había visto algo así.
Gemma Green no estaba llorando.
No estaba gritando.
No estaba suplicando.
No parecía avergonzada.
Parecía...
Preparada.
Y lo más extraño era que tampoco tenía la expresión de alguien que estuviera perdiendo una mansión.
Parecía una mujer que simplemente había terminado una etapa y estaba lista para comenzar otra.
El cobrador revisó nuevamente los documentos.
Después realizó las últimas cuentas.
Finalmente sacó una pequeña bolsa.
—Lady Gemma.
Ella levantó la mirada.
—Este es el dinero correspondiente a la diferencia obtenida después de realizar las operaciones de venta de la propiedad y los terrenos.
Gemma tomó la bolsa.
La abrió ligeramente.
Revisó las monedas.
Asintió.
No era una fortuna.
Pero era suficiente para darle un poco de aire.
[Bien.]
[Esto me ayudará con las cuotas.]
Cerró la bolsa.
El cobrador la observó.
—¿No desea revisar nuevamente la cantidad?
Gemma negó.
—Confío en el documento.
El hombre pareció todavía más sorprendido.
Después guardó los papeles.
—Entonces creo que hemos terminado.
Gemma asintió.
—Gracias.
Se despidió de los hombres.
No hubo lágrimas.
No hubo gritos.
No hubo una escena dramática.
Solo una mujer caminando hacia la puerta con un pequeño bolso en la mano.
Marta y Pedro la siguieron.
Gemma se detuvo justo antes de salir.
Miró una última vez el interior de la mansión.
Durante unos segundos no dijo nada.
Aquel lugar había sido su primer hogar en ese mundo.
Allí había despertado.
Allí había descubierto que sus padres estaban muertos.
Allí había recibido a aquel anciano enviado de Lord Antony.
Allí había encontrado el cofre.
Allí había cocinado por primera vez para Marta y Pedro.
Allí había hecho planes.
Allí había llorado.
Allí había gritado que la reencarnación era una estafa.
Y allí había aprendido a empezar de nuevo.
Gemma sonrió.
[Adiós.]
No sabía si se despedía de la mansión...
O de la persona que había sido antes de entrar en ella.
Finalmente salió.
Pedro cerró la puerta.
El sonido de la cerradura fue pequeño.
Pero para Gemma pareció enorme.
Se quedó mirando la puerta durante unos segundos.
Sintió algo extraño en el pecho.
No era tristeza exactamente.
Era una sensación de cierre.
Como si en ese instante algo hubiera terminado definitivamente.
Gemma miró su pequeño bolso.
Después miró el camino que tenía delante.
Ya no llevaba vestidos caros.
Ya no tenía una mansión.
Ya no tenía una familia.
Ya no tenía la vida que aquella muchacha había tenido.
Pero tampoco tenía que cargar con ella.
La antigua Gemma Green había vivido allí.
La antigua Gemma Green había sido arrogante.
Caprichosa.
Maleducada.
Había tenido una familia.
Había tenido dinero.
Había tenido una mansión.
Y lo había perdido todo.
Gemma respiró profundamente.
[Esa vida terminó.]
Miró hacia adelante.
[Ahora comienza la mía.]
Y comenzó a caminar.
Llevaba solamente un bolso pequeño.
Un poco de dinero.
Una casa que todavía tenía que terminar de pagar.
Dos empleados que habían decidido acompañarla.
Una receta de sopa de pollo.
Y una idea que todavía estaba tomando forma.
No era mucho.
Pero era suyo.
Y, por primera vez desde que había despertado en aquel mundo...
Gemma no sintió que estaba huyendo de algo.
Sintió que estaba caminando hacia algo.
Su nueva vida acababa de comenzar.