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Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Lucía era una joven campesina traicionada por su prometido y su propia hermana, que la envenenaron para robarle todo. Pero el destino le da una segunda oportunidad: ¡despierta 5 años en el pasado! Esta vez no será la chica ingenua de las gallinas. Se infiltra como limpiadora en la empresa del multimillonario CEO Alejandro Montenegro para cobrarse venganza... sin saber que su hija genio de 5 años, la pequeña Mía, que también viajó en el tiempo, ¡se cruzará con su papá biológico en los pasillos! Ahora Lucía debe ocultar su identidad, destruir a los traidores y evitar que el CEO frío descubra que la niña inteligente y adorable que le sigue por todas partes es su heredera. ¿Podrá el amor florecer entre la limpiadora que manda en secreto y el hombre que no sabe que ya es papá?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11: La inversionista

La mujer apareció un miércoles, cuando yo estaba en el corral agarrando huevos. Llevaba unos zapatos de tacón que no combinaban con nada de aquel lugar, y un traje beige que costaba más que mi gallinero entero. Se acercó con cuidado, como si el estiércol le fuera a morder.

—¿Lucía Fernández? —preguntó.

—Soy yo —dije, sin levantarme. Seguía agachada, metiendo la mano en los nidos.

—Me llamo Verónica Salas. Soy inversionista. Me han hablado muy bien de sus huevos. Quiero hacerle una propuesta.

Le dije que esperara un minuto. Terminé de recoger la última docena, me limpié las manos en el delantal, y la invité a la mesa que teníamos bajo el árbol, en el fondo del corral. Sofía trajo dos vasos de agua. Verónica miró el vaso, lo limpió con un pañuelo, y bebió un sorbo pequeño.

—Su producto es excelente —empezó, sacando una carpeta de cuero—. He hecho estudios. La demanda de huevos orgánicos crece un quince por ciento al año. Usted tiene un producto de primera, pero produce poco. Con inversión, podría multiplicar por diez su producción en un año. Yo le pongo el dinero. Usted pone el trabajo y el conocimiento. Ganancias al cincuenta por ciento.

—Cincuenta para usted —dije—, cincuenta para mí. Pero el control de la empresa, mío. Sesenta por ciento de las acciones para mí.

Ella levantó una ceja. No esperaba que una chica del campo le hablara de acciones.

—Eso no es lo habitual —dijo.

—Yo no soy habitual —respondí—. Si no le gusta, puede irse. Hay más gente que quiere invertir.

No era cierto. Pero ella no lo sabía.

Negociamos casi dos horas. Al final, quedamos en esto: ella ponía el dinero para comprar trescientas gallinas más, alquilar el terreno vecino y construir un galpón. Yo mantenía el sesenta por ciento de la empresa y el derecho a decidir sobre todo lo que tuviera que ver con las gallinas. Ella tenía derecho a revisar las cuentas una vez al mes. Nada más.

Firmamos en la mesa de la cocina de Sofía, con una pluma que ella traía y un papel que su abogado mandó por correo. Cuando se fue, Sofía y yo nos quedamos mirando el contrato.

—¿Te creíste? —me preguntó ella, con los ojos como platos—. ¡Tenemos una inversionista! ¡Vamos a ser ricas!

—Vamos a tener más gallinas —dije, pero no pude evitar sonreír.

***

Las dos semanas siguientes fueron una locura. Compramos las gallinas. Alquilamos el terreno. Contratamos a dos chicas del pueblo, la hija de doña Carmen y una prima de Sofía, para que ayudaran con la limpieza y la recolección. Construimos el galpón con un señor de allá por el pueblo que cobraba barato y trabajaba bien.

Yo seguía yendo a limpiar al Grupo Montenegro todas las noches. Llegaba a casa a las cinco de la mañana, dormía tres horas, y me pasaba el día en la granja. Estaba cansada, más cansada de lo que nunca había estado, y el bebé me pateaba por las noches como si también trabajara. Pero no me podía quejar. Todo iba saliendo.

Hasta que un día, revisando la documentación que Verónica había mandado, vi algo.

Era un papel chico, una hoja membretada que se había mezclado entre los contratos. Encima, el nombre de la empresa de Verónica: "Salas Inversiones". Abajo, en letras chiquitas, el socio principal: "Alimentos del Sur S.A."

Alimentos del Sur. La misma empresa que Vega iba a usar para comprar la división orgánica de Montenegro. La misma del contrato que yo había copiado de la oficina de Mendoza.

Se me cayó el papel de las manos.

Verónica no era una inversionista cualquiera. Trabajaba para Vega. Me había dado dinero para expandirme, sí. Pero el contrato que firmamos decía que, si yo no podía pagar, ella se quedaba con el cincuenta por ciento de la empresa. Y con las trescientas gallinas y el terreno nuevo, la deuda era grande. Si algo salía mal, si el sabotaje que venía se cumplía, yo perdía todo. Y Vega se quedaba con mi producción de huevos. Justo lo que necesitaba para su contrato con Carlos.

Me senté en la silla de la cocina, fría. Había caído en la trampa. Con los ojos abiertos. Firmé porque necesitaba el dinero, y ellos lo sabían. Me lo habían puesto en la bandeja.

Sofía entró en ese momento. Vio mi cara.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Le mostré el papel. Lo leyó. Se puso pálida.

—¿Y ahora qué? —preguntó.

—Ahora —dije, pasándome una mano por la frente—. Ahora tenemos que vender más. Mucho más. Para pagar la deuda antes de que ellos la cobren. O encontrar otro inversor que nos saque de esta.

—¿Y quién nos va a querer sacar? —dijo ella, desesperada—. Nadie conoce a una chica con gallinas.

En ese momento, sonó el teléfono. Era un número de la ciudad. Lo atendí.

—¿Lucía Fernández? —dijo una voz de hombre, seria.

—Sí. ¿Quién habla?

—Soy Ricardo, socio del señor Alejandro Montenegro. Él quiere verla. Mañana, a las diez de la mañana, en la oficina. Dice que tiene una propuesta de negocios que le puede interesar. Y dice que se apure, porque el tiempo es poco.

Colgué. Miré a Sofía. Miré el papel de Alimentos del Sur sobre la mesa. Miré la panza que ya no se ocultaba.

Alejandro Montenegro quería verme. Con una propuesta. Justo cuando yo necesitaba una salida.

No era casualidad. Nada era casualidad con ese hombre.

—Mañana voy —le dije a Sofía—. A ver qué quiere.

Esa noche no dormí. Me quedé pensando en la USB, en Verónica, en Vega, en Mendoza, en Carlos. Todos jugando. Y yo en el medio, con un bebé en la panza y trescientas gallinas que alimentar.

A las tres de la madrugada me levanté, fui al corral, y me senté con Clara en las rodillas. Ella se dejó acariciar, cerró los ojos. Las gallinas no saben de trampas. Solo saben de maíz y de sol.

—Ojalá yo fuera tú —le dije, bajito.

Ella me miró con su ojo redondo, y luego picoteó una semilla que tenía en el piso.

No me respondió. Claro que no. Era una gallina.

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nezhan
Hola, Rosemary, muchas gracias por leer con tanto detenimiento y por tus excelentes preguntas. 💛

Sofía es mi hija de mi vida anterior. Cuando renací, ella ya estaba conmigo: una niña de cinco años que me dio la fuerza para empezar de nuevo. Su existencia es parte de mi pasado, de todo lo que perdí y de todo lo que decidí recuperar. No apareció de la nada; siempre estuvo ahí, siendo mi mayor motivación desde antes del primer capítulo.

En cuanto a la gallina Clara, es un elemento simbólico que dejé intencionalmente sin explicación detallada. Representa la protección de mis raíces, el espíritu de mi madre y el alma de la finca El Rosal. Es mi guardiana, y como tal, no necesita origen lógico: solo necesita ser sentida.
nezhan
Hola, Jessica, gracias por tu comentario. 🐔💛

Has comprendido perfectamente el espíritu de la historia. Los animales son, en efecto, nuestros guardianes silenciosos. La gallina Clara es la más especial de todos: su aparición y su mensaje en sueños representan la protección invisible que rodea a Lucía. Es la voz de su madre, la esencia de la tierra y el corazón de El Rosal velando por ella.

Me llena de alegría que logres percibir estos detalles. Tu sensibilidad hace que esta historia cobre aún más vida. ✨
Rosemary Hernandez
de dónde salió esa primera hija?
Jessica Flores
los animalitos son guardianes 🥰,y la gallina clara es su guardiana
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