Aylany, al cumplir quince años, comienza a descubrir su propio camino, enfrentando nuevos sueños, emociones y decisiones que marcarán el inicio de su propia historia.
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Capítulo 20: La máscara bien puesta
Las semanas transcurrían bajo una calma que parecía irreal.
Para Tomás, todo seguía siendo parte del plan acordado con sus amigos: ganarse la confianza de Aylany poco a poco, sin apresurarse, para que cuando llegara el momento de revelar la verdad, el golpe fuera mucho más doloroso.
No había en él ni un solo atisbo de cambio; seguía viéndola como la chica que tenía todo fácil, la intrusa que, según él, le había complicado la vida.
Su amabilidad era solo una actuación, estudiada al detalle para no levantar sospechas.
—Vas muy lento —le decían sus compañeros en los recreos, lejos de los oídos de ella—.
Ya deberías haberla convencido de que eres un santo.
—La paciencia es lo que hará que crea de verdad —respondía Tomás con frialdad—.
Si me muestro demasiado interesado de golpe, se dará cuenta.
Hay que ir paso a paso, sin llamar la atención.
Así, sus gestos eran pequeños, pero constantes: le abría la puerta del aula, le pasaba un cuaderno si se le olvidaba, le preguntaba si había entendido la explicación más difícil de la clase.
Cada vez que lo hacía, por dentro sentía solo indiferencia; para él era una tarea más, una forma de cumplir con la apuesta.
Aylany, por su parte, mantenía la guardia alta al principio, pero con el paso de los días, la tensión que había vivido durante semanas empezó a aflojarse.
Ya no esperaba una trampa en cada esquina, ni se sobresaltaba al escuchar su voz. Aunque en su mente seguía la duda, su cuerpo empezaba a relajarse cuando él estaba cerca.
—¿Crees que es verdad?
—le preguntaba Camila una tarde, mientras caminaban hacia la salida.
—No lo sé —respondía Aylany con sinceridad—.
Todavía me cuesta creerlo, pero… si sigue así, ¿no tendré que darle una oportunidad?
Ya no me hace daño, al contrario, se comporta bien.
Valeria movía la cabeza con desconfianza.
—Ten cuidado.
Las personas no cambian de un día para otro.
Algo hay detrás.
Pero Aylany no podía evitar sentir un alivio inmenso.
Después de tanto miedo y rabia, tener paz en el colegio era algo que valoraba mucho, y poco a poco, sin darse cuenta, empezaba a mirarlo con otros ojos, aunque todavía no sabía definir qué sentía exactamente.
Tomás, mientras tanto, seguía con su plan.
Cada noche, al llegar a su casa, repasaba lo que había hecho durante el día y pensaba en el siguiente paso.
No sentía nada por ella: ni cariño, ni atracción, ni remordimiento.
Solo veía una meta que quería cumplir para demostrar que tenía el control de la situación.
Empezar a enamorarla cada día más, pero primero debía hacerse muy amigo de ella para luego enamorarla.
Mientras tanto aylany estaba en su cama ajena a todo el plan de tomas se había dado una ducha relajante y se puso su pijama.
La pieza de su habitación se abrió era el pequeño Cristopher con un vaso de leche dice mamá que te tomes la leche antes de dormir.
muchas gracias enano, buenas noches bella doncella descansa.
Buenas noches enano te amo.