Cuando Gael Andrade se muda a Buenos Aires para empezar de nuevo en un prestigioso colegio artístico, cree que su vida será tranquila por fin. Pero todo cambia cuando conoce a Noah Beltrán, el chico más talentoso y problemático del instituto.
Noah tiene fama de meterse en peleas, faltar a clases y mantener a todos lejos… excepto a Gael.
Lo que empieza como una relación llena de discusiones y tensión termina convirtiéndose en algo mucho más profundo cuando ambos descubren un secreto relacionado con un antiguo teatro abandonado detrás del colegio.
Entre ensayos de música, noches lluviosas, cartas escondidas y sentimientos que ninguno sabe cómo explicar, Gael y Noah tendrán que decidir si enfrentarse al pasado… o seguir huyendo de lo que sienten.
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Capítulo 1 La lluvia y las luces
La lluvia caía sobre Buenos Aires como un telón gris interminable.
Las luces de la avenida Corrientes brillaban entre el agua acumulada en las calles, reflejándose como pequeños espejos rotos bajo los pies de Gael Andrade. Caminaba con las manos dentro de los bolsillos del uniforme nuevo y la capucha apenas cubriéndole el cabello castaño húmedo.
Odiaba los cambios.
Odiaba empezar de nuevo.
Y, sobre todo, odiaba llegar a lugares donde nadie lo conocía.
Levantó la mirada hacia el enorme edificio frente a él.
El Instituto Artístico Belgrano parecía más un teatro antiguo que una escuela. Las paredes oscuras, las ventanas altas y los carteles de conciertos estudiantiles le daban un aire elegante y extraño al mismo tiempo.
Gael suspiró lentamente.
—Perfecto… —murmuró—. Seguro todos acá son talentosos.
Empujó las puertas principales y el ruido lo envolvió de inmediato.
Risas. Música. Pasos apresurados. Voces mezcladas.
Había estudiantes cargando guitarras, cámaras, carpetas de dibujo y termos decorados con stickers. Algunos practicaban pasos de baile en los pasillos mientras otros discutían sobre una presentación.
Gael sintió un nudo en el estómago.
Intentó caminar rápido hacia la oficina administrativa, pero notó varias miradas sobre él.
—¿Ese es el chico nuevo?
—Escuché que toca el piano desde chico.
—Se ve re serio…
Bajó la mirada automáticamente.
Siempre era igual.
Desde que se había mudado tantas veces, aprendió que llamar la atención solo complicaba las cosas.
Doblando por uno de los pasillos, sacó el papel donde tenía anotado su salón. Pero antes de poder leerlo bien, chocó accidentalmente contra alguien.
Los papeles del otro chico cayeron al piso.
—Perdón, no te vi—
—Claro que no.
La voz sonó cansada y molesta.
Gael levantó la vista… y se quedó quieto unos segundos.
El chico frente a él era alto, tenía el uniforme desacomodado y varios piercings plateados brillando en su oreja izquierda. El cabello negro le caía sobre los ojos y una guitarra colgaba de su espalda.
Pero lo que más llamó la atención de Gael fue su mirada.
Intensa. Oscura. Como si estuviera ocultando demasiadas cosas.
El chico soltó un suspiro fastidiado.
—¿Pensás ayudar o solo vas a mirar?
—Ah… sí, perdón.
Gael se agachó rápidamente para recoger los papeles mojados.
Sin querer, leyó una frase escrita en una hoja arrugada.
"Aunque las luces se apaguen, todavía voy a encontrarte."
Parecía parte de una canción.
Antes de que pudiera pensar demasiado, el otro chico le arrebató la hoja de las manos.
—No leas cosas ajenas.
Gael apartó la mirada.
—Lo siento.
Hubo un silencio incómodo.
El sonido de la lluvia golpeando las ventanas llenó el pasillo vacío.
Finalmente, el chico acomodó la guitarra en su hombro.
—Sos el nuevo, ¿no?
Gael asintió.
—Gael Andrade.
—Noah Beltrán.
Su nombre quedó flotando en el aire unos segundos.
Noah lo observó de arriba abajo antes de señalar el fondo del pasillo.
—Tu salón está por allá.
—Gracias.
Gael empezó a caminar, pero Noah volvió a hablar.
—Y evitá el depósito viejo.
Gael se giró confundido.
—¿Qué depósito?
Por primera vez, Noah pareció realmente serio.
—El teatro abandonado detrás del colegio. Nadie entra ahí.
—¿Por qué?
Noah sostuvo su mirada unos segundos.
—Porque hay cosas que es mejor no encontrar.
Y después simplemente se fue.
Gael observó cómo desaparecía entre las luces amarillas del pasillo mientras el sonido de la guitarra chocando contra su espalda se perdía poco a poco.
No entendía por qué…
Pero tenía la sensación de que acababa de conocer a alguien que iba a cambiar su vida para siempre.