Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 23
Nina
El mundo seguía girando.
Pero yo no.
Sentía que todo a mi alrededor se movía demasiado rápido…
y yo me había quedado atrapada en ese momento.
En ese jalón.
En ese golpe.
En ese miedo.
—Te llevo a tu casa —dijo Bastian con suavidad.
Negué de inmediato.
—No… por favor no quiero que mi mamá me vea así.
Mi voz salió rota.
Él no insistió.
Nunca lo hacía.
—¿Te parece si vamos a la mía?
Lo miré.
Por primera vez desde lo ocurrido.
Y asentí.
—Sí… por favor.
No preguntó más.
Me abrió la puerta de la camioneta.
Con cuidado.
Como si fuera frágil.
Su chaqueta estaba sobre mis hombros.
Aún conservaba su aroma.
Eso…
extrañamente me calmaba.
Apenas cerró la puerta…
las lágrimas salieron.
Sin aviso.
Sin control.
Él rodeó el vehículo rápidamente.
Se subió.
Y no dijo nada.
Solo me abrazó.
Me aferré a él.
Como si fuera lo único estable en ese momento.
—Estarás bien —susurró cerca de mi oído—. Eres muy fuerte.
Negué levemente.
No me sentía fuerte.
Me sentía cansada.
Llegamos a su casa.
Era… hermosa.
Espacios abiertos.
Madera.
Luz cálida.
Un jardín interior que parecía respirar calma.
—Tu casa es hermosa…
Mi voz era apenas un hilo.
—Gracias.
Me ayudó a bajar.
Sin soltarme del todo.
Entramos.
El silencio del lugar me envolvió.
Me dio una taza de té caliente.
Se sentó a mi lado.
Tomó mi mano.
Y ese simple gesto…
fue suficiente.
Volví a romperme.
Lloré.
Pero esta vez…
no solo por lo que había pasado hoy.
Lloré por todo.
Por el cansancio.
Por la presión.
Por Damián.
Por Camila.
Por el trabajo.
Por sentir que nunca era suficiente.
Y él…
no interrumpió.
No juzgó.
No intentó arreglarlo.
Solo estuvo ahí.
Con una paciencia infinita.
Cuando por fin pude respirar sin que doliera…
lo miré.
—Perdón…
Negó de inmediato.
—No te disculpes por sentir.
Algo en mi pecho se aflojó.
Me acerqué.
Y lo besé.
No fue un beso perfecto.
Fue necesario.
Él respondió igual.
Con la misma intensidad.
Como si entendiera todo lo que no podía decir.
Se separó apenas.
—Si quieres… puedes quedarte.
Asentí sin pensarlo.
—Sí… gracias.
Sonrió.
Esa sonrisa tranquila.
Segura.
—¿Qué quieres comer?
Se arremangó la camisa.
Se quitó la corbata.
Se desabrochó algunos botones.
Se veía… diferente.
Más cercano.
Más humano.
—¿En qué te ayudo?
—En nada —respondió con naturalidad—. Solo dime qué quieres.
Lo miré.
Por primera vez en el día…
sentí algo parecido a ligereza.
—Sorpréndeme.
—Está bien.
Y empezó a cocinar.
Le escribí a mi mamá.
Le dije que me quedaría con Bastian.
“Ten cuidado”, respondió.
“Sí, mamá.”
El aroma llenó la cocina.
—No sabía que cocinabas —dije apoyándome en la barra.
—Hay muchas cosas que no sabes de mí.
Levanté una ceja.
—¿Debería preocuparme?
Sonrió.
—No… aún no.
Reí suavemente.
Era extraño.
Después de todo lo que había pasado…
ahí estaba.
Riendo.
Cenamos ramen.
Delicioso.
—Esto está increíble.
—Gracias.
Hablamos.
De cosas simples.
De nada.
Y de todo.
Y poco a poco…
mi cuerpo dejó de estar en alerta.
Subimos.
Me dio una de sus camisas.
Entré a su habitación.
Ordenada.
Cálida.
Demasiado perfecta.
—Tienes demasiados trajes…
—Trabajo mucho.
Se cambió.
Nos miramos.
Y fue inevitable.
Nos volvimos a besar.
Esta vez…
más lento.
Más consciente.
Me cambié.
Cuando salí…
él estaba en la cama.
—¿Qué lees?
Pregunté, acomodándome a su lado.
Me rodeó con el brazo.
—Un contrato que debemos firmar la próxima semana.
—¿Con las empresas chinas?
—En parte.
Lo miré.
—¿En parte?
Sonrió apenas.
—Eso es para otra cosa.
Dejó el teléfono.
Y me besó.
Sonreí.
—Gracias.
—Con gusto.
Cerré los ojos.
Por primera vez en mucho tiempo…
me sentí segura.
De verdad.
No sé cuánto tiempo pasó.
Pero el sonido de mi teléfono…
me arrancó de ese momento.
Vibraba.
Número desconocido.
Lo silencié.
Volvió a sonar.
Fruncí el ceño.
Bastian tomó el teléfono.
Contestó.
—Sí…
Su expresión cambió.
Se incorporó ligeramente.
—Gracias… vamos para allá.
Sentí el miedo regresar.
—¿Qué pasó?
Mi voz tembló.
Él me miró.
Y por primera vez…
vi tensión real en sus ojos.
—A tu mamá la están llevando a urgencias.
Me senté de golpe.
—¿Por qué?
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces—
—Al parecer… fue un paro cardíaco.
El mundo…
se detuvo.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro