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Reina Sobrenatural

Reina Sobrenatural

Status: En proceso
Genre:Época / Magia y demonio / Reencarnación(época moderna) / Romance oscuro
Popularitas:358
Nilai: 5
nombre de autor: Nani

Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.

NovelToon tiene autorización de Nani para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El Ciclo de la Reina

Capítulo 1

El Ciclo de la Reina

¿Cómo debería iniciar mi historia?

Supongo que por mi verdadero nombre.

Mi nombre original es Eul Vitale.

Aunque hace demasiado tiempo que nadie me llama así.

Desde que la Diosa de la Nada me entregó su misión, he vivido incontables vidas. He llevado distintos nombres, distintos rostros, distintas razas… incluso distintos corazones.

Fui reina.

Fui monstruo.

Fui salvadora.

Y también verdugo.

Mi deber era simple:

Mantener el equilibrio entre todas las creaciones divinas.

Pero los seres vivos siempre encuentran la forma de destruir aquello que reciben.

Al principio no hubo guerras.

Todas las razas recordaban el castigo de la Diosa de la Nada.

Recordaban cómo les arrebató sus poderes y los convirtió en simples humanos cuando el egoísmo y la ambición destruyeron el mundo.

Durante siglos hubo paz.

Los vampiros permanecieron ocultos en sus ciudades nocturnas.

Los hombres lobo protegían sus bosques.

Las hadas cuidaban los grandes árboles sagrados.

Los brujos enseñaban magia en silencio.

Las ninfas preservaban los lagos y ríos.

Y los humanos convivían con miedo… pero también con respeto.

Pero el tiempo es cruel.

Porque incluso los dioses terminan convirtiéndose en historias.

Y las historias…

en leyendas.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Mi primera vida fue como vampira.

Recuerdo despertar dentro de un enorme castillo rodeado por montañas negras y un cielo eternamente cubierto de nubes.

Los vampiros eran criaturas hermosas.

Peligrosamente hermosas.

Poseían piel fría, sentidos agudos y una velocidad imposible para los humanos. Su fuerza superaba a cualquier criatura ordinaria y podían vivir siglos enteros sin envejecer.

Pero también tenían debilidades.

El sol quemaba lentamente su piel.

La plata podía herirlos.

Y el hambre…

El hambre era la peor maldición de todas.

Vivían organizados en aquelarres y clanes de sangre.

Algunos gobernaban ciudades enteras desde las sombras mientras otros preferían ocultarse en bosques o castillos abandonados.

Eran elegantes.

Inteligentes.

Refinados.

Pero también arrogantes.

Muchos se creían superiores al resto de las razas por su inmortalidad.

Yo viví entre ellos durante más de trescientos años.

Y morí de forma natural.

Porque yo sí podía morir.

Ese era el precio de mi misión.

Renacer.

Una y otra vez.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Después fui hada.

Las hadas eran completamente distintas a los vampiros.

Vivían conectadas a la naturaleza y la magia pura.

Sus reinos estaban ocultos dentro de bosques eternos donde enormes árboles dorados tocaban las nubes.

Podían controlar flores, viento, agua y luz.

Sus alas brillaban según su poder.

Mientras más antigua era el hada…

más hermoso era su resplandor.

Pero también eran frágiles.

El hierro destruía su magia.

La contaminación enfermaba sus cuerpos.

Y las emociones negativas debilitaban sus alas.

Las hadas podían ser bondadosas…

o increíblemente crueles.

Porque la belleza no siempre significa bondad.

Viví cien años entre ellas antes de volver a morir.

Y así continuó mi existencia.

Renací como loba.

Los licántropos vivían en enormes manadas guiadas por un alfa. Eran territoriales, impulsivos y profundamente leales a quienes consideraban familia.

Su fuerza aumentaba con la luna.

Sus sentidos rivalizaban con los vampiros.

Y poseían una regeneración monstruosa.

Pero la plata seguía siendo mortal para ellos.

Y la rabia…

La rabia era su mayor enemigo.

También fui bruja.

Los brujos no nacían iguales.

Algunos controlaban fuego.

Otros muerte.

Otros podían manipular sueños, sangre o espíritus.

Vivían en covens ocultos y ciudades mágicas invisibles para humanos comunes.

Pero el uso excesivo de magia consumía lentamente sus cuerpos.

Muchos terminaban enloqueciendo.

Fui ninfa.

Criatura nacida de la naturaleza.

Las ninfas eran hermosas y peligrosas.

Protectoras de ríos, lagos, montañas y mares.

Podían sanar heridas o provocar tormentas.

Pero si su hogar era destruido…

ellas también morían.

Incluso viví como sirena, demonio, elfa y gigante.

Cada raza poseía virtudes.

Y también defectos.

Porque ninguna creación divina era perfecta.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Y entonces…

llegó la primera guerra.

No recuerdo exactamente cómo comenzó.

Las guerras rara vez tienen un verdadero inicio.

Solo orgullo.

Ambición.

Miedo.

Y odio.

Las razas comenzaron a culparse unas a otras.

Los vampiros deseaban expandir sus territorios.

Los hombres lobo querían dominar bosques sagrados.

Los brujos buscaban conocimientos prohibidos.

Los demonios deseaban abrir portales al inframundo.

Y los humanos…

los humanos comenzaron a temerlos a todos.

Fue durante aquella guerra que desperté por primera vez el verdadero poder que la Diosa de la Nada dejó dentro de mí.

Recuerdo mis ojos volviéndose dorados.

Recuerdo escuchar miles de voces dentro de mi cabeza.

Recuerdo sentir todos los poderes de las criaturas sobrenaturales fluyendo por mi cuerpo.

Fuerza.

Magia.

Oscuridad.

Luz.

Muerte.

Vida.

Todo.

Y nada.

Pero incluso con aquel poder…

no pude detener las guerras.

Solo calmarlas por un tiempo.

Porque la paz jamás dura para siempre.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Luego aparecieron los cazadores.

Humanos que descubrieron cómo matar criaturas sobrenaturales.

Aprendieron sobre venenos.

Runas.

Hierros benditos.

Armas bañadas en plata.

Fuego sagrado.

Y por primera vez…

las razas sintieron miedo de los humanos.

Pensé que aquello las uniría.

Pero sucedió lo contrario.

Las guerras empeoraron.

Los sobrenaturales comenzaron a culparse entre sí por revelar secretos a la humanidad.

Y lentamente fueron desapareciendo.

Hasta convertirse en simples leyendas.

Mitos.

Cuentos para asustar niños.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Mi último despertar ocurrió siendo amazona.

Las amazonas habían sido sometidas por otra especie sobrenatural que deseaba convertirlas en esclavas.

Intentaron resistir.

Pero terminaron llevando la guerra demasiado lejos.

Cuando desperté…

ellas estaban exterminando a sus enemigos sin piedad.

Y nuevamente apareció aquel poder dentro de mí.

El poder de la Reina.

La sangre dorada de la Diosa de la Nada.

La guerra terminó poco después.

Como siempre.

Con muerte.

Con ruinas.

Con dolor.

Y ahora…

aquí me encuentro otra vez.

Sentada frente al Árbol del Renacimiento.

Esperando mi próxima vida.

Según el ciclo…

debo renacer nuevamente entre vampiros.

Pero hay algo extraño.

Una sensación incómoda dentro de mi pecho.

Como si hubiera olvidado algo importante.

Algo peligroso.

Algo que jamás debió pasar desapercibido.

El viento sopló lentamente entre las hojas plateadas del árbol.

Entonces escuché un susurro.

Una voz suave.

Antigua.

Familiar.

Y por primera vez en miles de años…

sentí miedo.

Pero incluso así…

sé que la Diosa de la Nada siempre me protegerá.

Ahora debo volver a convertirme en aquello que una vez fui.

Una criatura de colmillos y eternas noches.

Una hija de la sangre.

Cerré lentamente los ojos.

Y apoyé mi mano sobre el tronco plateado del árbol.

La magia comenzó a rodearme.

Fría.

Suave.

Antigua.

Miles de hojas brillaron sobre mi cabeza mientras el ciclo volvía a comenzar.

Entonces la voz volvió a susurrar.

Más cerca esta vez.

Más clara.

—Eul Vitale…

Abrí los ojos lentamente.

El viento se detuvo.

El jardín entero quedó en silencio.

Y por primera vez…

el Árbol del Renacimiento sangró.

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