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¡AUXILIÓ! Soy Un Ceo, No Un Papá

¡AUXILIÓ! Soy Un Ceo, No Un Papá

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / CEO / Romance / Completas
Popularitas:392.6k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Yamila22

Ethan Vance lo tenía todo: millones en el banco, trajes de diseñador a medida y una lista interminable de mujeres hermosas dispuestas a pasar la noche con él. Su vida era perfecta, libre de compromisos y, sobre todo, libre de niños. Para Ethan, los bebés eran "pequeñas alarmas ruidosas que arruinaban la diversión".
Pero el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido.
Una madrugada, tras una noche de fiesta descontrolada, Ethan regresa a su lujoso penthouse y encuentra un paquete inesperado junto a su sofá: una canasta de mimbre con una bebé de pocos meses y una nota que cambiará su vida para siempre.
El hombre que es capaz de cerrar tratos multimillonarios con una sola mirada, ahora está al borde del colapso nervioso porque no sabe cómo abrir un pañal autoadhesivo y su costosa camisa de seda acaba de ser bautizada con saliva (y algo peor).

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 14

A las cuatro de la tarde, un mensajero uniformado de una empresa de seguridad biométrica privada llegó al penthouse. No traía contratos de fusión, ni estados de cuenta, ni informes de la bolsa. Entregó un sobre de polímero grueso, sellado al vacío, con el logotipo holográfico de *Alpha Genetics*.

Ethan lo recibió en silencio. Firmó la tableta digital del mensajero con un pulso extrañamente rígido y caminó hacia su oficina privada, cerrando la puerta doble de roble tras de sí.

El penthouse estaba inusualmente silencioso. Julia se había llevado a Mia a la habitación de la bebé para intentar que descansara, dejando a Ethan a solas con el papel que iba a definir el resto de su existencia.

Se sentó detrás del imponente escritorio de caoba. El sol de la tarde se filtraba por los enormes ventanales, iluminando las líneas perfectas de la habitación, pero Ethan no veía nada de eso. Sus ojos estaban fijos en el sobre negro y plateado. El hombre que había firmado acuerdos multimillonarios sin parpadear, el tipo que había destruido a competidores despiadados en la bolsa de valores con una sonrisa fría, descubrió que le temblaban las manos.

Insertó los dedos debajo del sello térmico y lo rompió con un crujido seco.

Sustrajo el documento de alta seguridad. Había gráficos de barras de secuenciación de ADN, cadenas de aminoácidos y términos médicos que no le importaban en lo más mínimo. Sus ojos escanearon la página de inmediato, buscando el recuadro de la conclusión legal en la parte inferior derecha.

Ahí estaba. Impreso en letras negras, negritas y definitivas:

> **PROBABILIDAD DE PATERNIDAD: 99.9998%**

> *Conclusión: El perfil genético obtenido del presunto padre es compatible con el de la menor analizada. Se confirma el vínculo biológico.*

>

El shock lo paralizó por completo.

Ethan se reclinó lentamente en su silla de piel, dejando caer el papel sobre el escritorio. El aire pareció volverse denso en sus pulmones. Una parte de su mente corporativa, esa parte cínica y desconfiada que lo había mantenido vivo en la jungla de los negocios, siempre había guardado una pequeña reserva. Se había repetido a sí mismo que esto podía ser una estafa muy bien armada, una trampa de algún enemigo o un chantaje de una examante despechada.

Pero los números no mentían. La ciencia no se dejaba sobornar.

Mia era, oficialmente, su hija. No un cabo suelto, no un accesorio de marketing para engañar a un asistente social, no una obligación temporal. Era sangre de su sangre. Tenía sus genes, su herencia y, a partir de ese segundo exacto, su apellido. El peso de la palabra *padre* cayó sobre sus hombros con la fuerza de un meteorito, transformando algo muy profundo en su interior. El tiburón implacable acababa de ganar un ancla.

Pasó casi media hora mirando el papel en absoluto silencio, procesando la enorme grieta que acababa de abrirse en su vida perfectamente planificada. Cuando por fin se puso de pie, ya no era el mismo hombre que había entrado a esa oficina.

Salió en silencio y bajó los escalones flotantes hacia la sala de estar principal.

El penthouse estaba bañado por la luz dorada del atardecer. Ethan se detuvo a mitad de la escalera al presenciar la escena que se desarrollaba junto al gran ventanal. Julia estaba sentada en la mecedora de madera clara que habían comprado apenas el día anterior. Sostenía a Mia contra su pecho, envuelta en una manta blanca.

Julia no se había dado cuenta de su presencia. Tenía los ojos entornados y, con una suavidad que Ethan jamás habría imaginado en la chica sarcástica que lo desafiaba a cada hora, balanceaba el cuerpo lentamente mientras tarareaba una canción de cuna tradicional en un tono bajo, casi un susurro cálido.

Mia dormía con una paz absoluta, con sus pequeños dedos enredados en un mechón del cabello de Julia.

Ethan sintió un vuelco violento en el corazón. Fue un golpe directo al pecho que lo dejó sin aliento. Verlas ahí, perfectamente acopladas, como si el universo las hubiera diseñado para encajar en ese rincón de su frío penthouse minimalista, encendió algo feroz en su interior. Ya no era solo el instinto de proteger su propiedad o su reputación. Era algo primitivo.

Se acercó lentamente, amortiguando sus pasos sobre la alfombra de felpa. Julia levantó la vista al sentir su sombra, deteniendo el tarareo. Vio el rostro de Ethan, vio la palidez en sus facciones y la intensidad oscura de su mirada, y comprendió de inmediato lo que significaba. No hizo preguntas. No hacían falta.

—Se acaba de dormir —susurró Julia, bajando la voz al mínimo—. Le dolían mucho las encías, pero por fin cedió.

Ethan no respondió. Se arrodilló lentamente al lado de la mecedora, quedando a la altura de la bebé. Estiró su mano grande, esa mano que firmaba cheques de millones, y con una delicadeza infinita, rozó la mejilla suave y sonrosada de Mia con el dorso de su dedo índice. La bebé soltó un pequeño suspiro dormido y movió la cabeza, buscando el calor de su mano.

Julia lo observaba en silencio, con una ternura inusual suavizando sus facciones habitualmente burlonas. Por primera vez, no había sarcasmo en ella, solo un respeto profundo ante el hombre que estaba aceptando su destino.

Ethan miró las facciones de la niña. Ahora que lo sabía con absoluta certeza, podía ver detalles que antes ignoraba: la forma de su frente, el arco sutil de sus cejas... era suya.

En la intimidad de su mente, mientras el calor de la pequeña piel de su hija le tocaba el dedo, Ethan hizo un juramento sagrado y silencioso.

*"Eres mía"*, pensó, con una determinación que helaría la sangre de cualquiera de sus enemigos. *"Eres una Vance. No importa quién haya sido tu madre, ni qué secretos haya dejado en esa canasta de mimbre. Te juro que sacaré a la luz todo el misterio del Black Falcon. Investigaré hasta el último rincón de esa red mafiosa, descubriré quién te puso en peligro y destruiré a cualquiera que se atreva a buscarte. Nadie va a volver a amenazar tu seguridad, Mia. Porque para llegar a ti, tendrán que quemar mi imperio primero"*.

Se puso de pie lentamente, cruzando una mirada intensa con Julia. La complicidad entre los dos había cambiado. Ya no eran solo un jefe arrogante y una niñera contestataria jugando a la defensiva. Ahora eran los guardianes de un secreto peligroso.

—¿Estás bien, Ethan? —preguntó ella en un susurro, usando su nombre de pila por primera vez sin una pizca de ironía.

Ethan se acomodó el cuello de la camisa, recuperando la postura del líder imbatible, aunque sus ojos seguían brillando con una luz peligrosa y protectora.

—Estoy perfectamente, Julia —respondió, con su voz barítona volviendo a ser firme y gélida—. La fase de dudas ha terminado. Ahora empieza la fase de ejecución. Marcus ya está blindando el perímetro, pero esto es solo el principio. Mañana mismo empiezo a mover mis recursos privados. Quienquiera que haya dejado a mi hija en esa canasta huyendo de un peligro, va a aprender por las malas lo que pasa cuando metes a un Vance en el juego.

Julia asintió lentamente, acomodando a la bebé contra su hombro mientras se ponía de pie. El juego había cambiado por completo. El tiburón corporativo acababa de descubrir que tenía algo por lo que valía la pena iniciar una guerra.

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Dilia Esther Sarabia Beleño
Buena historia de amor verdadero y comprensión hizo falta los hijos que ellos pudieron tener me gustó mucho esta historia
Dalyla🖤
excelente historia me encantó desde el primer capítulo maravillosa sin duda alguna gracias autora por esta increíble obra ❤️
ysabel cecilia contreras
En este momento los hermanos de Julia están en peligro tanto
ysabel cecilia contreras
Un hacker y listo
ysabel cecilia contreras
Yo entiendo la confusión de Ethan que ni cuenta se dió de que era niña 🤣🤣🤣🤣el dió por hecho que era barón 🤣🤣está de infarto 👏👏👏
paula andrea perez noreña
Muy buena novela...gracias autora 👏👏👏
Denise Mesa
jajajajja ajajjw. no no mori de la risa
Estéfani Pinto Laime
Como lo culpa al pobre 🤭🤭🤭
Estéfani Pinto Laime
Eso estuvo buena 😂😂😂
Grego villadiego
felicidades muy linda novela
Doris Torre
excelente 👌
Ruth Stella Osorio
Gracias por su novela excelente
Norym
mi primer libro de tu autoría escritora , vamos a ver cómo pinta, por los comentarios parece linda historia. muchas gracias
Gloria Farfan Vallejos: me encanta el comienzo
total 1 replies
Fernandina Espeleta
Muy hermosa tu historia me gusto toda de principio a fin felicidades escritora ♥️💋🌹
Alejandra Mabel Miño
Muy bella historia felitaciones
Adriana Sanchez
La mamá o debe dinero a gente peligrosa o quien sabe.🤔🤔
Adriana Sanchez
Hasta que por fin leyó la nota, es su hija por eso le parece familiar, solo falta confirmar con el ADN.🤔
Adriana Sanchez
Me encanta, pero no va a hacer una prueba de paternidad o investigar quien dejo al bebé dentro de su departamento 🤔🤔
Adriana Sanchez
Como muchas veces pasa, muy inteligentes con un mega coeficiente y ko se le ocurre llamar para pedir ayuda, o simplemente denunciar que le dejaron un bebé, aunque como entraron a su departamento, porque el bebé lo dejaron dentro 🤔🤔.
Laura Paredes
🥰🥰
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