En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Enfermizo 2
Los pensamientos que habían comenzado a surgir en la mente del duque no lograban darle paz.
Liam Lovelace volvió a observar a la joven que dormía profundamente junto a su cama.
Su respiración era tranquila.
Su postura, aunque incómoda, demostraba el agotamiento absoluto en el que había caído.
Había utilizado tanta magia que ni siquiera fue capaz de regresar a una habitación para descansar.
Se quedó dormida allí.
A su lado.
Él desvió lentamente la mirada.
[Qué ridículo...]
Pensó con amargura.
[Hasta una muchacha como ella es más fuerte que yo.]
La idea hizo que su expresión se endureciera.
Desde niño había odiado compararse con los demás.
Pero era inevitable.
Todos podían correr.
Todos podían entrenar.
Todos podían enfermar y recuperarse.
Él no.
Su cuerpo siempre fallaba.
Siempre dolía.
Siempre lo obligaba a depender de alguien.
Apretó ligeramente la mandíbula.
[Qué patético.]
[Soy el duque de estas tierras...]
[Y no soy capaz ni de mantenerme sano.]
[Aún así dormí bien, con algo de dolor y no desperté tantas veces]
La frustración volvió a instalarse en su pecho.
Durante años había aprendido a ocultarla bajo una expresión fría y distante.
Pero nunca desaparecía.
Unos minutos después percibió un pequeño movimiento.
Los dedos de Lila se movieron primero.
Luego levantó lentamente la cabeza.
Su cabello claro estaba completamente despeinado y una pequeña marca rojiza había quedado sobre una de sus mejillas por haber dormido apoyada en los brazos.
Liam cerró inmediatamente los ojos.
Y fingió seguir dormido.
[No quiero hablar todavía.]
Escuchó cómo la silla se movía suavemente.
Después un pequeño bostezo.
Lila estiró despacio los brazos.
—Mmm...
Murmuró casi en un susurro.
[Tengo el cuerpo completamente dormido.]
Movió un poco los hombros.
El cuello.
Las muñecas.
Sentía todos los músculos entumecidos por haber pasado tantas horas en aquella posición.
Pero antes de pensar en sí misma volvió inmediatamente su atención hacia el paciente.
Apoyó con cuidado dos dedos sobre la muñeca del duque.
Contó el pulso.
Luego observó atentamente el ritmo de su respiración.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
[Mejoró.]
[Mucho.]
Aun así...
Algo seguía sin encajar.
Llevaba poco tiempo ejerciendo como sanadora para conformarse únicamente con aliviar el dolor.
Necesitaba descubrir el origen.
Miró discretamente el pequeño bolso donde guardaba parte de su material de trabajo.
Sacó varios cristales translúcidos del tamaño de una manzana.
Se arrodilló junto a la cama y comenzó a colocarlos cuidadosamente alrededor del cuerpo del duque.
Uno cerca de la cabeza.
Dos junto a los brazos.
Otros alrededor del pecho.
Y finalmente uno a la altura de los pies.
Los cristales comenzaron a emitir un brillo tenue.
Lila observó atentamente cómo reaccionaban.
[Primero...]
[Debo descartar una maldición.]
Aquella posibilidad no era imposible.
Los magos de sanación aprendían desde muy jóvenes que ciertas enfermedades no nacían del cuerpo, sino de hechizos antiguos o maldiciones especialmente complejas.
Esperó unos segundos.
Los cristales permanecieron estables.
[Nada...]
[Al menos no parece una maldición.]
Frunció ligeramente el ceño.
Entonces pensó en otra posibilidad.
Recordó un caso estudiado apenas unos meses antes.
Una familia noble del reino había solicitado ayuda porque varios de sus hijos enfermaban gravemente desde pequeños.
Ningún sanador encontraba la causa.
Finalmente, un duque tuvo que solicitar la ayuda de una prestigiosa maga del Imperio vecino.
Ella descubrió que los niños sufrían un exceso de maná.
Su propio poder era tan abundante que dañaba constantemente sus órganos y músculos.
Gracias a un tratamiento especializado habían conseguido estabilizarlos.
[¿Será algo parecido?]
Lila observó nuevamente los cristales.
Pero tampoco reaccionaban como deberían si existiera un descontrol evidente del maná.
[Entonces...]
[¿Qué está pasando?]
Volvió a mirar al duque.
Su cuerpo era fuerte.
Los hombros anchos.
Los brazos bien desarrollados.
Incluso las manos conservaban los callos de alguien que, en algún momento, había entrenado con frecuencia.
Sin embargo...
También era evidente otra cosa.
Había perdido tono muscular.
Las piernas permanecían demasiado inmóviles.
Los músculos parecían haberse debilitado por permanecer demasiado tiempo en cama.
Era una contradicción.
[Pareciera que ha entrenado.]
[Pero lleva mucho tiempo sin poder hacerlo.]
Con infinita delicadeza comenzó una exploración física más detallada.
Palpó cuidadosamente los músculos del antebrazo.
Después revisó las articulaciones de la muñeca.
Todo con movimientos suaves para no despertarlo.
[La rigidez disminuyó bastante...]
[Sin embargo sigue habiendo algo extraño.]
Necesitaba revisar el pecho.
Tal vez allí encontraría alguna pista sobre el flujo del maná o el estado de la musculatura.
Con mucho respeto llevó ambas manos hacia el primer botón de la camisa del duque.
[Iré despacio.]
[Solo necesito examinarlo.]
Apenas comenzó a desabrochar la prenda...
Liam abrió los ojos de golpe.
Como si acabara de despertar en ese mismo instante.
Su voz grave rompió el silencio de la habitación.
—¿Qué cree que está haciendo?
Lila dio un pequeño salto por la sorpresa y retiró inmediatamente las manos.
Durante un instante ambos se quedaron mirándose en silencio.
Ella con una expresión de evidente desconcierto.
Él manteniendo el rostro serio... ocultando con bastante habilidad que llevaba varios minutos despierto observando absolutamente todo lo que hacía aquella joven maga.
Al parecer es ella su única medicina y creo que no la. dejara ir tan fácilmente
estos dos quien dará el primer paso 👌👌👌 no creo q sea a lia o tal vez me equivocoque jejjejej