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Casada con un Mafioso

Casada con un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Matrimonio contratado / Mafia / Completas
Popularitas:1
Nilai: 5
nombre de autor: Autora Pandora

Oliver Santos solo quería salvar a su madre.

Con un diagnóstico de cáncer y sin dinero para el tratamiento, acepta la única opción que le queda: casarse con Gabriel Campos, el hombre misterioso y poderoso al que salvó una noche lluviosa en un callejón oscuro. Un matrimonio por contrato. Sin sentimientos. Sin complicaciones.

Pero Gabriel no es un hombre cualquiera.

Detrás de los trajes impecables, la mirada fría y los guardaespaldas, se esconde el líder de una de las organizaciones más temidas de la ciudad. Y ahora Oliver lleva su apellido.

Lo que comienza como un acuerdo calculado pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque en el mundo de Gabriel, la lealtad se prueba con sangre, los enemigos no perdonan… y el corazón no obedece contratos.

Entre traiciones, tiroteos, secretos familiares y una atracción imposible de ignorar, Oliver descubrirá que la línea entre el deber y el deseo es mucho más delgada de lo que imaginaba.

¿Puede un matrimonio falso convertirse en el amor más real de su vida?

NovelToon tiene autorización de Autora Pandora para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 04

El silencio tras el apretón de manos parecía más pesado que cualquier palabra dicha.

Oliver aún sentía el calor de la mano de Gabriel en la suya, incluso después de soltarla. Era como si aquel simple gesto hubiera sellado algo mucho más grande que un acuerdo… más grande que un favor… más grande incluso que un matrimonio.

Un contrato.

Una elección sin retorno.

Respiró hondo, intentando mantener la calma, aunque el corazón le latía demasiado fuerte dentro del pecho.

Gabriel, por otro lado, parecía completamente tranquilo.

Controlado.

Como si decisiones así fueran parte normal de su rutina.

— Necesitamos resolver los detalles — dijo, con la misma voz firme de siempre.

Oliver tragó saliva.

Detalles.

Era extraño escuchar esa palabra cuando estaban hablando de matrimonio.

— ¿Qué tipo de… detalles? — preguntó, cruzando los brazos inconscientemente, como si estuviera intentando protegerse.

Gabriel observó el gesto por un breve momento antes de responder.

— El matrimonio será civil. Discreto. Rápido. Legalmente válido.

Cada palabra era dicha con precisión.

Planeada.

Como si él ya hubiera pensado en todo mucho antes de que aquella conversación ocurriera.

— ¿Y… cuándo? — preguntó Oliver, sintiendo la garganta ligeramente seca.

Gabriel no dudó.

— Lo antes posible.

La respuesta hizo que el estómago de Oliver se revolviera.

— ¿Tan rápido?

— El tratamiento de tu madre no puede esperar — respondió Gabriel, con naturalidad. — Y cuanto antes formalicemos el matrimonio, más fácil será justificar legalmente ciertas transferencias financieras.

Oliver parpadeó lentamente.

Aquello tenía sentido.

Mucho sentido.

Y, al mismo tiempo, dejaba claro que Gabriel estaba acostumbrado a situaciones complejas.

— Realmente ya pensaste en todo… — murmuró Oliver.

— Suelo prepararme para todas las posibilidades.

El silencio cayó nuevamente entre ellos.

Oliver caminó hasta la mesa, apoyando las manos sobre la superficie donde sus telas estaban organizadas. Sus dedos tocaron distraídamente un trozo de tela azul, intentando encontrar algún tipo de estabilidad en aquella realidad absurda.

Matrimonio.

Él iba a casarse.

Con un hombre que conocía hacía menos de dos días.

Soltó una pequeña risa nerviosa.

— Esto es surreal.

Gabriel inclinó levemente la cabeza.

— ¿Estás arrepentido?

La pregunta fue directa, pero no agresiva.

Oliver cerró los ojos por un segundo, respirando hondo antes de responder.

— No.

Y no estaba mintiendo.

¿Asustado?

Sí.

¿Confundido?

Mucho.

¿Pero arrepentido?

No.

Abrió los ojos nuevamente y miró a Gabriel de frente.

— Mi madre va a vivir gracias a esto.

Hubo una pausa.

Algo en la mirada de Gabriel cambió.

No era lástima.

No era superioridad.

Era… respeto.

— El tratamiento comenzará de inmediato — dijo Gabriel. — Ya me puse en contacto con un hospital privado especializado. Ella será trasladada en cuanto tú lo autorices.

Los ojos de Oliver se abrieron de par en par.

— ¿Ya hiciste eso?

— Sí.

La respuesta simple hizo que su corazón se encogiera.

Era demasiado rápido.

Demasiado eficiente.

Demasiado real.

— Gracias… — la palabra salió casi en un susurro.

Gabriel solo asintió.

— No agradezcas todavía. Aún no hemos cumplido nuestra parte del acuerdo.

Oliver soltó el aire lentamente.

— Bien… el matrimonio.

Gabriel caminó hasta la ventana, observando la calle concurrida abajo antes de continuar.

— Hay algunas reglas que necesitas saber.

El tono no era amenazante.

Pero era serio.

Profesional.

Oliver se enderezó ligeramente.

— Te escucho.

— Primero: nuestro matrimonio será real legalmente, pero privado socialmente, al menos al inicio.

Oliver frunció levemente el ceño.

— ¿Privado?

— Mi trabajo involucra… personas peligrosas — explicó Gabriel, sin entrar en detalles. — Cuanta menos atención llames, más seguro estarás.

Aquello confirmó algo que Oliver ya sospechaba desde el primer encuentro.

Gabriel no era solo un hombre rico.

Era alguien poderoso.

Y peligroso.

— Segunda regla — continuó Gabriel — tendrás libertad dentro del matrimonio. No voy a controlar tu rutina, tus amistades ni tus intereses.

Oliver parpadeó, sorprendido.

Aquello era inesperado.

— ¿No vas a… interferir en mi vida?

— No, siempre y cuando tú también respetes mi posición y mis responsabilidades.

Justo.

Extrañamente justo.

— Tercera regla — Gabriel lo miró directamente ahora. — Seguridad.

El tono se volvió más firme.

— A partir del momento en que te conviertas en mi esposo, pasarás a ser una persona vinculada a mí. Eso significa que algunas personas pueden verte como un objetivo.

El aire pareció volverse más frío.

— ¿Un objetivo…? — repitió Oliver, en voz baja.

— Por eso tendrás protección. Discreta, pero constante.

Oliver se quedó en silencio por algunos segundos.

Era aterrador.

Pero, curiosamente…

No sentía deseos de retroceder.

Tal vez porque, en el fondo, ya había aceptado que su vida estaba cambiando por completo.

— ¿Y la última regla? — preguntó.

Gabriel tardó algunos segundos antes de responder.

— Honestidad entre nosotros.

Oliver levantó la mirada.

— ¿Honestidad?

— No necesito saber todos tus secretos. Y tú no necesitas saber todos los míos — dijo Gabriel con calma. — Pero, en lo que respecta a nuestro acuerdo, las mentiras solo complicarían las cosas.

Aquello hizo que el corazón de Oliver se encogiera ligeramente.

Mentiras.

Sus hermanos.

Desvió la mirada por un instante.

— Entendido.

El silencio se instaló nuevamente.

Pero, esta vez, no era incómodo.

Era reflexivo.

— ¿Dónde nos vamos a casar? — preguntó Oliver, intentando llevar la conversación de vuelta a algo más concreto.

— En el registro civil. Ya estoy gestionando la documentación necesaria.

— ¿Ya…? — Oliver soltó una pequeña risa nerviosa.

Gabriel arqueó levemente una ceja.

— Dijiste que aceptaste.

— Lo dije.

— Entonces solo estoy siendo eficiente.

Oliver se llevó la mano al rostro, soltando un leve suspiro.

— Eres asombrosamente rápido.

Por primera vez, una pequeña sonrisa genuina apareció en los labios de Gabriel.

— Y tú eres asombrosamente tranquilo para alguien que acaba de aceptar casarse con un desconocido.

Oliver pensó por un momento antes de responder.

— Tal vez solo estoy priorizando lo que realmente importa.

Gabriel lo observó en silencio.

Largamente.

Como si estuviera intentando entender cada capa de aquel joven frente a él.

— Hay una cosa más — dijo Gabriel, de repente.

— ¿Qué?

— Después del matrimonio, ya no te quedarás en este apartamento.

Oliver se quedó helado.

Sus ojos verdes recorrieron automáticamente el pequeño espacio.

Su máquina de coser.

Sus telas.

Sus diseños.

Su hogar.

— ¿Yo… me voy a mudar? — preguntó, lentamente.

— Sí. A un apartamento que será más seguro, cómodo y adecuado a tu nueva posición.

La palabra "posición" sonó extraña.

Pesada.

Real.

Oliver apretó ligeramente los dedos sobre la tela azul en la mesa.

— ¿Puedo llevar mis cosas?

Gabriel pareció casi ofendido por la pregunta.

— Claro.

Oliver se relajó un poco.

— ¿Y… mis hermanos? — preguntó enseguida. — Ellos no saben sobre ti. Ni sobre el acuerdo.

— ¿Piensas contarles?

Oliver se quedó en silencio por algunos segundos.

La imagen de Josh preocupado y James intentando ser racional surgió en su mente.

— No… por ahora.

Gabriel asintió, comprendiendo.

— Entonces diremos que conseguiste un nuevo empleo mejor remunerado.

Oliver soltó un pequeño suspiro de alivio.

— Eso ayuda.

El reloj en la pared marcó el tiempo silenciosamente.

Cada segundo parecía acercar más el futuro inevitable.

Gabriel entonces sacó un pequeño sobre del bolsillo interior del saco y lo colocó sobre la mesa.

Oliver lo miró, confundido.

— ¿Qué es eso?

— Documentos iniciales del hospital. El traslado de tu madre ya está en proceso.

Las manos de Oliver temblaron levemente al abrir el sobre.

Ahí estaban los papeles.

Reales.

Oficiales.

Confirmando el inicio del tratamiento.

Sus ojos ardieron.

Rápidamente los cerró, intentando controlar la emoción.

— Realmente… hiciste todo esto en tan poco tiempo…

— Yo cumplo mis promesas — respondió Gabriel, simplemente.

Oliver apretó los documentos contra su pecho por un breve momento.

Cuando levantó la mirada nuevamente, había una determinación silenciosa en sus ojos.

— Entonces vamos a hacer esto.

Gabriel inclinó levemente la cabeza.

— ¿Estás seguro?

Oliver respiró hondo.

— Acepto casarme contigo, Gabriel.

Sin vacilación.

Sin duda en la voz.

La respuesta fue clara.

Firme.

Irreversible.

Por un breve segundo, el silencio dominó el ambiente.

Y entonces, con la misma serenidad de siempre, Gabriel respondió:

— Entonces, Oliver Santos… prepárate.

Sus ojos azules encontraron los verdes con intensidad.

— Porque, a partir de mañana, dejarás de ser solo Oliver.

Una pequeña pausa.

Y una leve, casi imperceptible sonrisa surgió en sus labios.

— Y pasarás a ser mi esposo.

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