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¿Divorcio? Eso Jamás - Puedo Escuchar Sus Pensamientos.

¿Divorcio? Eso Jamás - Puedo Escuchar Sus Pensamientos.

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / Posesivo / Completas
Popularitas:476.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Natalia está al borde del divorcio, pero un accidente lo cambia todo.

Branko su esposo, sufre un accidente y puede leer los pensamientos de su aún esposa y descubre muchas cosas, Natalia es fría por fuera, pero caótica por dentro, se entera que ella ha estado enamorada de él durante mucho tiempo y ahora es él quien no quiere divorciarse. ¿DIVORCIO? ESO JAMÁS

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 4 El pasado según Ana (y la mente según Natalia)

El médico parpadeó, confundido.

—Señora, yo soy el médico, no la…

—No a usted —lo cortó Ana, con un gesto de la mano que dejó claro que los médicos eran solo sirvientes con título—. A ella.

Y señaló a Natalia con el dedo, como si apuntara a un criminal en una rueda de reconocimiento.

Natalia, que había entrado con la calma de quien vuelve de comprar el pan, arqueó una ceja.

—¿A mí? —preguntó, con una falsa inocencia que solo ella dominaba.

—Sí, a ti. ¿Cómo es posible que mi hijo esté en el hospital? ¿Cómo es que no lo cuidas? ¿En qué fallaste?

Natalia no se inmutó. No parpadeó. No dio un paso atrás. Solo sonrió —esa sonrisa pequeña, filosa, que prometía sangre— y respondió con la voz más dulce del mundo:

—Señora Sitik, no soy niñera. Y menos de un viejo treintañero.

—¡¿Viejo?! —exclamó Ana, ofendida.

—Treinta años tiene su hijo, no tres. Si se accidentó fue por hablar por teléfono mientras conducía. Con su amante Valeria, para más señas. Eso no es mi culpa. Si quiere culpar a alguien, llámela a ella y pídale cuentas.

El silencio que siguió fue tan denso que se podía cortar con cuchillo.

Branko cerró los ojos. No por dolor de cabeza. Por vergüenza ajena.

Ana abrió la boca. La cerró. Volvió a abrirla. Parecía un pez recién sacado del agua.

—Valeria no es ese tipo de persona —dijo al fin, con la voz temblorosa de quien defiende lo indefendible—. Ella nunca…

Pero Branko dejó de escuchar a su madre.

Porque Natalia acababa de pensar algo.

Y él lo escuchó claro como el agua.

"Oh, sí. La buena Valeria. Esta señora no vería un demonio aunque se la esté comiendo. Mientras tanto, su marido —o sea, don Viagra— tiene una amante. Su propia secretaria. La chica, que creo que es de mi edad, está embarazada. Y ella anda por ahí bebiendo vino como si fuera agua. Debería dejar de beber. Le está afectando el juicio, si es que alguna vez lo tuvo."

Branko abrió los ojos de par en par.

Miró a su madre. La vio con el pañuelo en la mano, el labio tembloroso, el rímel corrido. La vio como nunca antes la había visto: como una mujer engañada que no lo sabía.

Luego miró a su padre. Vladimir estaba de pie, junto a la puerta, con su bastón y su cara impasible. El mismo hombre que le había enseñado que el matrimonio era un contrato, que el amor era una debilidad, que los sentimientos se negocian como las acciones.

"Mi padre tiene una amante", pensó Branko, aturdido. "Mi padre tiene una amante EMBARAZADA. Y Natalia lo sabe."

—Hijo, ¿estás bien? —preguntó Ana, notando su palidez—. ¿Te duele algo?

—No —mintió Branko. Le dolía la cabeza. Le dolía el orgullo. Le dolía todo.

Ana, que no podía quedarse callada ni bajo amenaza de bomba, continuó con su discurso.

—Valeria se fue resignada —dijo, con la voz quebrada, como si estuviera recitando un poema de desamor—. Cuando tú y Branko se casaron, a ella se le rompió el corazón. Lloró durante semanas. Tuvo que ir al psicólogo. ¿Sabes eso?

Natalia levantó una ceja. Solo una. La izquierda.

—Ah, ¿sí? —dijo, con una calma aterradora—. ¿Así que es mi culpa?

—No digo que sea tu culpa, pero…

—Les recuerdo —la interrumpió Natalia, como quien corta un hilo con tijeras— que los que rogaron por ese matrimonio fueron ustedes. Los Sitik vinieron a mi oficina. Se sentaron en mis sillas. Bebieron de mi café. Y me pidieron, suplicaron, una alianza. Yo no le quité el puesto a nadie. Valeria no estaba en la ecuación. La ecuación era su empresa quebrada y la mía boyante.

Ana abrió la boca. Cerró. Vladimir, desde la puerta, tosió.

—Natalia —dijo Vladimir, con su voz grave de patriarca—, creo que estás malinterpretando las cosas.

—¿Las estoy malinterpretando? —Natalia giró sobre sus talones y lo miró a los ojos. Sin miedo. Sin temblor. Con la fiereza de quien ha construido su imperio con uñas y dientes—. Mire, suegro, yo no vine a esta familia a pedir limosna. Ustedes me necesitaban a mí. Yo no los necesitaba a ustedes. Si ahora su hijo quiere irse con la niña bonita de su juventud, que se vaya. Pero no me culpen a mí por sus decisiones.

Ana dio un paso adelante, lista para el contraataque.

—Eres una arrogante —siseó.

—Soy realista —respondió Natalia—. Hay una diferencia. La arrogancia es presumir lo que no se tiene. Yo tengo mucho. Y también tengo algo que ustedes parecen haber perdido: dignidad.

Y entonces, mientras Branko observaba toda la escena como si fuera un partido de tenis, Natalia añadió en voz alta:

—Además, debería calmarse. Me voy a divorciar de su hijo. Así la pobre y sufrida Valeria podrá ser feliz con su príncipe azul. ¿No es eso lo que todos quieren?

"Claro que me hago a un lado —pensó Natalia, mientras su cara permanecía impasible—. Con esa mustia gastadora, no voy a dejar que gaste mi capital como agua en el supermercado. Además, ese departamento que le dio este idiota a Valeria son bienes mancomunados. Igual voy a desalojarla. Que me devuelva mi parte, o la demandaré hasta que le duela hasta el apellido."

Branko se atragantó con su propia saliva.

—¡Branko! —exclamó Ana, dándole palmadas en la espalda— ¿Estás bien?

—Sí —tosió él—. Sí, solo… me sorprendí.

Natalia lo miró. "¿De qué se sorprende? Si no he dicho nada ofensivo... aún."

Branko la miró a ella. Y por primera vez, no la vio como la esposa indiferente. La vio como un tiburón con falda y sonrisa de ángel. Era más cruel de lo que había imaginado. Y más inteligente. Y más peligrosa.

Y, joder, le gustaba.

1
Cinzia Cantú
Natalia deja de dar tantas vueltas con tus pensamientos y disfruta de tu marido
Cinzia Cantú
Los diálogos entre ambos son espectaculates
Cinzia Cantú
Para Branco tu afirmación es un himno a la felicidad
Graciela Mauchiere
adrian en esta novela te superaste esracre.buena!!!!
Alma Lopez
les encanta que los maltraten, así reaccionan😂🤣
Cinzia Cantú
Ahí tienes Valeria el Karma con nombre de mujer, la que quisiste destruir y te salió el tiro por la culata
Cinzia Cantú
Era que comenzó a prenderse la llamita del amor
Cinzia Cantú
Chapeau Branco
Cinzia Cantú
Muy eficiente la secretaria, me encanta
Cinzia Cantú
Definitivamente la regla dos va a quedar suprimida
Cinzia Cantú
Qué se agarren todos porque Natalia va a reventar a alguien con justa razón
Cinzia Cantú
Otra que va a recibir su karma
Cinzia Cantú
Creí qye Valeria merece también un puñetazo en la nariz
Cinzia Cantú
Eso seguro que la va a alegrar
Cinzia Cantú
Jajajajajaja ya me imagino la escena
Cinzia Cantú
Espero que en cualquier momento esa porquería de persona reciba su merecido
Cinzia Cantú
Ese primo es muuuuy muuuuuy molesto
Miriam Piedrabuena
excelente
Cinzia Cantú
La verdad que aguante tiene Branco para no explotar con una risa ensordecedora
Cinzia Cantú
Natalia que no se te escape. La familia de Branco es toda una joyita
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