Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
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Capitulo 17
Después de que Alexander e Isabella abandonaron la mansión, el silencio que quedó fue casi irreal, pesado, incómodo, pero curiosamente… ya no me sentía asfixiada por él.
Por primera vez en muchísimo tiempo no era yo quien estaba destruida mientras otros fingían inocencia. No era yo quien corría detrás de alguien intentando arreglar algo roto. Esta vez había sido diferente.
Esta vez fui yo quien los expuso. Y Dios… Todavía podía sentir la adrenalina recorriendo mi cuerpo.
Permanecí de pie junto a Dante unos segundos más mientras observaba la puerta principal cerrarse con fuerza detrás de Alexander. Honestamente, jamás lo había visto tan furioso. Ni siquiera el día en que perdimos una negociación importante con inversionistas internacionales en mi vida pasada, pero ahora entendía por qué, porque Alexander jamás pensó que yo pudiera humillarlo primero.
Mucho menos públicamente.
Sentí entonces la mano de Dante deslizarse lentamente fuera de mi cintura y el pequeño vacío que dejó me irritó muchísimo más de lo que debería.
Maldita sea.
Necesitaba recordar urgentemente que esto era una alianza, no una historia romántica, no otra vez.
Respiré profundo intentando recuperar calma mientras mi madre seguía completamente sentada en uno de los sillones con expresión atónita.
—No puedo creer todo esto… —murmuró finalmente.
Mi padre seguía de pie junto al bar de la sala, observándome de una manera distinta, mucho más seria, mucho más calculadora y bueno… también más atenta.
Como si por primera vez estuviera intentando descubrir quién demonios era realmente su hija, Dante acomodó tranquilamente su saco antes de mirarme.
—Creo que sobrevivimos bastante bien a nuestra primera aparición pública.
Le lancé una mirada peligrosa.
—“Sobrevivimos” no es la palabra que usaría.
La pequeña sonrisa que apareció en sus labios me puso absurdamente nerviosa, porque seguía recordando el beso y eso era un problema enorme.
Mi padre finalmente habló.
—Necesito hablar con Mía a solas.
El silencio cayó unos segundos y entonces Dante me observó directamente.
—Te llamaré mañana.
No fue una pregunta, ni siquiera una sugerencia y lo peor era que sonaba completamente natural que lo hiciera.
Asentí lentamente.
—Está bien.
Sus ojos permanecieron unos segundos más sobre mí antes de acercarse apenas lo suficiente para murmurar cerca de mi oído
—Y deja de pensar tanto en el beso. Vas a terminar haciéndolo incómodo.
Abrí los ojos inmediatamente.
—¿Qué…?
Pero el muy maldito ya se estaba alejando.
Escuché claramente su pequeña risa baja antes de abandonar la sala.
Dios, qué hombre tan insufrible.
Esperé hasta escuchar la puerta principal cerrarse antes de girarme lentamente hacia mis padres y entonces empezó el verdadero interrogatorio.
Mi madre fue la primera en hablar.
—¿Desde cuándo ocurre esto con Dante?
Suspiré lentamente.
—Desde hace poco.
—¿Y piensas casarte con él? —preguntó mi padre directamente.
Claro, sin rodeos.
Porque al final lo que realmente importaba eran las consecuencias empresariales, lo observé fijamente antes de responder.
—No lo sé todavía.
Mi madre soltó un suspiro cansado.
—Mía… esto es demasiado repentino.
Sentí una pequeña punzada de ironía, qué curioso. Nadie consideró demasiado repentino que me comprometiera con Alexander después de meses de presión familiar, pero claro, en aquel entonces yo obedecía.
Caminé lentamente hasta quedar frente a mi padre.
—¿Sabes qué es lo más triste? —pregunté con calma—. Que ustedes nunca me preguntaron si yo era feliz con Alexander.
El silencio cayó inmediatamente, mi padre desvió apenas la mirada y eso ya era bastante respuesta.
Continué hablando antes de que alguno intentara interrumpirme.
—Durante años actuaron como si mi vida fuera únicamente una extensión de los negocios familiares. Como si mi compromiso fuera una inversión corporativa y no una decisión personal.
Mi madre frunció ligeramente el ceño.
—Eso no es justo.
Solté una pequeña risa amarga.
—¿No? Porque honestamente jamás sentí que alguien se preocupara por cómo me trataba Alexander.
Mi padre finalmente habló.
—Pensamos que lo amabas.
Lo miré directamente.
—Yo también lo pensé.
El silencio volvió a caer, pero esta vez ya no me sentía pequeña dentro de él, ya no quería encogerme emocionalmente para evitar conflictos, estaba cansada de eso, respiré profundo antes de hablar nuevamente.
—Me gradué en administración de empresas por algo.
Eso sí captó completamente la atención de mi padre.
—¿Qué quieres decir?
Sostuve su mirada.
—Que voy a empezar a trabajar en la empresa familiar.
Mi madre pareció sorprendida inmediatamente, pero mi padre… Mi padre prácticamente me estudió.
Como si intentara decidir si hablaba en serio o no y bueno, entendía perfectamente por qué dudaba. Porque en mi vida pasada jamás insistí realmente en entrar de lleno a la compañía. Alexander siempre encontraba maneras de mantenerme alejada de las decisiones importantes.
“Es demasiado estresante para ti.”, “Tu padre ya tiene suficiente presión.”, “Disfruta tu vida tranquila.”
Mentiras.
Todo eran malditas mentiras para mantenerme lejos del poder real, pero esta vez no, esta vez iba a tomar mi lugar.
Mi padre cruzó lentamente los brazos.
—Trabajar aquí no es un juego, Mía.
—Nunca dije que lo fuera.
—La empresa necesita personas capaces de soportar presión real.
Lo observé fijamente.
—Entonces deja de actuar como si yo no pudiera hacerlo.
El silencio se volvió tenso inmediatamente, mi padre me miró largamente y entonces dijo algo que jamás esperé escuchar tan pronto.
—Empiezas el lunes.
Mi corazón dio un pequeño salto, pero mantuve compostura.
—Bien.
—No esperes privilegios especiales por ser mi hija.
Casi sonreí, porque si él supiera todo lo que estaba planeando…
—No los quiero.
La conversación terminó poco después de eso, aunque mi madre seguía claramente confundida por todo el caos ocurrido esa noche, pero honestamente… Yo apenas podía pensar en otra cosa.
Dante.
Especialmente en la manera en que me besó y eso era peligrosísimo.
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A la mañana siguiente desperté más temprano de lo habitual, mi teléfono vibró apenas terminé de arreglarme.
Dante.
Una sola línea.
“Baja.”
Fruncí ligeramente el ceño antes de acercarme a la ventana y ahí estaba.
Apoyado contra un automóvil negro absurdamente elegante mientras revisaba tranquilamente su teléfono como si no acabara de aparecer frente a mi casa a primera hora de la mañana luciendo como un maldito modelo de revista empresarial.
Dios... Ese hombre realmente parecía incapaz de verse mal.
Bajé unos minutos después intentando ignorar lo absurdamente consciente que me sentía de su presencia.
Dante levantó inmediatamente la mirada apenas me acerqué y esa pequeña sonrisa volvió a aparecer.
La odiaba, porque siempre parecía saber algo que yo no.
—Buenos días, prometida.
Le lancé una mirada peligrosa.
—No te acostumbres demasiado al título.
Él abrió la puerta del copiloto para mí con absoluta calma.
—Lástima. Porque vamos a necesitar mantenerlo durante bastante tiempo.
Eso hizo que me detuviera.
—¿Qué significa eso?
Dante cerró lentamente la puerta después de que subí al automóvil y rodeó el vehículo antes de responder.
—Significa que ayer tus padres prácticamente anunciaron públicamente nuestro compromiso.
Mi estómago se tensó apenas.
—Eso no significa que debamos casarnos de verdad.
Dante arrancó el automóvil tranquilamente.
—Sí significa.
Giré inmediatamente hacia él.
—¿Perdón?
Él ni siquiera pareció alterarse.
—Mía, soy una figura pública empresarial. Tú también ahora. Si cancelamos un compromiso después de que apenas la anunciarán, la prensa y los inversionistas asumirán que todo fue un escándalo impulsivo.
Fruncí el ceño.
—Entonces fingimos durante unos meses y despué...
—Dos años.
Lo miré completamente incrédula.
—¿Dos años?
—Mínimo.
Casi me atraganto.
—Dante, estás loco.
Él soltó una pequeña risa baja.
—Probablemente.
—No voy a casarme de verdad contigo solo por imagen pública.
Dante finalmente giró apenas la cabeza hacia mí y Dios.... Ese hombre era peligrosamente convincente cuando quería.
—Yo te ayudé anoche. Ahora tú me ayudas a mí.
El silencio cayó inmediatamente, porque sabía perfectamente a qué se refería.
Sin él, Alexander probablemente habría intentado manipular toda la situación, sin él, mi familia jamás habría tomado tan en serio mi posición y maldita sea… Lo odiaba porque tenía razón.
Dante continuó hablando con absoluta tranquilidad.
—Además, un matrimonio estable durante mínimo dos años consolidará completamente nuestra imagen pública y destruirá cualquier posibilidad de que Alexander intente recuperar influencia sobre tu familia.
Respiré lentamente, negocios, todo siempre volvía a negocios. Y aun así… Había algo peligrosamente emocionante en todo aquello.
Dante estacionó finalmente frente a un elegante restaurante privado antes de mirarme nuevamente.
—Y hablando de imagen pública…
Entrecerré ligeramente los ojos.
—¿Qué hiciste ahora?
—Esta noche hay una gala empresarial. Asistirán inversionistas, empresarios y figuras importantes del mercado internacional.
Ya empezaba a sospechar hacia dónde iba esto.
—Dante…
—Necesito que vayas conmigo.
Suspiré pesadamente.
—Esta bien.
Él sonrió apenas y después dijo algo que hizo que mi corazón se acelerara de manera completamente ridícula.
—Pero recuerda algo importante, Mía.
Lo miré directamente y entonces él murmuró con calma.
—Tenemos que actuar como dos personas realmente enamoradas.