romance, contrato, amor, diversión
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CAPÍTULO 19: El precio del perdón y el regreso al parque
El sol de la mañana iluminaba el Central Park, pero para Elena, el brillo no venía del cielo, sino de la vitrina de cristal que llevaba consigo. Después de meses de tacones y vestidos de seda, hoy vestía sus jeans cómodos, una camiseta sencilla y su delantal de siempre.
—¡Dulces caseros! ¡Cheesecake de fresa y galletas de chocolate! —gritaba Elena con una fuerza que le nacía del alma.
Sofía estaba a su lado, ayudándola a acomodar las bandejas. La gente se acercaba atraída por el aroma, y Elena sonreía de verdad, una sonrisa que no le debía nada a ningún contrato. Sin embargo, a unos metros de distancia, un coche de lujo negro estaba estacionado. Dentro, Arturo Valenti la observaba con orgullo, pero también con una tristeza profunda por los años perdidos.
La Mansión Thorne - Ruina total
Dentro de la casa que ya no les pertenecía, el silencio era aterrador. El padre de Vanessa estaba sentado frente a un escritorio vacío cuando su teléfono sonó. Era un número privado.
—Habla Arturo Valenti —la voz sonó como una sentencia.
—Señor Valenti... por favor, podemos negociar —suplicó el hombre, con la voz quebrada.
—No hay negociación para la crueldad, Thorne. Pero voy a ser generoso —dijo Arturo con frialdad—. Si quieren un techo digno donde vivir y que no los eche hoy mismo a la calle con sus maletas, tengo una condición: Vanessa tiene que salir en público, frente a las cámaras de televisión, a pedirle perdón a Elena. Debe admitir que mintió y que la humilló sin motivo.
Vanessa, que estaba escuchando detrás de la puerta, entró al despacho hecha una furia.
—¡Jamás! —gritó Vanessa, arrebatándole el teléfono a su padre—. ¡Prefiero vivir debajo de un puente antes que pedirle perdón a esa recogida de orfanato! ¡Es una humillación que no voy a aceptar!
Su madre, que acababa de entrar con los ojos hinchados de tanto llorar, se puso al lado de su hija, rodeándola con un brazo.
—Mi hija tiene razón, Arturo Valenti. No puedes obligarnos a rebajarnos de esa manera. Somos los Thorne, tenemos dignidad. Vanessa no va a pedir perdón por decir la verdad.
—¿Dignidad? —Arturo soltó una carcajada gélida—. La dignidad no paga el alquiler ni pone comida en la mesa. Tienen hasta las seis de la tarde. O hay una disculpa pública, o mañana sus nombres aparecerán en la lista de desalojos de la ciudad. Elijan: su orgullo o su supervivencia.
Arturo colgó. El padre de Vanessa miró a su esposa e hija con desesperación, dándose cuenta de que Arturo no estaba jugando.
Central Park - 4:00 PM
Alexander Zenith caminaba por el parque, desesperado. Liam le había dicho que Elena estaba allí. Cuando finalmente la vio, se detuvo en seco. Elena estaba rodeada de niños y ejecutivos que compraban sus galletas, riendo, siendo la Elena de la que él, muy en el fondo, se había enamorado sin darse cuenta.
Se acercó lentamente, sintiéndose fuera de lugar con su traje de tres mil dólares.
—Elena... —susurró Alexander cuando la multitud se dispersó un poco.
Elena se tensó al escuchar su voz. No dejó de empacar una caja de galletas.
—Se le acabó el tiempo, jefe. Ya no trabajo para usted. Y si viene por dulces, la fila empieza allá atrás.
—No vengo por dulces, Elena. Vengo porque no puedo dormir pensando en lo que pasó —Alexander se paró frente a ella, bloqueando el sol—. Valenti me está quitando la empresa, los Thorne están en la quiebra... el mundo se está cayendo a pedazos, pero lo único que me importa es que vuelvas. Perdóname por no haberte protegido como merecías.
Elena lo miró fijamente, con los ojos llenos de una chispa que Alexander no pudo descifrar.
—Usted no entiende, Alexander. Yo no necesito que me proteja. Necesito que me respeten. Y mientras usted siga pensando que soy algo que se puede comprar o arreglar con un collar de diamantes, no tiene nada que hacer aquí.
Desde lejos, Arturo Valenti observaba la escena desde su coche. Vio a Alexander humillado frente al puesto de dulces y a su hija manteniéndose firme.
—Aprende, Zenith —murmuró Arturo para sí mismo—. Aprende que para estar con una Valenti, tienes que ser mucho más que un CEO. Tienes que ser un hombre.
Arturo tomó su teléfono de nuevo.
—Faltan dos horas para el plazo de los Thorne. Si Vanessa no aparece en las noticias, quiero los camiones de mudanza en su puerta a las 6:01. Sin excepciones.