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El Detective Del Sistema: Hilos De Honor

El Detective Del Sistema: Hilos De Honor

Status: En proceso
Genre:Aventura / Mafia / Hijo/a genio
Popularitas:214
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

En un mundo donde la justicia se vende al mejor postor, un héroe se forja en el dolor y la integridad.
Leonardo solo buscaba aliviar la pobreza de su hogar al ingresar a la Academia de Policía. Sus padres, guiados por una honestidad inquebrantable, le enseñaron que la dignidad no tiene precio, mientras su hermana menor, Mia, soñaba con vestir al mundo con sus propios diseños. Pero cuando un sistema misterioso de recompensas despierta en él para guiar su camino, la tragedia golpea sin piedad: una red de trata le arrebata a Mia, dejando una herida imposible de cerrar. Entre conspiraciones de poder, un amor sanador y una cacería sin tregua, luchará por aplastar la corrupción desde la raíz y convertir los sueños de su hermana en un legado inmortal.
¿Podrá un solo hombre derribar a todo un imperio criminal sin perder su propia alma?

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Minutos antes del abismo

La tormenta sobre el Distrito Sur rugía con una violencia desatada, haciendo que las chapas metálicas de los antiguos almacenes de la zona franca crujieran como esqueletos sacudidos por el viento. La lluvia caía en cortinas espesas, inundando los baches del camino y convirtiendo el lodo en una trampa viscosa. A pocos metros de la verja principal, oculta tras una hilera de contenedores oxidados y apilados en desorden, la motocicleta de Leonardo permanecía inmóvil, con el motor aún tibio exhalando volutas de vapor hacia la noche fría.

Leo descendió de la máquina con movimientos felinos, agachando el cuerpo para fundirse con la penumbra de las estructuras portuarias. Sus músculos, templados por el riguroso entrenamiento de la academia y potenciados por los atributos del sistema, respondían con una precisión implacable. En su cintura llevaba la pistola reglamentaria que había confiscado, su respiración estaba perfectamente acompasada y su mente operaba con la frialdad de un bisturí.

El sistema de Leo se activó de inmediato, proyectando un mapa tridimensional del complejo industrial en la periferia de su visión:

[ANÁLISIS TÁCTICO DE INFILTRACIÓN]

Estructuras detectadas: 3 naves de acopio, 1 oficina administrativa central.

Vigilancia hostil: 12 sujetos armados distribuidos en patrullas perimetrales y puestos fijos.

Ubicación del objetivo crítico: Contenedor refrigerado número 402 (Nave central).

Tiempo estimado antes del zarpe del carguero: 00:07:42.

El cronómetro interno del sistema marcaba una cuenta regresiva que encendía una alarma silenciosa en su pecho. Siete minutos. Siete minutos antes de que la embarcación nodriza desatracara del muelle tres llevando consigo a su hermana y a las demás jóvenes atrapadas en la red de trata.

Avanzó reptando por debajo de una rampa de carga desvencijada, esquivando el haz de luz de una linterna pesada que uno de los guardias barría de manera rutinaria sobre el asfalto. El centinela se detuvo a pocos metros de su posición, encendiendo un cigarrillo y protegiendo la llama con cuencos de las manos.

Leo no dudó. Se deslizó por detrás del pilar de concreto con una velocidad imperceptible, aplicando una llave de estrangulamiento limpia y silenciosa. El guardia apenas pudo emitir un suspiro antes de desvanecerse en los brazos de Leo, quien lo depositó con suavidad contra la pared, despojándolo de su radio comunicador y de su cargador de repuesto.

Utilizando la frecuencia interceptada, Leo escuchó las comunicaciones internas del Sindicato: —Aseguren el perímetro del muelle tres. El Comisario avisa que Asuntos Internos anda cruzando datos en la autopista, pero aquí dentro mandamos nosotros. Suban la mercancía al contenedor principal de inmediato.—

La urgencia se multiplicó. Leo se infiltró por una ventana lateral rota de la nave central, donde el olor a humedad, pescado podrido y combustible impregnaba el ambiente. Avanzó por las pasarelas metálicas superiores, esquivando las vigas oxidadas que oscurecían el techo. Abajo, en el suelo de concreto, cuatro hombres armados con fusiles de asalto custodiaban una hilera de contenedores metálicos adaptados como celdas clandestinas.

A través de la visión térmica mejorada, Leo distinguió siluetas humanas amontonadas en el interior de uno de los grandes cajones de carga. Y allí, acurrucada en una esquina con los brazos rodeando sus rodillas, una figura pequeña y frágil brillaba con la luz tenue de los sensores: era Mia. Su ropa escolar estaba rota, y su rostro reflejaba el terror y el cansancio de horas de cautiverio.

—¡Mia...! —el nombre quedó atrapado como un grito mudo en la garganta de Leo, contenido por la disciplina estricta de su entrenamiento para no alertar a los captores prematuramente.

Los dos guardias más cercanos al contenedor de su hermana comenzaron a manipular el pestillo pesado de la puerta de acero, riendo entre comentarios cínicos sobre el valor del cargamento.

—El Turco va a estar contento con esta tanda —decía uno de ellos, escupiendo al suelo—. Las mandamos directo al sur antes del amanecer.

[ALERTA DE COMBATE INMINENTE]

Hostiles en rango de fuego: 4.

Ventaja táctica actual: Altura y factor sorpresa.

Recomendación del Sistema: Neutralización simultánea por puntos de presión balística.

Leo desenvainó la pistola de servicio con la mano derecha, mientras con la izquierda se asía firmemente a la barra de la pasarela metálica. Inspiró profundamente, permitiendo que la habilidad de Tácticas de Combate Avanzado estabilizara su pulso al cero absoluto.

Desde la altura de seis metros, se dejó caer al vacío.

Su cuerpo cruzó el espacio en una fracción de segundo. Cayó de rodillas exactamente entre los dos guardias que abrían el contenedor, descargando dos disparos de precisión milimétrica sobre las piernas de los sujetos antes de que pudieran levantar los fusiles. Los hombres cayeron al suelo con alaridos de dolor, incapacitados instantáneamente.

Los otros dos centinelas, situados al otro extremo de la nave, giraron sorprendidos y abrieron fuego a mansalva. Las ráfagas de plomo hicieron añicos las cajas de madera circundantes y repiquetearon contra las paredes de metal, pero Leo ya se había cubierto tras el flanco del contenedor blindado.

Utilizando los reflejos sobrehumanos conferidos por el sistema, se asomó por un ángulo muerto y devolvió el fuego con dos detonaciones secas. Los proyectiles impactaron en los mecanismos de sus armas, desarmándolos y derribándolos contra el cemento en un abrir y cerrar de ojos.

En menos de diez segundos, la nave central quedó bajo su absoluto control. El eco de los disparos se extinguió rápidamente entre el repiquetear de la tormenta sobre los techos de cinc.

Leo corrió desesperadamente hacia el contenedor de acero donde se encontraba su hermana. Con un golpe furioso de su bota, destrozó el cerrojo oxidado y tiró de la pesada puerta metálica hacia afuera, arrancándola de cuajo con la fuerza inusitada de sus músculos mejorados.

—¡Mia! ¡Mírame, soy Leo! ¡Ya estoy aquí! —exclamó el joven detective con la voz quebrada por la desesperación, arrodillándose sobre el piso metálico y tomando el cuerpo de su hermana entre sus brazos temblorosos.

Pero al levantarla y recibir el impacto de la luz de emergencia, el mundo de Leonardo Moreno se detuvo de manera definitiva. La pesadilla que había intentado evitar con cada gota de su sudor, con cada mérito del sistema y con cada latido de su corazón, se desplomaba frente a sus ojos en un silencio atroz y definitivo.

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