Daniel siempre decía que su superpoder era encontrarle el chiste a cualquier tragedia. Si se quemaba la cena, era "una oportunidad para probar el carbón gourmet". Si llovía a cántaros y se inundaba la calle, "un parque acuático gratuito". Sonreír era fácil. Era su escudo, su forma de mantener el mundo a una distancia segura donde nadie pudiera ver lo que realmente guardaba en el pecho
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Capítulo 24: La guardia del sofá
Daniel caminó sin rumbo por los alrededores del campus durante horas. El aire frío de la noche le había despejado un poco la cabeza, pero el nudo en su estómago seguía intacto.
Había comprado un rollo de cartón balsa que ni siquiera necesitaba, solo para tener una excusa tangible que justificara su huida.
Cuando finalmente se decidió a regresar, pasada la medianoche, lo hizo con los hombros caídos y el alma en un puño.
Estaba convencido de que encontraría el departamento vacío, de que Alex habría empacado su maleta para irse a un hotel a procesar su futura paternidad al lado de Camila.
no es que daniel fuese inseguro pero el y alex son amigos desde la infancia , Daniel lo vio enamorarse de camila, lo vio reír por ella ,vio sus ojos brillan de amor ,escucho los sueños a su lado y cada planes del futuro uno donde no estaba el ..lo vio llorar por ella ..era lógico que Daniel temiera de que alex la elija una vez mas a ella.
Abrió la puerta de madera con un cuidado extremo, evitando hacer ruido con las llaves. El apartamento estaba sumido en una penumbra suave, rota únicamente por la luz cálida de la pequeña lámpara de la barra de la cocina.
Daniel dio un paso al frente y se detuvo en seco. Sus ojos verdes se abrieron de par en par.
Alex estaba dormido en el sofá de la sala. No se había ido. Llevaba puesta la misma sudadera gris de Daniel y se había acurrucado de lado, con las piernas encogidas hacia el pecho.
Sobre la mesa de centro, el plano de Urbanismo que Daniel había arrugado en su arrebato de la tarde estaba perfectamente estirado y alisado, sujeto en las esquinas por cuatro pesados libros de historia de la arquitectura.
A un lado, la carpeta de plástico transparente de Camila estaba cerrada y apartada en una esquina, como si hubiera sido desterrada de la prioridad del lugar.
Daniel dejó el rollo de cartón balsa contra la pared con una lentitud milimétrica. Caminó descalzo hacia el sofá, sintiendo que un peso inmenso se le desprendía del pecho al ver que Alex seguía ahí.
Se acuclilló a un lado del sofá, quedando a la altura del rostro dormido de alex.
Alex respiraba con un ritmo pausado, pero tenía el ceño sutilmente fruncido, como si incluso en sus sueños estuviera lidiando con la tormenta de la tarde.
Daniel estiró la mano vendada, dudando en el aire por un segundo, antes de rozar con infinita suavidad un mechón de cabello oscuro que le caía a Alex sobre la frente.
«Te quedaste», pensó Daniel, sintiendo una punzada agridulce que le oprimió el corazón. «A pesar del desastre, decidiste esperarme».
La farsa del amigo bromista ya no existía para protegerlo, y estar allí en el suelo, velando el sueño del chico que amaba mientras el fantasma de un bebé flotaba en el futuro de ambos, era la posición más vulnerable en la que Daniel se había encontrado jamás.
Sabía que la mañana siguiente traería clínicas, llamadas y decisiones difíciles, pero ver a Alex en su sofá, usando su ropa y cuidando de sus planos destruidos, le dio a Daniel una pequeña y silenciosa tregua en mitad de su peor pesadilla